lunes, 13 de julio de 2026

Diario del Mundial | Argentina vs. Inglaterra: Por favor ¡Usemos la camiseta azul!

¿Jugaremos contra Inglaterra con la camiseta azul? Anoche, mientras dormía, recién dormido, me sonó el celular. Era una notificación deluxe: después de las 22 horas suena solamente si son los vínculos más cercanos, "por cualquier cosa". Porque así somos los supersticiosos. No vaya a ser cosa que apaguemos el celular y, mejor no, dejemos acá, que como dice Antonio Di Benedetto en El silenciero, "las cosas malas confunden la mención con la llamada". Vuelvo a la notificación: era un amigo que me mandaba una noticia de un portal poco prestigioso que decía que el presidente de la AFA haría una presentación formal ante la FIFA para utilizar la camiseta azul. 

La tarde anterior, cuando el partido con Suiza pasó a formar parte del pasado habíamos comentado este tema, que para ganar la semifinal había que estar en todos los detalles, y uno de ellos era la cuestión de la indumentaria. Hicimos el repaso y vimos que usamos la celeste y blanca tradicional, la titular en los siguientes partidos:

Mundial 1966. Derrota 0-1. El día de la polémica expulsión del capitán del seleccionado argentino Antonio Rattín. El árbitro era el alemán Rudolf Kreitlen y echó al mediocampista de Boca por protestar. Cuando terminó el partido dijo "me miró mal. Por eso me di cuenta de que me había insultado". La situación era tan confusa que nadie comprendía lo que sucedía. El árbitro no hablaba español y Rattín no hablaba alemán ni inglés. Solo a través de gestos corporales el referí lo invitaba a retirarse del campo de juego. Los espectadores ni los relatores radiales en el estadio no comprendían tampoco toda esta situación hasta que el jugador argentino abandonó la cancha, no sin antes estrujar el banderín con los colores británicos que señalizaban el área del córner. Fue a partir de ese partido que se pensó en un lenguaje propio para el fútbol, que trascienda los idiomas de los cinco continentes, y así surgieron las tarjetas amarilla y roja. Argentina jugó de celeste y blanco, short negro y medias ¡grises! Inglaterra, todo de blanco pero que no fue impoluto: ganó la final y salió campeón con un gol en donde la pelota no atravesó la línea del arco. Pero esa es otra historia.


Amistoso 1980. Derrota 1-3. Maradona hizo una jugada algo parecida a la que hará seis años después en México, sólo que en lugar de intentar eludir al arquero, pateó a la derecha de este y la pelota salió apenas desviada. Es conocida la anécdota en la que el mismo Diego relata que cuando terminó ese partido su hermano menor Hugo le dijo "tenías que haber intentado enganchar y eludir al arquero en lugar de patear al segundo palo". Argentina jugó con camiseta tradicional, pantalón y medias negras. Inglaterra, camiseta blanca con vivos azules y rojos, shorcitos azules y medias blancas.

Mundial México 1986. Victoria 2 a 1. ¡Qué decir! El día de la mano de Dios y del mejor gol de toda la historia de los mundiales, la apilada histórica, el del barrilete cósmico (inmortal relato de Víctor Hugo Morales). La FIFA, organización del torneo, dispuso que a la Argentina le tocaría usar la camiseta suplente, o sea, la azul. La azul ya la había usado el partido anterior, ante Uruguay, con triunfo 1 a 0 con gol de Pedro Pablo Pasculli. Pero el DT argentino Carlos Salvador Bilardo no estaba de acuerdo en usar otra vez esa camiseta porque la tela era muy pesada, no tenía los agujeritos de ventilación y entonces, lo increíble: Bilardo mandó a comprar camisetas en casas de deporte de México en la que sus telas sean livianitas. Luego, comprarían aparte los números (que eran metalizados) para ponerles a las camisetas. El escudo de AFA les fueron arrancadas a otras prendas y las empleadas de la concentración cosieron uno por uno en cada camiseta. Esta historia está contada de manera magistral en el libro El partido, de Andrés Burgo, que además, sirvió para el documental presentado hace unos meses en Cannes, bajo el nombre homónimo y que recomiendo fervorosamente. De ahí saqué la frase más linda para sobre este partido que ningún director de cine hubiera podido hacer mejor: ese Argentina 2 Inglaterra 1 es El Aleph del fútbol argentino; realmente, ahí se encuentra todo. Digresión: lo que no recuerdo es por qué Inglaterra jugó con un pantaloncito corto celeste. Todo lo que pueda escribir de acá en más sobre este partido, será redundante.


Amistoso en Wembley. 2 a 2. Si bien fue un amistoso, ese partido generó una gran alegría. El ciclo Bilardo había terminado después del subcampeonato en Italia 90. El "Coco" Basile asumió y rápidamente sintonizó con el pueblo futbolero. Todavía no se contaban los partidos que harían un invicto inolvidable, hasta la derrota de Barranquilla ante Colombia y luego después el 0-5 en el Monumental. Faltaban un mes para que comenzara la Copa América de 1991 y que se ganara jugando un fútbol de alto vuelo. Todavía Batistuta no estaba en el plantel: rompía redes rivales para Boca en el Clausura 91 que finalmente lo llevaría a ganarse un lugar para la lista de que jugaría en Chile. Ese partido de Wembley se jugó un sábado a la mañana. Perdíamos 0 a 2, no sé si con baile pero más o menos. Pero dos córnes ejecutados por el "Turco" Mohamed, conectados, primero por el "Turco" García y luego por Darío Franco sellaron la igualdad. No se podía perder contra Inglaterra. Y no se perdió. Ese día, Argentina con su indumentaria tradicional e Inglaterra con camiseta y medias rojas, pantalón blanco.


