miércoles, 10 de agosto de 2022

Taller de Lectura Juan José Saer | Nadie nada nunca (1980)

Escrita entre 1974 y 1978, finalmente publicada en 1980 por Siglo XXI Editores México, Nadie nada nunca es una de las novelas fundamentales de la obra saeriana.

Frente a los vientos de una época donde el debate acerca del papel que “debía” jugar la ficción, o mejor dicho, la literatura, la propuesta de Saer se abre camino ante la literatura política o testimonial.

Sin embargo, la política no está ausente en el proyecto narrativo de Saer, sino todo lo contrario. Aparece de un modo singular, a veces casi imperceptible, pero lo suficientemente capaz como para impregnar la vida social con los acontecimientos de la “realidad” en la cotidianidad de los personajes. 

¿O acaso la decadencia de Barrios, periodista de Responso (1964) no es consecuencia, entre otras cosas, de la caída del peronismo en el 55?

En esta lectura de Nadie nada nunca intentaremos observar y pensar sobre varios puntos:

📌 Fragmentos de una vida enigmática, silenciosa y la historia de un destino trágico: el Gato Garay

📌 ¿Es posible pensar los misteriosos crímenes de los caballos como metáfora de la violencia política de los años 60 y 70 en Argentina?

📌 ¿Es Elisa portavoz de las atrocidades sufridas por las víctimas, los desaparecidos durante la última dictadura militar?

📌 Los universos de la ficción saeriana, dos mundos en contacto permanente: la ciudad y el campo

📌 ¿Una historia incompleta, fragmentaria o escrita hacia el futuro? Los sentidos producidos con la lectura de Nadie nada nunca se verán transformados en nuevas experiencias, una vez que se lean las novelas que Saer escribirá en años posteriores: Glosa (1984), La pesquisa (1996) y La grande (2004)


Bibliografía 

Saer, Juan José (1980). "Nadie nada nunca". México: Siglo XXI Editores.

Saer, Juan José (1994). "Nadie nada nunca". Argentina: Seix Barral. 


Bibliografía complementaria

Brando, Oscar (2015). “La escritura de Juan José Saer. La tercera orilla del río”. Argentina: Corregidor.

Casas, Fabián (2016). Juan José Saer: El Grande, en “Trayendo a casa todo de nuevo. Todos los ensayos”. Argentina: Emecé.

Piglia, Ricardo (2016). Sexta clase 8 de octubre de 1990, en “Las tres vanguardias”. Argentina: Eterna Cadencia.

Prieto, Martín (2016). “Una forma más real que la del mundo”. Argentina: Mansalva:

- Gilio, María Esther: No manejo bien mis virtudes ni mis defectos

- Pauls, Alan: La música de las palabras

Prieto, Martín (2021). “Saer en la literatura argentina”. Argentina: Universidad Nacional del Litoral.

Ricci, Paulo (comp.) (2011). Nadie nada nunca. Lisa y dorada la ribera en “Zona de prólogos”. Argentina: Seix Barral.

Sarlo, Beatriz (2016). “Espacios, comidas, conversaciones”, en Zona Saer. Chile: Universidad Diego Portales.


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Inscripción y consultas:

serodino@gmail.com

Fernando Torres





viernes, 29 de julio de 2022

ENTREVISTA elDiarioAR | Martín Prieto tras la huella de Saer: “La paciencia no es algo que solo nos reclama su literatura. Es un reclamo de la literatura en general”

 

Un mural con el rostro de Saer en su ciudad natal, Serodino, Santa Fe (El Ciudadano web)

El diarioar

Un mes de junio de 1937 nació el escritor argentino Juan José Saer y también un junio, pero de 2005, murió en París. Martín Prieto analiza en esta entrevista su proceso de consagración y aprovecha para hablar también de literatura.


Fernando Torres, 19 de junio de 2022
Entrevista para elDiarioAR 

Dos efemérides de uno de los mejores escritores de la literatura argentina suceden en junio. Juan José Saer, autor de Glosa, entre otras de sus novelas más reconocidas, nació en Serodino, un pueblo de la provincia de Santa Fe, el 28 de junio de 1937 y murió en París, con una obra ya estudiada, valorada, e influyente -es decir, consagrada-, a los 67 años, el 11 de junio de 2005.

En Saer en la literatura argentina, publicado por la editorial de la Universidad Nacional del Litoral, Martín Prieto, Licenciado en Letras y Doctor en Literatura y Estudios Críticos por la Universidad Nacional de Rosario, y autor de libros de ineludible consulta como Breve historia de la literatura Argentina, analiza el proceso de consagración de su obra. ¿Cómo un escritor nacido en un pueblo ignoto de Santa Fe, llega al deseado reducto de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA donde, en los 80, se establecía “el canon” argentino? ¿Por qué despierta efervescencia en ciertas escenas literarias? Hace un tiempo, por ejemplo, el vapor banal de las redes se sacudió porque alguien, en un humilde post, osó decir que el autor le aburría. Prieto no responde de manera directa. Pero, bajo su mirada crítica, que analiza desde la particularísima cadencia sintáctica y su exploración sensitiva; hasta el proceso canónico donde siempre el riesgo está en transmutar de una vital vanguardia, a fósil monumento laudado; las interacciones con las estéticas en disputa, la huella de Saer, en este, suyo, dos veces junio, sigue interesando, no solo por su aún extendida influencia- o angustia de ella, al decir de Harold Bloom. También por cómo funcionaron algunos mecanismos. Porque Prieto también explica la operación inversa hecha por el autor: por ejemplo, el poeta Juan L. Ortiz, logra no solo volver a ser leído, sino que también se amplía el universo de sus lectores, hasta convertirse en uno de los autores más reconocidos de la poesía argentina. Y en esta operación fue determinante el papel de impulsor que tuvo Saer. 