Mundial Francia 1998. 2 a 2 y a Cuartos de final por penales. Partido dramático. Para el infarto. Comenzamos ganando con un gol de penal de Gabriel Batistuta, que ya era uno de los delanteros más importantes del mundo. Recuerdo que mi hermano, que había visto el sub-20 de Malasia en el 97 me dijo, "Ojo con Michael Owen". Apenas hizo el gol Bati, envalentonado le dije a mi hermano "¿Quién es ese Owen? ¿Quién es ese Owen?". Minutos después corrió casi desde Londres, desparramó a todo el equipo argentino, dejó plantado a Chamot y al "Ratón" Ayala (hoy integrante del cuerpo técnico de Scaloni), y Sergio, que había permanecido en silencio ante mi bravura anti-Owen solamente dijo: Ahí lo tenés a Owen..
Inglaterra volvió a convertir; estábamos 1-2 abajo. Sobre el final del PT en una jugada del laboratorio de Daniel Passarella, DT nuestro, un tiro libre tan hermoso como sopresivo, el "Pupi" Zanetti clavó un remate de zurda en el ángulo de David Seaman y 2 a 2. Uno de los hechos inolvidables de esta serie fue la reacción de Beckham que agredió más simbólicamente que con violencia al "Cholo" Simeone, que supo capitalizar el contacto e hizo expulsar al pibito inglés. En el partido ya no hubo más goles y no quedaba otra que ir a penales. Apareció "Lechuga" Roa que atajó dos, gana Argentina 4 a 3 y don´t cry for me England. En Cuartos nos cruzamos con Países Bajos, y entre Kluivert y Bergkamp nos dejaron afuera. Esa noche Argentina jugó vestida de azul e Inglaterra toda de blanco. La magia de la camiseta azul argentina sigue intacta...


Amistoso. Año 2000. Despedida del mítico estadio de Wembley. Empate 0 a 0. Las crónicas de la época describieron al partido como un partido tan feo como aburrido, en el cual ninguna de las dos selecciones tomaron riesgos para obtener la victoria. Argentina vistió su uniforme tradicional de la marca de paso efímero como patrocinador de la indumentaria de la AFA, Reebok (con pantalones azules y medias blancas). Inglaterra jugó con camiseta y medias rojas, y pantaloncitos blancos.



Corea-Japón 2002. 0-1. La revancha de Beckham y el pase de la "Bruja" Verón al cartel de Fujifilm y el mundo según el Loco Bielsa. El mundial organizado por primera vez por dos países fue casi un mundial fantasma. Por estas latitudes, y por la diferencia horaria, se vieron muy pocos partidos. Argentina llegaba como la gran candidata al título. En las eliminatorias y amistosos, el equipo de Bielsa volaba. Ni siquiera formar parte del "grupo de la muerte" asustaba a la hinchada argentina. El primer partido fue triunfo, victoria ante Nigeria con gol de Bati. El segundo partido era con Inglaterra. Beckham, que había sido expulsado en el mismo partido el mundial anterior, convertiría de penal y así lograba el triunfo el equipo inglés. En ese partido la "Bruja" Verón se ganó la antipatía de los hinchas por su mal nivel de juego. Nadie olvida el pase que le da el número 11 argentino a un compañero que no se ubicaría allí y la pelota seguiría su trayectoria hasta el cartel de la publicidad de Fujifilm. Lo recuerda todo el mundo, pero más mi hermano y yo porque los dos trabajábamos en la filial argentina y esa imagen se reprodujo en loop aun después del partido. Argentina llegaría al último partido con la obligación de ganarle a Suecia, pero no pudo ser: terminó 1 a 1. Lo impensado había sucedido. Argentina afuera del mundial en primera ronda, Argentina de regreso a casa. Volvamos a la indumentaria: ante Inglaterra, Argentina jugó con el uniforme tradicional, y su rival, nuevamente de rojo pero con los pantaloncitos blancos. 

El último amistoso fue en Suiza, en  2005. Fue triunfo inglés 2-3, con doblete de Michael Owen. Argentina jugó con la camiseta azul pero con pantalones blancos (esa combinación no daña la superstición ganadora de la camiseta azul), e Inglaterra con camiseta y medias blancas, y pantalón negro. Ese día, de no haber sido expulsado en un amistoso anterior, pudo haber jugado Lionel Messi, que se sentó en el banco de suplentes sin posibilibdad de ingresar junto al DT de ese momento, José Pekerman. El guion de la vida de Messi quiere que uno de sus últimos partidos sea con el rival al que nunca enfrentó hasta este miércoles 15 de julio, en Atlanta, cuando salga a disputar la semifinal del mundial 2026 de Estados Unidos.


Los números finales dicen que en los mundiales desde 1966 hasta el presente: 
  • Argentina ganó dos partidos en fase de eliminación directa en 1986 y 1998 (por penales).
  • Inglaterra ganó dos partidos en ronda de grupos, en el mundial de 1966 y 2002, en ambas ocasiones, Argentina jugando con su uniforme tradicional, albiceleste.
Vuelvo a la notificación del celular. Era mi amigo Carlitos que me decía que Chiqui Tapia iba a presentar formalmente ante la FIFA una solicitud para jugar con la indumentaria azul, a lo que le respondí para su tranquilidad: en estas cosas también hay que estar para ganar un mundial. Y me respondió con un emoji de una sonrisa. 

Veremos como termina la historia, con la ropa que usa cada selección. Y veremos lo que realmente importa este miércoles a partir de las 16 horas, lo que sucede adentro de la cancha.

Pero, ¿qué pasó en 1962? Obviamos este detalle porque según lo poco que se sabe sobre ese mundial, la camiseta que habría usado Argentina era de un tono azul, pero más cercano al gris. Como no hay precisión, mejor dejamos de lado ese encuentro, que dicho sea de paso, terminó con victoria de Inglaterra por 3 a 1. 


domingo, 12 de julio de 2026

Diario del Mundial | Argentina 3 vs. Suiza 1: Gran resultado para un triunfo ajustadísimo de un equipo de titanio


La selección de Scaloni puede sufrir un golpe durísimo, un empate inesperado, un partido que se comienza ganando y que luego se complica, pero como el titanio, no se rompe. Absorbe el impacto, sufre el shock, se asienta y vuelve a acomodarse lentamente sobre su eje. El calor del partido devuelve a los jugadores y cuerpo técnico la mística de ser el campeón mundial en vigencia de su título y como dicen los chicos ahora, hay que respetar los rangos. 

Cuando ya no quedaba espacio y las energías tocaban el rojo en la barra del estado físico, Julián Álvarez sacó un bombazo soñado —como el de Maxi a México en 2006, como el del Cani a Nigeria en el 94— y clavó el 2 a 1 en el 107 del tiempo suplementario. Un gol que gritamos todos y todas hasta quedarnos sin voz, porque por fin podíamos quebrar a Suiza.
​Costó muchísimo. Demasiado. Después, también en la prórroga, vino el gol del alivio: el de Lautaro Martínez. Para sellar el 3 a 1 final. A festejar, a descansar y a pensar en Inglaterra, el partido "mito", ese que Lionel Messi nunca jugó, ni siquiera en un amistoso. Justo contra Inglaterra se avecina un cruce dificilísimo. Ganarlo, aunque sea 1 a 0 con un gol en contra, sería tan glorioso como épico. Pero esa será otra historia; todavía está muy caliente el partido contra los suizos.

​El juego, el partido ya lo vieron y lo saben todo; pronto leerán en los medios especializados sobre los aspectos técnicos y tácticos. Acá solo quiero decir que se sufrió tanto porque no queríamos despedirnos en cuartos; porque nos había tocado el rival que, de haber podido elegir, hubiésemos elegido; porque está buenísimo jugar con el parche dorado, y porque sabemos que el resto del mundo respeta al equipo de Scaloni y admira a Messi.

​Pero me escapo de Suiza otra vez, vayamos al próximo miércoles. Con cierto miedo y algo de recelo, me digo que, de los cuatro semifinalistas, Argentina es el menos candidato, que es la selección que más debe mejorar. Pero también sabemos que los partidos hay que jugarlos. Y ese se jugará bajo el aura protectora del otro gran 10 de nuestro fútbol: Diego Armando Maradona.

​Post Scriptum: No tengo cábalas; no me gusta quedar rehén de prácticas que, de no darse el resultado, me harían sentir responsable. Pero cuando finalizaba el tiempo regular del partido escuché gritos: no eran claros, pero sonaron como goles que no llegaron. Decidí ponerme los megaauriculares que tengo y puse música a todo volumen. Ya ningún grito invadiría alguna incidencia sobre el partido. ¿Qué canciones elegí? Las que se escuchan en la pausa de hidratación: Titanium de David Guetta (la versión de este mundial) y Livin' On a Prayer de Bon Jovi. No tengo dudas de que para el próximo partido tendré preparados estos auriculares azules y la playlist con estas canciones.

sábado, 11 de julio de 2026

Adiós Jayden Adams (jugador de Sudafrica) | No hay tiempo para escribir

Uno siempre es menos de lo que realmente es. Y mucho menos respecto de lo que quiere ser. Llevado esto a la escritura, uno escribe algo que no llega a ser lo que quiso escrito. Consciente de eso, se escribe, se deja reposar como si fuera una masa que tiene que levar o asentarse, pasado el tiempo se relee. Sobreviene la corrección. Se vuelve a leer. Tal vez, ahora sí, se publica. El tiempo de todo este proceso depende de la materialidad del texto, no es el mismo tiempo el de una nota de coyuntura, o un texto ensayístico, ni pensar si fuera un poema o un texto literario, cuyo tiempo puede estirarse hasta el infinito, por ende, el peor final de ese texto, no terminar de hacerse nunca.
Así me pasó durante este mundial, sobre el cual iba escribiendo algunas misceláneas. Qué me fijo tal cita de Alejandra Pizarnik sobre el libro de Job de la Biblia, que cito a César Aira emulando a Pizarnik, que averiguo el PBI de Noruega, donde juega el ídolo de los niños y niñas del mundo, Erling Haaland, (doy fe, en el colegio de mi hija menor y de varios hijos de amigos me advierten de este fenómeno), que investigo sobre la dolarización ecuatoriana, que comparo el recorrido sensorial y emotivo entre la selección Argentina de Bilardo en Italia 90 con la Scaloneta versión EE.UU. 2026, y de pronto, así como si nada, me cae la noticia de la muerte de Jayden Adams, de 25 años, figura del seleccionado sudafricano e integrante de Mamelodi Sundowns, equipo que conocimos por haber jugado el mundial de clubes el año pasado. Qué efímero todo. Que rápido pasan las cosas...
No sé. Seguramente no tenga nada que ver, pero por cosas como estas pienso que si hay deseo de escribir, hay que sentarse y escribir.