-En el inicio de Saer en la literatura argentina contás que lo primero que leíste de él, cuando tenías 19 años, fue Nadie nada nunca, ¿qué te resultó fascinante de la novela?

-Fue el primer libro que leí “en vivo”. Cuando digo “en vivo” quiero decir que es el primer libro de Saer que leí cuando se publicó, inmediatamente.


 (para seguir leyendo hacer click acá)



Muchas gracias Sonia Budassi, Editora de la revista cultural de elDiarioArR, y Silvina Heguy, Editora Estratégica elDiarioAR, por la edición y publicación de esta entrevista.


domingo, 12 de junio de 2022

De cómo se gestó la “operación Saer” y qué sería de la literatura argentina sin su presencia

El libro de Martín Prieto, estudioso, conocedor y apasionado lector, retrata el camino de vida y las dificultades que atravesó el escritor santafesino antes de su consagración

Por Fernando Torres, 24 de Enero de 2022
Nota para Infobae 

“No fue en un libro donde aprendí las primeras estrofas del Martín Fierro: el actor Enrique Muiño, que recitaba fragmentos del poema por la radio: un poco todas las noches. Y en cuanto a la lectura, en los almanaques de Alpargatas expuestos en el almacén de ramos generales de mi familia, en Serodino, los versos del poema estaban impresos entre el calendario y las magníficas ilustraciones, que hoy todavía, casi sesenta años más tarde, persisten impresionantes y vívidas en mi memoria”.

Libros argentinos, de Juan José Saer


Saer fue un autor que no hizo su carrera de “escritor” en Buenos Aires, la ciudad hegemónica respecto a la centralidad del campo literario. Comenzó a escribir desde muy joven en el diario El Litoral hasta 1956, pero tuvo que renunciar por las repercusiones generadas después de la publicación del cuento “Solas”. Entre 1958 y 1959 vivió en Rosario. Luego, volvió a Colastiné con su mujer Bibí Castellaro, hasta que en 1968 obtuvo una beca del gobierno francés y se fue a París. ¿Buenos Aires? Fue tan solo el paso obligado para ir al aeropuerto y subirse al avión.

La carrera editorial de Saer no se consolidó hasta los años ochenta, cuando comenzó a trabajar, de allí en más definitivamente, con su editor Alberto Díaz, primero en Alianza, años después en Seix-Barral. Desde En la zona (1960) hasta El entenado (1983), había publicado en diez editoriales distintas; sin hacer pie, por un motivo u otro, en ninguna de ellas: Castellví (Santa Fe), Jorge Álvarez Editor (Buenos Aires), Camarda-Junior Editores (Buenos Aires), Galerna (Buenos Aires), Biblioteca Popular Constancio C. Vigil (Rosario), Sudamericana (Buenos Aires), Fundarte (Caracas), Planeta (España), Siglo XXI (México) y Folios (Buenos Aires).

El libro de Martín Prieto, Licenciado en Letras y Doctor en Literatura y Estudios Críticos por la Universidad Nacional de Rosario pero sobre todo lector apasionado de Saer, está organizado en nueve capítulos y dos apartados con referencias bibliográficas. Y comienza con una experiencia del autor: su lectura “en vivo” de Nadie nada nunca. La expresión “en vivo” oculta una pequeñísima trampa porque se refiere a que su lectura se dio enseguida, luego de publicarse la novela. Además de la fascinación que le produjo, Prieto presenta los interrogantes que serán los hilos conductores de su trabajo: “¿Cómo cambia una literatura nacional cuando entra un autor? ¿En qué se convierte un autor cuenta entra en esa literatura?”


Se presenta el vínculo entre la historia política y la historia de la literatura. ¿Es posible pensar en una literatura nacional hasta que no haya Nación? También se podría pensar que por más que se haya creado una Nación, no implica necesariamente que exista una literatura nacional. Vale recordarse que en un determinado momento, “en los índices muchos de los manuales de literatura que se enseñaban en la escuela media desde principios del siglo XX, se pensaba a la literatura argentina como un capítulo de la literatura española”.

Justamente, una de las apuestas que hace el autor tiene que ver con ponerle una fecha de nacimiento a la literatura nacional: “¿Cuándo se hace argentina la literatura argentina?”. Esa fecha es el 25 de enero de 1846, que fue marcada por Sandra Contreras y retomada por Martín Prieto, es la que figura en la carta que le envía Sarmiento a Vicente Fidel López, donde reflexiona sobre el Martín Fierro, la gauchesca, su propio Facundo.

También Prieto da a conocer varios aspectos de la biografía de Saer, algo de lo que a lo largo de su vida y trayectoria fue muy reticente a compartir. Decía que es la obra la que debe hablar por el autor y no los hechos de su vida privada. Sin embargo, sin caer en el rumor ni en el chisme y con sumo cuidado y discreción, el autor invita a conocer detalles de vida con una finalidad: reconocer, trazar una línea de puntos entre la vida real y la vida ficcional.

El quinto capítulo comienza con un gesto que incomodaría hasta al acérrimo lector enemigo de Saer. En el bar Gran Doria, “estimulado por el contexto ambiental” el poeta entrerriano Daniel Durand -su nombre verdadero era Miguel Ángel Correa- preguntó si Saer había reconocido la deuda de su obra con la del narrador Mateo Booz, autor del clásico Santa Fe, mi país. Esa pregunta, lejos de clausurar una discusión, la profundiza. Y en ella, se llega a comprender que quizás haya que buscar en la obra de José Pedroni una influencia aún más importante.

A medida que avanza, el libro invita a acercarse al periplo de Saer en tanto hombre de carne y hueso. Su trabajo como periodista en el diario El Litoral, su partida de Santa Fe a Rosario -y su breve paso pero no por ello menos relevante por la universidad-, cuando conoce a María Teresa Gramuglio, a Juan Pablo Renzi, Aldo Oliva, Noemí Ulla, quienes, entre otros, se transformarán en sus lectores y en los escuderos de su obra. Su regreso a Colastiné, ya casado con Bibí Castellaro, su ingreso en la Universidad Nacional del Litoral como docente de Crítica y estética cinematográfica, y los amigos santafesinos: Raúl Beceyro, Marilyn Contardi, Hugo Gola, Nicolás Sarquís.

También da cuenta de las críticas negativas sobre algunos de sus libros: la primera, de Edelweis Serra para En la zona; la de Norma Desinano por La vuelta completa; y como dice Prieto “hasta la inolvidable, por su torpeza, reseña de Glosa, firmada por Jorge Masciángoli en La Nación”.

Uno de los puntos más altos del libro está en el relato de lo que podría llamarse la “operación Saer”, que tiene que ver con la instalación de un autor en el campo de la literatura argentina. Tres mujeres en lugares estratégicos trazaron los vectores que apuntarán el destino de la obra de Saer hacia su consagración: una serie de textos y reseñas desde la revista Punto de vista bajo la dirección de Beatriz Sarlo; la inclusión por parte de María Teresa Gramuglio en un seminario de Literatura Argentina en la Universidad de Buenos Aires; y la publicación de El limonero real, gestionada por Susana Zanetti, en ese momento directora del Centro Editor de América Latina, quien le envió una hermosísima carta “con tiempo para ver si le interesa y si lo puede ‘pelear’ con Planeta” (para que interceda en la autorización para publicar dicha novela). Estas tres líneas estratégicas dieron una lectura crítica, un gran trabajo de difusión y de recomendación, y de sustento de la literatura saeriana, que no está de más decir, se defendía por sí misma.

Pero antes de eso, hay un juego especulativo (no en términos peyorativos) sino que propone estimular la reflexión teórica antes que una maquinaria contrafáctica, que da lugar a la imaginación en detrimento de la alucinación. Consiste en preguntarse qué efectos provocaría en la literatura argentina la ausencia de una obra: es la pregunta que se hizo Ricardo Piglia al año siguiente de la muerte de Saer. Pero no se pregunta por la ausencia física de esa persona, de ese hombre, sino por el faltante de esa obra. ¿Qué pasaría con Alfonsina Storni si sacáramos de la literatura nacional a Juana Bignozzi? O como imaginó Sarlo, ¿qué pasaría con la literatura nacional si sacáramos a Borges? “Serían Girondo y Juan L. Ortiz los autores preponderantes de la poesía argentina, Martínez Estrada el gran ensayista, y se destruiría el orden de la narrativa de ficción de esa primera mitad del siglo, sustentado en el par Borges - Arlt”.


Ficha técnica

Autor: Martín Prieto
Título: Saer en la literatura argentina
Editorial: Ediciones UNL
Año: 2021 (primera edición)
Páginas: 176
ISBN: 978-987-749-314-6












martes, 11 de enero de 2022

"Suicidio", de Édouard Levé

Nadie nos debería decir cómo leer un libro. Y si alguien se atreviera, no sería un gran consejo, mucho menos necesario.

Suicidio, de Édouard Levé es un libro corto, de lectura rápida (digresión: pensar a la lectura en relación con la velocidad es algo que no debería ni siquiera considerarse; tiempo y lectura son dos vectores que fluyen por carriles absolutamente separados).

Pero en este caso, decir lectura rápida refiere a que el tema y a cómo lo trabaja Levé es muy seductor: las frases, oraciones y palabras están tan bien construidas e hilvanadas que hace que quien las lea no pueda detenerse hasta terminar el libro. 

Sin embargo, por rápido que se avance, la pausa predomina en el acto de la lectura; la contemplación de cada párrafo es una herramienta indispensable para pensar cada idea pronunciada, porque si bien la prosa es fluida, el contenido de lo dicho, es insondable. 