martes, 30 de junio de 2026

Diario del Mundial | Paraguay elimina a Alemania y sobreviene el aura de Alejandra Pizarnik

Son nombres fuertes, pesados, con historias llena de magia. Alejandra Pizarnik, César Aira, Osvaldo Lamborghini y Juan Forn fueron demasiado para el equipo alemán.

Se dice que cuando ingresó al vestuario Julian Nagelsmann, director técnico de Alemania, murmuró casi de manera imperceptible, como un susurro, la siguiente frase:

"Me ha sucedido lo que más temía"

Para una selección que fue campeona del mundo en cuatro ocasiones, la frase no podía ser más oportuna. Acababa de perder por penales ante Paraguay, dirigida por Gustavo Alfaro, el "cazador de utopías" —apodo que se ganó un poco por su dialéctica y por el que sus detractores lo tildan de vendehumo—.

Esta frase, además, me resonó con llamativa cercanía por sus referencias a, por lo menos, dos figuras literarias argentinas.

La primera es la originaria: el poema "Te hablo", de Alejandra Pizarnik, incluido en su Poesía completa 1955-1972 (Lumen, 2016), que invito a leer a continuación:


estoy con pavura,
hame sobrevenido lo que más temía.
no estoy en dificultad:
estoy en no poder más.
No abandoné el vacío y el desierto.
vivo en peligro.
tu canto no me ayuda.
cada vez más tenazas,
más miedos,
más sombras negras.

La segunda referencia que recuerdo está en El llanto, de César Aira —una de mis novelas preferidas del autor pringlense—, y aparece ya en su primer párrafo:

Me levanto con las primeras luces del alba, tras una noche de insomnio y fantasmagorías extenuantes... Estoy tan cansado, tan confundido... No puedo más. No puedo seguir. Todos los caminos de la sombra llevan a la certeza atroz de que me ha sucedido lo que yo más temía. Y lo peor es no saber si es cierto, si ha pasado o le falta algo todavía, sus causas, sus efectos(...)  

Todo esto viene a cuento a la hora de pensar en el triunfo paraguayo: un logro épico, histórico, a la altura de sus hombres, de sus mujeres y de sus niños. Y acá se me vienen a la mente otras dos referencias que mencionan la Guerra del Paraguay (la de la Triple Alianza), quizá la más brutal de nuestro continente. Una pertenece a un autor tan genial como salvaje, también argentino: Osvaldo Lamborghini, en "Las hijas de Hegel", texto que compone su libro Novelas y cuentos I, bajo el cuidado y edición del ya nombrado César Aira.

Y el otro libro que menciona esta guerra es María Domecq, de Juan Forn, cuyo cruce entre la historia de un país, un secreto familiar y una inolvidable historia de amor da como resultado una obra tan fascinante como única, donde lo autobiográfico no se convierte jamás en un canto a la egolatría.



miércoles, 24 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 13 y 14: El inicio del vértigo

En cada partido se juega por algo más que los tres puntos. Cada gol, cada punto ve muchísimo. Ya no hay margen para distracciones, y si se comete alguna, se paga carísimo. Senegal falló y Noruega convirtió por dos. Escocia falló y Brasil goleó, Uzbekistán lo mismo, y Portugal lo liquidó. Así es, y más en instancias decisivas. 
Son decisivas porque se jugó la última fecha y hoy comenzó la tercera. 
Brasil goleó 3 a 0. Portugal ayer hizo cinco , y CR7 dos. Colombia ganó 1 a 0 a Congo y selló su clasificación. Suiza le ganó 2 a 1 al local Canadá y se quedó con el primer puesto.
No me da la memoria para contabilizar todos los partidos, deberé ir al borrador o machete... Inglaterra en un partido feo igualó 0 a 0 con Ghana ¡Qué duros son! Croacia con poquito le ganó 1 a 0 a Panamá. El sueño avanza. Corea del Sur está perdiendo 0 a 1 con la fulera Sudáfrica pero saco el adjetivo. 

De películas vi poco y nada. Leí cincuenta páginas del libro nuevo de Julian Barnes "Despedidas" y todavía estoy en una larga introducción.
Estoy releyendo María Domecq de Juan Forn para el taller de Julio.
Preparé el taller del sábado para gente lectora de Las Rosas Santa Fe, sobre Saer. Y trabajé un montón. Por eso, en este mismo instante, voy a dormir.

martes, 23 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 9, 10, 11 y 12: Lionel Messi, el máximo goleador de la historia de los mundiales

 