¿Por qué un libro triste puede ser un gran libro?

1 Porque pone en palabras aquello que resulta tan intolerable como (o casi) indecible

2 Y porque eso que se nos aparece como indecible y doloroso, no solo se puede poner en palabras sino también que puede disfrutarse, percibir "lo bello".

Édouard Levé, con su libro Suicidio es un claro y gran ejemplo de esto.

Escrita en segunda persona, el narrador le escribe a su amigo de la adolescencia, una especie de relato cronológico, un descargo pero sin llanto, tal vez algún punto de reproche, casi imperceptible, luego de que él se quitara la vida. 

Lo que más impacta, además de las reflexiones sobre la muerte voluntaria, es la lectura que nosotros hacemos del del texto en relación con el lo que terminó siendo el destino de Levé, quien días después de entregar el manuscrito de este libro a su editor, también decidió poner punto final a su propia vida. 


Diez frases marcadas


  • Seguirás viviendo mientras quienes te hayan conocido sigan viviendo. Morirás con el último de ellos.

    Te encantaba haber nacido un 25 de diciembre: "Todo el mundo está de fiesta y se olvida de la mía".
  • Tu mirada ya no estaba entonces en el mundo que la rodeaba, sino en el blanco que apuntaba.
  • La alegría de las cosas simples se ve iluminada por la luz de tu triste recuerdo.
  • Cuando estabas callado, tus ojos se expresaban en lugar de tu cuerpo.
  • Tu vida fue menos triste de lo que tu suicidio podría creer. Se ha dicho que moriste de sufrimiento. Pero la tristeza no era tanto tuya como de quienes te recuerdan.
  • Quienes te conocieron releen cada uno de tus gestos a la luz del último.
  • No te faltaba dinero. Pero los linyeras eran como los espectros que te anunciaban uno de tus finales posibles.
  • Cuando uno habla de ti, empieza describiendo tu muerte, antes de remontarse en el tiempo para explicarla. ¿No es raro que ese último gesto invierta tu biografía? Desde tu muerte, nunca he oído que nadie contara tu vida empezando por el principio. Tu suicidio se ha transformado en el acto fundacional.
  • Los que te sobrevivirían serían los únicos que cargarían con el dolor de tu muerte. Ese egoísmo de tu suicidio te desagradaba. Pero en la balanza, la calma de tu muerte pesó más que la agitación dolorosa de tu vida.


Autor: Édouard Levé
Título: Suicidio
Editorial: Eterna Cadencia 
Traductor: Matías Battistón
Edición: 2017 
Páginas: 96
Fecha de publicación en su idioma original: 2008, Francia.




martes, 7 de diciembre de 2021

Lo triste y lo bello, "Parte de la felicidad", Dolores Gil

1992. Septiembre. Domingo. Lo que iba a ser una comida familiar, un asado de primavera, se transformó en un quiebre para el destino de una familia. La cotidianidad se abrió paso y dejó lugar a la contingencia, a la fatalidad y al absurdo. Una chispa que saltó fuera de lugar provocó un incendio sofocado rápidamente, pero en la desesperación, generó otro accidente. 

Así comienza "Parte de la felicidad", el primer libro de Dolores Gil, editado por Vinilo Editora (2021). Una historia contada con las palabras precisas para transmitir los hechos y las sensaciones sin golpes bajos, ni morbo. 

Una trama inesperada y demoledora. Una vida truncada por el azar, pero a la inversa, porque el azar suele ser mencionado para los hechos revestidos con la impronta de la dicha, de la alegría y de la buena suerte. Pero en esta historia no es así: el azar es motorizador del dolor y de la tristeza, el factor que desata lo irreversible y que hará preguntarse a la narradora del por qué durante un tiempo casi eterno. Pregunta que no encontrará respuestas pero que finalmente, un día dejará, por fin, de lastimar. Y ese momento será cuando el devenir y la experiencia de una vida nueva, llegue. 

Se ha leído y escuchado que la escritura muchas veces puede ser reparadora. Dolores Gil con su “Parte de la felicidad”, cumple con esa idea: su lenguaje está provisto de belleza y vitalidad, se instala lejos de las frases comunes.











domingo, 31 de mayo de 2020

El pasado


𝗠𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼, de Martín Kohan (Ediciones Godot), no es un libro de efemérides, tampoco es un libro de memorias, mucho menos un diario. Es bastante más que eso: es una pieza artística, un 𝗺𝗮𝘁𝗲𝗿𝗶𝗮𝗹 𝘀𝗲𝗻𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲. 

Muy probablemente nos resulte insuficiente hablar de enumeración, aunque nos encontremos con objetos, hechos y sucesos del autor que nos trae en cada una de sus páginas. Pero aquí el efecto (de lectura) decisivo del libro, al menos para mí: habla de nuestros modos de vida, de nuestros propios recuerdos, de tal vez lo más sensible que pueda tener y llevar por siempre cada uno con sí mismo, aquello que llamamos 𝗲𝘅𝗽𝗲𝗿𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮. 

Quiénes compartimos esta lectura, nos sentimos especialmente interpelados por haber apoyado los dos pies en el siglo XX, y nos agarra viviendo en este maquillado pero nada prometedor y cada vez más desigual siglo XXI. Somos los que vivimos en dos siglos, en dos épocas, y como sabemos muy bien, las transiciones no suelen ser escasamente conflictivas. 

𝗠𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 es también un libro sobre el paso del tiempo y la finitud, de la infancia y sobre todo, de los vínculos: amigos, novias, compañeros de colegio, hermanos, padres y madres, la comunidad (los amigos de la cuadra o del barrio, algo que por ejemplo hoy, en las grandes ciudades, se va perdiendo día a día), los juguetes ¡Benjamin!, el incipiente mundo de la indumentaria deportiva, las zapatillas, la pelota de fútbol, los ídolos y los héroes, pero también los imaginarios, los que fuimos construyendo, sí, pero también los que imperaban en aquella época. 

No se sorprendan si al ir recorriendo las páginas de 𝗠𝗲 𝗮𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼, y sobre todo al finalizarlas, se encuentran con los ojos rojos, humedecidos, con un llanto que les hará creer o sentir que conocieron un poco más al autor del libro. Debo decirles que esas lágrimas será mucho más para con ustedes mismos, que pudieron reconocerse en esas páginas.








domingo, 24 de mayo de 2020

Borges y algunas figuras retóricas: enumeración, metáforas, hipálages y prosopopeyas



En la literatura de Jorge Luis Borges abundan las figuras retóricas. Una de las que más se suelen mencionar en su extensa obra es la Enumeración. 

Ya es un clásico recordar ¡todo! lo que el personaje “Borges” observa cuando desciende al sótano de la casa de Constitución en el cuento que le da el nombre al libro El Aleph (1949), mientras rememora y extraña a Beatriz Viterbo, su gran amor (aunque no correspondido):

“(…) vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino (…)”

En “Eduardo Wilde”, incluido en El idioma de los argentinos (1928), tenemos otro ejemplo:

“(…) los dos quieren lo casero del mundo y son como emperadores de cosas quitas: álbumes, rinconeras, piezas de ajedrez, perillas, óleos muertos de militares muertos, arañas embaladas que son como globos en viaje a la disolución, patios con mínimum angosto de cielo, casas desmanteladas, barriles”.

En el libro Evaristo Carriego (1930), en “Las inscripciones de los carros” podemos leer la siguiente lista de calles:

“La calle pisada puede ser Montes de Oca o Chile o Patricios o Rivera o Valentín Gómez, pero es mejor Las Heras, por lo heterogéneo del tráfico”.

Nuestro último ejemplo de Enumeración es el que vemos es “Vindicación de ‘Bouvard et Pécuchet’”, del volumen Discusión (1932):

“(…) una herencia les permite dejar su empleo y fijarse en el campo, ahí ensayan la agronomía, la jardinería, la fabricación de conservas, la anatomía, la arqueología, la historia, la mnemónica, la literatura, la hidroterapia, el espiritismo, la gimnasia, la pedagogía, la veterinaria, la filosofía y la religión; cada una de estas disciplinas heterogéneas les depara un fracaso”.

***

Borges también utiliza muchísimo las metáforas. Y porque tal vez sea la más fácil de buscar, sólo vamos a citar dos ejemplos. Se caen de maduras de cualquiera de sus libros. Pero veamos al menos esos dos casos.
Primero, nos detenemos en el poema “Calle con almacén rosado”, que pertenece al libro Luna de enfrente (1925):

“Ya se le van los ojos a la noche en cada bocacalle”.

El segundo y último ejemplo de Metáfora lo vamos a ver en El hacedor (1960), en el libro dedicado a Leopoldo Lugones y donde Borges escribió su poema “Mil novecientos veintitantos”:

“La rueda de los astros no es infinita (…), la historia, la indignación, el amor, las muchedumbres como el mar (…)”

***

Ahora es momento de ir a otro tipo de figuras, un poco más jugosas. Una de las figuras retóricas más reconocibles, casi una marca registrada en la obra de Borges es la “hipálage”, que según la RAE consiste en la atribución de un complemento a una palabra distinta de aquella a la que debería referirse lógicamente. Como la definición puede ser algo complicada, qué mejor entonces que recurrir a algunos ejemplos borgeanos.

En uno de los libros más maravillosos de la literatura universal (estamos hablando de Ficciones, editado en 1941), encontramos el siguiente fragmento en el relato “La forma de la espada”:


“Le cruzaba la cara una cicatriz rencorosa: un arco ceniciento y casi perfecto que de un lado ajaba la sien y del otro el pómulo”.

En uno de sus cuentos más famosos, tal vez el más importante de todos, (estamos hablando de “El Sur”), vemos otro ejemplo que es bastante ilustrativo:

“Ya se había hundido el sol, pero un esplendor final exaltaba la viva y silenciosa llanura, antes que la borrara la noche”.

Dentro de esta figura, no está demás resalta que Borges ha insistido de manera persistente en lo silencioso. En el “La lotería de Babilonia”, podemos ver cómo el autor vuelve sobre esta cualidad para adjudicársela al objeto y no al sujeto:

“En una cámara de bronce, ante el pañuelo silencioso del estrangulador, la esperanza me ha sido fiel; en el río del pánico”.