Dallas, 22 de junio, ayer. Argentina le ganó 2 a 0 a Austria con dos goles de Messi, el primero, el de su marca registrada: recibe un pase del lateral izquierdo cerca del punto del penal, y Messi, que siempre está llegando a esa zona, remata abajo, a la derecha del arquero. El segundo fue un gol que debió ser de Julián Álvarez, Messi nunca pensó hacerlo él, pero tampoco, y acá la grandeza intelectual del diez, que no abandonó nunca la jugada, que la siguió expectante, y tras recoger diversos rebotes, incluso después hubo uno suyo, insistió y rayó la cancha con un remate fuerte entre infinitas personas de camisetas rojas y negras. Con el primero que hizo se convirtió en el máximo goleador de la historia de los mundiales. Con el segundo, ya le sacó al alemán Miroslav Klose dos de ventaja. Ah, no fue de penal (tuvo uno al comienzo del primer tiempo pero inesperadamente le erró al arco). Decía que no fue de penal; fue de jugada, de su catálogo, uno que hizo en muchísimas ocasiones, por ejemplo al Real Madrid, la noche que le mostró su propio nombre impreso en su camiseta azulgrana a las tribunas del Bernabéu; otro similar por Champions, al Arsenal de Inglaterra. Del partido vamos a decir poquito, para eso están las crónicas de gente que se dedica a eso. Solo por si algún desprevenido quiere le puedo contar que el partido fue picante, que los austríacos pusieron mucha intensidad, mucha pierna fuerte, que Argentina recogió el guante y que en los merecimientos, fue un claro ganador el equipo de Scaloni, pese a haber sufrido un poquito, sobre todo en el final, un cabezazo a cinco metros del arco que se fue desviado muy cerca.


Filadelfia, 22 de junio. Francia goleó, caminando, a Irak, 3 a 0. Dos goles de Mbappé, y sigue sumando: Francia tiene 6 puntos, Mbappé, 4 goles. 


New Jersey, 22 de junio. Noruega 3 (dos de Halland), Senegal 2. Muy pobre lo de Senegal, pensé que iba a dar un poco más. Pero dos errores groseros de su propia defensa se convirtieron en goles vikingos, que dicho sea de paso, por ese gol del descuento de Sarr, achicó sus posibilidades de quedar primero en el grupo que comparte con Francia, si es que en el último partido conseguía el empate. Por un lado, mejor: si Noruega sale primero, algo que todavía puede suceder, pasaría a la llave que está del lado de Argentina. Conviene que Francia termine primero.

21 de junio. Domingo. Día del padre. El festejo más importante para los que tenemos hijos; al lado de esta efeméride, no existe el cumpleaños, ni para quiénes disfrutaban su "vuelta al sol". 

Volvamos al mundial. Cinco partidos. España golea y juega bien, vence 4 a 0 a Arabia Saudita (jugó Lamine Yamal, se notó). Uruguay se da con el martillo en los dedos y empata con Cabo Verde que juega bien. Bielsa cada vez más comido y carcomido por el personaje que creó. Veremos qué pasa. Cómo sigue.

Bélgica no pudo con Irán, que hizo un golazo de jugada preparada pero por pocos centímetros el VAR anuló correctamente. 

Japón bailó a un pobre Túnez 4 a 0. 

Y de madrugada Egipto le dio vuelta el partido a Nueva Zelanda.

20 de junio. Día de la bandera en Argentina. No vi nada. Pero sabemos que Alemania le dio vuelta el partido a Costa de Marfil con dos goles de Udav. 

Países Bajos, mi equipo sorpresa, ya lo dije, goleó 5 a 1 a Suecia. 

El pobre Paraguay le ganó 1 a 0 a Túnez con lo justo y con un jugador menos ya que fue expulsado el flaquito Almirón por hablar tapándose la boca. 

Y Ecuador de Beccacece igualó en cero con Curazao, de quien se pensaba que iba a perder más o menos fácilmente. Ay Enner Valencia, el gol que te erraste a los trece minutos. 

Decía que no vi nada. Porque fue el día del taller de literatura rusa dedicado a Fiódor Dostoievski, donde analizamos Noches blancas (antes de Siberia), Memorias del subsuelo, Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov (pos Siberia). Y como textos complementarios a Arnold Hauser, Orlando Figes, Julia Kristeva y Sigmund Freud., Placer total, si se permite el sustantivo.

19 de junio. Ganó Brasil con lo justo, 3 a 0 a Haití. Marruecos 1 a 0 a Escocia (no pasa nada con esta querida selección). Y los Estados Unidos de Mauricio Pochettino ratificó el juego que mostró en su debut, al vencer 2 a 0 a la durísima Australia. ¿Se vienen los yanquis?


Cierro con una sensación: el mundial está buenísimo. Los equipos que juegan bien lo hacen muy bien y los flojos, no hacen papelones, más allá de algún error puntual. El VAR arbitra con justicia. Y se pierde poco tiempo cuando se quiere hacerlo correr para no jugar. Lo único malo ya se dijo: la pausa de hidratación.


viernes, 19 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 8: Inicio de la segunda fecha. Ganó México pero "Yo sé bien que estoy afuera..."

Solo vi la goleada de Canadá sobre Qatar por 6 a 0. La selección organizadora del torneo anterior perdió a dos jugadores por expulsiones en el primer tiempo. No es excusa, ya perdía 2 a 0 y la catarata de goles se veía venir.

En el primer horario República Checa o Chequia (es la última vez que escribo de esta forma) igualó 1 a 1 con la que para mí fue la peor selección de la primera fecha: Sudáfrica. Pero como no vi el partido no puedo decir nada.

Suiza, en una ráfaga final goleó 4 a 1 a Bosnia y Herzegovina. Se acomodó en el grupo después de igualar increíblemente con Qatar. Estando clasificado, este equipo es una piedra en el zapato para cualquiera de los grandes.

Y el último partido del día fue en Guadalajara, donde México le ganó 1 a 0 a Corea del Sur, gracias a un error increíble del arquero. No daba dos pesos por México, ni aun siendo local. Pero lo cierto es que ya está en la próxima ronda. 

Ahora, qué pesados con la canción "El rey" (no es la versión de Luis Miguel ni siquiera, pero tiene sentido, si Luis Miguel no es mexicano, sino de Puerto Rico), que suena en el estadio al finalizar el partido. Y además, no podés poner una canción que acompañe a tu equipo en el torneo global más importante que comienza con la frase:


"Yo sé bien que estoy afuera..."



miércoles, 17 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 7: ¡Qué bien Colombia! Empató Portugal con CR7, Brilló el príncipe Harry y goleó Inglaterra. Final de la primera fecha, lo bueno y lo malo

Hoy se completó la primera fecha de la fase inicial del mundial. De un mundial que no da respiro, por la cantidad de partidos y equipos que lo componen. Es el verdadero sueño del pibe que los adultos futboleros tenemos, el sueño de los chicos y adolescentes del presente. Si no hay partido, hay una previa y si no hay una previa, un resumen de lo que acaba de pasar.


Como dije en algún momento, ya casi tengo cincuenta años y el transcurrir de los años me fue quitando cierto fanatismo y me ha dotado de un poco más de ganas de analizar o pensar lo que veo. El resultado de la reflexión no está garantizado, pero sí el disfrute de un evento de este tipo con una mirada más serena y más amigada con el disfrute. Esto quiere decir que no necesariamente quiera que deje de desear que gane uno u otro equipo del cual no soy simpatizante. 

Los primeros tres partidos de la fecha casi no los vi: Portugal, con Cristiano Ronaldo, empató sorpresivamente 1 a 1 ante Congo; Inglaterra venció 4 a 2 a Croacia, y Ghana hizo lo suyo versus Panamá recién al minuto 95 del partido.

El partido que sí pude ver es el último del día: Colombia vs. Uzbekistán. El equipo de Néstor Lorenzo, desde hace un par de años, es un equipo serio, que juega, que mete, que gana, y que cuando termina el partido, recién ahí, hace bailecito. Anoche ganó bien, mejor dicho, muy bien al equipo de la Ruta de la Seda. ¿Fue fácil? Para nada. No existen ya ese tipo de partidos. Me detengo en el tercer gol, un canto al esfuerzo y al sacrificio, a la seriedad, a la tenacidad, a ponerse el overol del obrero (sujeto cada vez más extinto en nuestros mundos), Lucho Díaz peleando ese balón como si fuera el último, que lo gana, que tira el centro, y que por el otro lado llega Campaz, y de cabeza, tic, al arco, gol. Campaz, cada vez que veo a Campaz me acuerdo de Miguel Russo, "son decisiones", y lo bien que lo hizo jugar en Rosario Central. Estamos contigo Colombia. 

Mientras tanto, el interés por el mundial ya está activado. Serán los goles de Messi, Mbappé, Harry Kane,  Halaand y el triunfo de cada una de sus selecciones, junto a otras cosas hizo que el torneo esté ganando la primera batalla por el interés y las ganas de verlo.

Esas otras cosas son aquellas que tienen que ver con el espectador (no tanto con los hinchas): los jugadores no pueden hacer tiempo, el VAR está funcionando a la perfección, no hay faltas agresivas que amenacen la salud de los protagonistas, los campos de juego parecen estar en buen estado, y lo fundamental, que aun los equipos débiles ya no lucen como conjuntos menos que amateurs o de muy mal nivel. 

Ojo, Sudáfrica fue lo más pobre de la primera ronda, tal vez Paraguay en la abultada derrota que sufrió ante Estados Unidos. Pero después, por más que hayan perdido (como Curazao, pero le destaco haber estado 1 a 1 durante los primeros cuarenta minutos del primer tiempo, además de la proeza de convertirle un gol a Alemania); ya sé, después Alemania llegó hasta el séptimo. Pero no fue un equipo de pinta amateur. Túnez es el otro equipo que parecería no estar a la altura del evento: sufrió cinco goles de Suecia.

Lo mejor de la primera fase fue la actuación de Francia, Argentina e Inglaterra. Los tres ganaron con suma claridad. Por ahí pesa más la victoria de Inglaterra, que venció a una selección que tiene prestigiosas credenciales.

Lo de Messi nos deja sin palabras. No se quiso decir ayer, pero su actuación, y sabiendo que falta mucho, ¿será este su último mundial como jugador o tal vez haya 2030? Falta mucho, pero el interrogante apareció. Todo gracias a su gran actuación.

Lo peor es lo que se comentó al principio: la pausa de hidratación. Este procedimiento desinfla el partido, le rompe el ritmo logrado. Y el tiempo que dura el cooling break se lo comen las publicidades que atentan contra el espíritu deportivo: comida chatarra, alcohol, y el mundo de las apuestas y la estimulación de la ludopatía. El clímax de la vergüenza lo puso la publicidad de Bet Warriors que utilizó la voz y la figura de Diego Maradona invitando a apostar en sus plataformas. 