Un último ejemplo de Hipálages y “silencios”, nos lleva al poema “Los Justos”, incluido en el libro de poesía La cifra (1981):

“Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez”.

Dejemos ya los “silencios” y vayamos hacia “La trama”, un texto brevísimo que forma parte del libro El hacedor (1960), y donde Borges brilla con el uso de la Hipálage:

“Para que su horror sea perfecto, César, acosado al pie de una estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Marco Junio Bruto, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío! Shakespeare y Quevedo recogen el patético grito”.

En el último párrafo del cuento el “Zahir”, de un libro que ya citamos anteriormente, nos referimos a El Aleph, observamos un ejemplo que grafica notablemente a la hipálage, otorgándole el valor que tiene la palabra “desiertas”, mucho más a las horas y no tanto a las calles. Veamos:

“En las horas desiertas de la noche aún puedo caminar por las calles”.

***

Otra figura retórica que podemos evidenciar y de la que podemos afirmar sin titubear que es una en las que Borges hizo verdaderamente gala es la “prosopopeya”. Antes de avanzar con algunos ejemplos, primero sepamos que la Real Academia Española (RAE) la define como una “Atribución a las cosas inanimadas o abstractas, de acciones y cualidades propias de los seres animados, o a los seres irracionales de las del ser humano”.



Ya sabiendo de qué se trata, fuimos a buscar algunos ejemplos y afortunadamente pudimos encontrar uno en su primer libro publicado, Fervor de Buenos Aires (1923), más exactamente en el poema “Un patio”:

“Con la tarde,

se cansaron los dos o tres colores del patio”.

En el cuento “El jardín de senderos que se bifurcan”, del libro Ficciones (1941), tenemos un lindo ejemplo de esta figura para referirse a la iluminación generada por un artefacto dispuesto a tal fin:

“Una lámpara ilustraba el andén, pero las caras de los niños quedaban en la zona de sombra”.


También aparece esta figura en otro de sus cuentos más reconocidos, “El atroz redentor Lazarus Morell”, el primero de Historia universal de la infamia (1935):

“Es un río de aguas mulatas. Más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el Golfo de Méjico, descargadas por él”.

Vale decir que no nos íbamos a quedar sin prosopopeyas en la poesía de Borges. A continuación, el inicio del poema “Un sajón”, que forma parte del libro El otro, el mismo (1964):

“La nieve de Nortumbria ha conocido
y ha olvidado la huella de tus pasos
y son innumerables los ocasos
que entre nosotros, gris hermano, han sido”.


Por último, vamos a ver qué nos dice Jorge Luis en “El títere”, sexto poema del libro Para las seis cuerdas (1965):

“Bailarín y jugador,
no sé si chino o mulato,
lo mimaba el conventillo,
que hoy se llama inquilinato”.

***


TRIVIA BORGES



¿Cuál fue para el autor su mejor cuento o uno de los mejores de su propia obra?


§  Funes el memorioso
§  El Aleph
§  Emma Zunz
§  El Sur 

(La respuesta está unas líneas más abajo)































El Sur: en el prólogo de “Artificios”, la segunda parte de Ficciones, Borges dice: “De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo”.





domingo, 15 de marzo de 2020

Acerca del cuento "La geometría de la desesperación", de David James Poissant



En diciembre de 2015, se publicó en Argentina el libro de cuentos de David James Poissant El cielo de los animales, bajo el sello editorial Edhasa. La bellísima traducción de estos relatos estuvo a cargo de Teresa Arijón y de Bárbara Belloc. 

Estos relatos fueron publicados en Estados Unidos en formato libro en 2014, que a su vez fueron recopilados desde distintas publicaciones y revistas. De sus quince cuentos, elegí uno para contarles de qué se trata: "La geometría de la desesperación". 

Digresión: antes de avanzar con esa historia, no quiero dejar de decir que "El hombre lagarto", el que le da el título a este libro "El cielo de los animales", y "La geometría de la desesperación", son los mejores de este libro. 

Hacía mucho tiempo que no leía algo tan bueno, conmovedor y luminoso como este trabajo de Poissant. El cielo de los animales es el primer libro de su carrera literaria.


***

Lisa y Richard acaban de perder a su pequeña hija June. June murió de manera inesperada: muerte súbita. La tristeza que hay en este matrimonio es infinita. Ella toma antidepresivos, él no los toma porque considera que se merece este dolor. Una tristeza tan honda como si fuera un pozo sin fin. 

***


"La tasa de divorcio en las parejas que pierden bebés es casi del noventa por ciento". 

Lisa y Richard hacen lo posible para no separarse; están viviendo el peor de los infiernos. Hacen terapia grupal para intentar calmar la angustia. Pero es muy difícil. Richard dice que "no es que hayamos dejado de amarnos exactamente, sólo que cada vez que miro a mi esposa a los ojos lo único que veo es a mi niñita". Después de intentar sostenerse entre ambos, y cuando el hilo emocional de ambos esté mínimamente equilibrado, hablan del tema: Richard quiere irse de la casa. Ella no lo comprende, no lo acepta, y se lo reprocha.

Cuando se pierde un hijo no sólo se dejar de ser feliz, sino que además no puede permitirse volver a serlo. Por eso, cuando Lisa deja escapar una carcajada o una gran sonrisa, la reprime rápidamente, tapándose la boca con la mano. Seis meses después, Lisa y Richard volvieron a estar juntos, o mejor dicho, hicieron el amor. Después de haberse sentido bien, inmediatamente, volvió el llanto. 

Creo no estar equivocado al afirmar que la máxima virtud del tiempo consiste no tanto en arreglar las cosas porque muchas de ellas son irreversibles, y menos aun cuando se presenta la muerte, pero a veces sí puede, no siempre y muy lentamente, atenuar el sufrimiento. 

Será el paso del tiempo el que le permita a Lisa y Richard tener una nueva oportunidad sin borrar el pasado, pero motorizados por la esperanza hacia un nuevo futuro.





sábado, 15 de febrero de 2020

"La lengua en disputa". Beatriz Sarlo & Santiago Kalinowski. Un debate sobre el lenguaje inclusivo


En este libro se retoma aquel diálogo entre Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski sobre lenguaje inclusivo (LI), en el que actuó como presentadora Cecilia Fanti, en el marco de la Feria de Editores 2019.  

La lengua en disputa es breve en su formato (96 p.), pero el impacto en la instancia de lectura es mucho mayor, porque, inevitablemente, nos lleva a una necesaria reflexión. 

Muchas cuestiones quedaron planteadas en el libro, sobre la dimensión política del lenguaje inclusivo (LI), sobre sus posibilidades de comunicar de manera más eficaz; que siempre que hubo un intento de modificar la realidad, y eso comportó una serie de elecciones de la lengua, la creación de discursos asociados al intento de mover cuestiones de lo real (Santiago Kalinowski).

Un eje del debate fue si el uso del LI podía afectar la inteligibilidad del castellano y Beatriz Sarlo resaltó que no se preocuparía tanto por el riesgo, sino por el intento de imposición del LI. 

Que en este tipo de discusiones sobre LI deberíamos empezar a pensar qué designa la palabra "política", que esta palabra no designa cualquier acción en la esfera pública, sino un tipo de acción. 

No toda práctica social y cultural a veces son "políticas" aunque estén atravesados por una veta política, que el riesgo de pensar que todo es político, puede dar lugar a una visión simplificadas de contradicciones que son siempre diferentes.

Por último, vale destacar también el Índice de temas y de nombres al final del libro. Y fue una muy buena decisión la de agregar imágenes fotográficas del encuentro, como documentación del mismo.

Editó @edicionesgodot 


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domingo, 26 de enero de 2020

"Rusos de Putin", de Hinde Pomeraniec

Rusos de Putin. Postales de una era de orgullo nacional y poder implacable, de Hinde Pomeraniec

¿Cómo se construyó Vladimir Putin como el líder político más importante de ese país durante estos últimos veinte años? ¿Cómo se apropió para sí mismo los valores del imaginario del "ser ruso", y también de ese sentimiento que ya conocemos con el "Homo sovieticus", para sí mismo? ¿Cómo canalizó el desencanto de su pueblo después del desmembramiento de la antigua URSS? ¿Se puede afirmar que Putin es de izquierda? ¿Cómo fue vivida por parte del pueblo ese pasaje de la Unión Soviética a la Rusia capitalista? ¿Cómo fue el proceso de la toma del control de las empresas estatales estratégicas una vez caído el socialismo para erigir a los multimillonarios locales y "oligarcas"? ¿Qué consecuencias se pueden afrontar ante el gobierno ruso si se es un verdadero opositor o crítico del gobierno? 

¿Cómo se sucedieron los terribles acontecimientos como por ejemplo el hundimiento del submarino Kursk en el año 2000; la toma de rehenes por parte de terroristas chechenos en el teatro Dubrovka de Moscú en 2002 que dejaron más de 170 muertos civiles, 50 terroristas chechenos y ninguna víctima de las fuerzas oficiales; la masacre terrorista en la escuela de Beslán en Osetia en 2004, donde murieron 334 víctimas de las cuales eran 186 niños, y cómo fue el accionar de las fuerzas de seguridad del Estado ruso? ¿Se puede pensar del mismo modo la libertad que se dio en terminos de la economía que en términos políticos y democráticos?

Un libro que profundiza en el plano del sentido, y que se vale de las mejores herramientas de la literatura, de la entrevista, de la crónica, de la investigación, el valor de las citas (imperdibles la de Borys Groys; de Svletana Alexievich -con quien además dialogó-, y de John Berger, por mencionar sólo algunos nombres), que nos hace aproximar a ese mundo ruso que a antes nos podía resultarnos algo lejano, pero después de la lectura de este libro, ya no. 





jueves, 28 de noviembre de 2019

Por qué leer Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt

Adolph Eichmann fue arrestado en Argentina en 1960. En 1961 fue juzgado y condenado a pena de muerte, en Israel. En 1962, se ejecutó la sentencia.

Porque logra lo que muy pocos libros: es capaz de contar, y contar bien, lo que parece inenarrable y, al mismo tiempo, propone un modo enteramente nuevo de pensar lo establecido, dándole un mazazo al sentido común.