Diario del Mundial | Día 6: Un Messi descomunal para una Argentina defensora de la copa y un Mbappé que agiganta a Francia


Lo Messi es increíble. Tres goles en el debut ante Argelia lo dice todo. O casi. Porque deberíamos agregar también que es el goleador máximo de la historia de los mundiales, por ahora compartiendo ese lugar con Miroslav Klose, el goleador serial alemán que sufrimos en 2010. 

Digresión: Mbappé más temprano hizo dos. Todos nos dijimos, ufff otro mundial con Francia y Kikí respirando en la nuca, además con Olise, Doué, Dembelé, Barcola y elenco. 

Pero se ve que Messi tomó nota e hizo cuatro (uno de juguete, porque lo anuló el VAR). Argentina ganó muy bien. No mucho más que no hayan visto. 


***

Sí, ahora sí hay clima del mundial. ¿Por qué recién hoy? Porque hicieron sus debuts Francia y Argentina, los dos últimos campeones del mundo, los finalistas de Qatar 2022, protagonistas de la mejor final de la historia del torneo. Porque jugó Erling Halaand en Noruega y le ganó a Irak 4 a 1 con dos goles suyos. Los otros dos los hizo Hussein, uno para cada selección.

El mundial ya arrancó, decía más arriba. Y todavía falta que jueguen Saka, Kane, CR7, Luis Díaz, Modric, entre otros.

***

Hoy se sacudió la historia de los mundiales, la tabla de goleadores. El ranking está así:

🇩🇪 Klose 16
🇦🇷 Messi 16 (en actividad)
🇧🇷 Ronaldo Nazário 15
🇩🇪 Müller 14 
🇫🇷 Mbappé 14 (en actividad)

 


martes, 16 de junio de 2026

Diario del Mundial Día 5 | La librería, el bar, el cine de Panahi, las fronteras uruguayas, bielsuras y Lukaku


Después de visitar a Fer y Ezequiel, dos amigos de una librería hermosísima, una de mis preferidas, de conversar un rato sobre libros, de tomar un rico café y compartir un alfajor premium, tenía que hacer un rato de tiempo para ir a buscar a mi hija menor a su clase de teatro.
​Me fui, entonces, al bar al que todos van o quieren ir; un lugar donde, pese a su convocatoria multitudinaria, me siento muy cómodo y contento. Ahí el bullicio es para mí ruido blanco: no me molesta en absoluto. Si me pongo a pensar, voy cada tanto desde hace veinte años. Y si bien nos conocemos con los mozos, no soy de los que ostentan frecuentar el querido lugar.


Varela-Varelita estaba lleno y, aunque se desocuparon varias mesitas, preferí quedarme sentado en una de las dos sillas altas de la barra. Pedí dos empanadas y releí un rato la Historia social de la literatura y el arte II, de Arnold Hauser; específicamente el capítulo "La novela social en Inglaterra y Rusia", con fines preparatorios para el taller del sábado, cuando compartamos lecturas de Fiódor Dostoievski. De fondo, en la pantallaza, el mundial.
​La verdad es que no hay nada que me una con Uruguay, pero viéndolo salir al campo de juego no puedo dejar de pensar en la cercanía y el parentesco con ese país, en cómo habrá sido la convivencia antes de la separación definitiva. Me siguen generando curiosidad y fascinación las zonas de frontera: ¿cómo es que de un lado del río es un país y del otro, otro? A veces ese "otro" implica diferencias abismales —la lengua, por ejemplo, si pienso en Uruguayana (Brasil) y Paso de los Libres (Argentina)—, pero con Uruguay se me hace todo más difuso, o parecido.

​Vi de reojo el partido, la espectacular atajada de Muslera en la jugada previa al gol de Arabia Saudita. A los quince del segundo tiempo me tuve que ir y, mientras esperaba a mi hija menor, vi en el teléfono el tramo final. Uruguay había empatado y por poco no hace el segundo gol. Pero la nota del partido fue la decisión del árbitro, que lo finalizó abruptamente en pleno contraataque árabe. Malísimo, bochornoso.


​Lo que vi del encuentro me transmitió vibes de Argentina vs. Suecia en el mundial de 2002. Parece que esta vez el equipo de Bielsa atacó mucho mejor, y la diferencia es que el empate no trajo aparejada la eliminación.

​Más temprano habían jugado España y Cabo Verde. Los africanos resistieron los más de ochocientos pases de uno de los equipos candidatos a ganar el mundial. Al fútbol africano siempre se lo imagina con jugadores tan fuertes como violentos, pero hicieron una sola falta en todo el partido; sí, una sola. Nada. Y defendieron los cien minutos con dignidad y armas nobles. España sin Yamal y Williams tiene mucho menos peso. Quedó demostrado ayer.


​No vi Egipto vs. Bélgica, pero noté en la repetición que Romelu Lukaku hizo el gol 23 segundos después de ingresar desde el banco de suplentes (parece que fue en contra pero si no estaba él, no era gol).