Históricamente la humanidad recurrió a la figura del “monstruo” o de la “bestia” para dar cuenta de aquellos que cometieron crímenes inmensos y ejercieron violencia feroz contra sus semejantes. En ese gesto, que los convierte en unos “otros” diferentes (dementes, perversos, insanos, extraviados, inhumanos), parte del problema se resuelve: son los únicos responsables / culpables.

¿Qué sucede, en cambio, si consideramos el hecho de que esas “bestias” llevan sus vidas como cualquiera de nosotros y van a trabajar todos los días, pasean con amigos, leen cuentos a sus hijos, cuidan a sus mayores? El asunto se vuelve mucho más complejo, más inquietante, más dificil de abordar.

Esa es la operación que propone Hannah Arendt al analizar el caso Eichmann y postular la idea de “la banalidad del mal”. El villano puede ser un hombre común.

En breve resumen: Adolph Eichmann, teniente coronel de las SS, fue uno de los mayores criminales de guerra nazis. Huye de Europa y se esconde en la Argentina, donde es capturado en 1960 y llevado a juicio en Israel. Hannah Arendt, como corresponsal de la revista New Yorker, cubre ese juicio, que termina con la condena a muerte de Eichmann ejecutada en 1962.

Además de hacer una magistral descripción del proceso judicial, Arendt se adentra en lo más profundo de la personalidad del aparentemente simple burócrata que, nada menos, administraba parte de la maquinaria de muerte y exterminio de los campos de concentración del régimen nazi. El resultado es un aleccionador e imprescindible tratado filosófico y político sobre el Holocausto que se pregunta por la naturaleza humana y la capacidad de racionalizar como “obediencia debida” los daños más aberrantes.


“Fue como si en aquellos últimos minutos [Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.” (p. 368).




domingo, 7 de julio de 2019

Verano del '88: los días que conmovieron al mundo (argentino)


Desde hace no tanto tiempo, Martín Zariello es una de las mejores voces en el arte de contar, ya sean hechos anecdóticos o relevantes. Y lo es también a la hora de escribir sobre personas, ya que es capaz de armar una "fotografía", ya no con una cámara, sino con las palabras mismas.

Da lo mismo en cuestiones estéticas si Zariello escribe sobre películas, series televisivas, discos, partidos de fútbol o un jugador de ese deporte, un político, una ciudad y hasta una tarjeta postal. Zariello es capaz de mirar desde otra perspectiva y develarnos otro sentido, transformar el objeto sobre el que escribe en lo excepcional.

1988. El fin de la ilusión toma ese año como punto de inflexión en la historia reciente, especialmente cultural, de la Argentina. No eligió el lógico 1983 (la vuelta a la democracia), ni 1976 (para marcar la era del terror de la dictadura); tampoco pensó en 1989, fecha que marcaría el feroz ingreso del país en el neoliberalismo depredador que tuvo a diciembre de 2001 como su fecha de explosión, lo que implicó en un nuevo barajar y dar de nuevo. 

Tomó 1988 porque es un año en el que se sacuden ciertos imaginarios de un tipo del "ser argentino". Es el año del asesinato de Alicia Muniz por parte de Carlos Monzón ("Todos los femicidios, el femicidio"); es el año de la caída del Maral 39 e inmediata muerte del último gran cómico popular, del que "todo el mundo" hablaba al día siguiente  de cada emisión del recordado programa, (hoy totalmente fuera de código), No toca botón, Alberto Olmedo; y es el momento en el que la ilusión alfonsinista termina de desvanecerse en el aire y a la que ya no le iban a crecer más flores; es el inicio de la carrera de la híperinflación, y de los cortes de luz salvajes. 

Pero también es el año en el que la hermosa banda de rock nacional Virus, era denostada por la prensa, y que a sus recitales nunca iba demasiada gente. Es el año en el que la figura del Indio Solari comienza a erigirse para no caer nunca más; año tambié en el turco Asís era el Asís que conocemos hoy, siempre a contramano del poder de turno, a pesar de que años después se volvería parte de la cultura menemista, no por ser su pura expresión sino por ser funcionario de aquel gobierno; 1988 fue también el año en que un jovencito Rodrigo Fresán escribía sobre rock, y en el que el Flaco Spinetta y Fito Páez (tan politizado como ahora, mal que le pese a algunos), devoraban Vigiliar y castigar, de Michel Foucault, bajo la docencia de Alejandro Rozitchner. 


Il Corvino, así se lo conoce también a Martín Zariello, puede escribir sobre de cualquiera de estos temas que aparecen en 1988 como si a esos años los hubiera transitado como un adulto y no como un niño de cuatro años. Es tal la desenvoltura con la que escribe y cuenta que nos hace pensar si realmente no nació mucho antes de 1984 (cifra literaria si las hay). 

1988. El fin de la ilusión no es sólo un glosario de nombres propios relevantes de aquel año. Es un libro en el que recorremos hechos culturales y sociales, en los que aun hoy podemos visualizar la estela de su impronta. Y es un libro también que nos sirve como radiografía de una época del rock nacional que con el paso del tiempo se nos fue alejando pero que simultáneamente, se nos fue volviendo dorada.