¨¨

Y a la noche, sin fuerzas en los ojos para seguir leyendo, vi completo Nueva Zelanda vs. Irán, y lo disfruté muchísimo: 2 a 2. No fue un partido de estrellas, pero sí de dos selecciones con ambiciones de ganar.
​¿Qué debe sentir el jugador iraní al participar de este mundial, en el país con el que está en guerra? Anoche se los vio jugar y disfrutar. La fiesta en cada gol de ellos me remitió a la película Offside, de Jafar Panahi: Irán se juega la clasificación a un mundial de fútbol y la asistencia de mujeres al estadio está prohibida. Sin embargo, un grupo de chicas que aman el fútbol intentan ingresar disfrazadas de hombres. Contada en clave de comedia, es una película sin golpes bajos; la risa y la esperanza nunca se pierden, aun en las sociedades patriarcales más injustas y rígidas, responsables de un sistema opresivo, especialmente para con las mujeres.


lunes, 15 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 4: Ganó Alemania y que levante la mano quien escucha "Sloterdijk" cuando nombran a Schlotterbeck

Hice el recuento de la fecha de ayer y se hicieron veintiún goles. ¿Esto hace exitoso al mundial? Sigue frío pero va tomando color. Ahora bien, ayer fue una fecha un poco más interesante porque empezaron a jugar los equipos más atractivos. El sábado jugó Brasil; ayer, Alemania.

Sin ser un gran estudioso, cualquiera puede decir: "Es obvio que Alemania golee a Curazao". Pero lo cierto es que el primer tiempo estaba dejando un gusto bastante amargo porque hasta los treinta y ocho minutos iban 1 a 1. Hasta que Alemania hizo pesar su jerarquía: vino el desequilibrio con el gol de cabeza de Nico Schlotterbeck ¡qué levante la mano quien cuando escucha su nombre siempre me acuerdo de Sloterdijk y de la Crítica de la razón cínica —ahora díganme pretencioso—! y el contador del ábaco comenzó a moverse frenéticamente: tres, cuatro, cinco, seis, siete. 

Así aplastó al débil Curazao por 7 a 1, un resultado que nos hace acordar a la semifinal de 2014, cuando le ganó por el mismo marcador a Brasil, el organizador de ese mundial. O, en el fútbol vernáculo, a la victoria del Boca de Alfio Basile al San Lorenzo de Oscar Ruggeri. Otro nombre que remite a fútbol de selección: hombre de la mítica y gloriosa generación del 86, ahora devenido en comentarista y operador (tal vez de manera involuntaria) de ESPN.


Más tarde Japón, el equipo al que parecería que muchos dan como "la sorpresa del mundial", igualó 2 a 2 con Países Bajos, uno de los conjuntos que, para mí, sí va a hacer un buen torneo. Aclaro que nunca fui bueno para los pronósticos, y esta vez no creo que sea la excepción. No conocía a Crysencio Summerville. ¡Qué bien jugó! Creo que nadie lo conocía, ya que recién el 3 de junio pasado disputó su primer partido en la selección naranja..


Por su parte, el Ecuador de Beccacece perdió con Costa de Marfil 1 a 0 sobre el final, lo que se suma a la segunda derrota de los equipos sudamericanos (antes fue Paraguay, que recibió un duro golpe frente a Estados Unidos).

Por último, Suecia le metió cinco a Turquía, pero no lo vi porque estaba en un cumpleaños.

Esto es todo por hoy.



domingo, 14 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 3: Delincuentes

Primer sábado de la Copa del Mundo. La sensación es que el torneo arranca "en serio" a partir de la tercera fecha. La primera es un desfile a modo de presentación, la segunda la que acomodará un poco las ideas para saber qué puede dar cada selección, y  la tercera, sí, a los bifes.

El partido esperado de ayer era Brasil Marruecos. Comenzaron ganando los africanos, los depositarios de las esperanzas de un Bilardo joven, pero con poco y con Vinicius, la verdeamarelha empató. El partido fue tibio, nadie arriesgó mucho. 

Preguntas:

¿Alguien podía imaginar, y hace no tantos años, que Brasil tenga un seleccionador extranjero, y mucho menos italiano? Ni el más pesimista. Y esto no es contra Carletto Ancelloti, que es un grande fútbol mundial.

¿Alguien vio jugar bien alguna vez a Paquetá? Yo no, nunca. Lo que sí vi de él fueron dos transferencias millonarias, de Flamengo a Europa por 80M USD y, de un club europeo a Flamengo, en su regreso, por otros 40M USD. Alguien ganó mucha plata con este paquete de regalo.

Antes Qatar le robó un punto a la precisa Suiza en los últimos minutos (resultado rompe Prode), y a la noche Haití perdió sólo 0 a1 con la simpática Escocia, selección a la que siempre uno quiere que le vaya bien.

Ya de madrugada, me enteré hace un rato, Australia le ganó a Turquía 2 a 0 reconozco que el resultado me sorprendió, aunque si hubiera recordado el partido de Qatar 2022 versus Argentina, no me habría sorprendido tanto ahora.

Pero estos dos últimos partidos no los vi porque miré una película tan larga (tres horas) como hermosa. Por favor, qué felicidad encontrarse con una película así. Estoy hablando de Los delincuentes (2023), dirigida por Rodrigo Moreno, un crack. 

Es la historia de un empleado bancario que roba el dinero justo y necesario allí equivalente a su sueldo por los próximos 25 años, para dejar de trabajar inmediatamente. El plan que ejecuta no es tan sofisticado, solamente agarra la plata y se la lleva.

No quiero decir nada nada, lo que diga va a spoilear, y el disfrute está en ir viendo en desarrollo de la narración; la película está en MUBI. Disfrutenla, totañ el mundial, por ahora, no ofrece nada.





sábado, 13 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 2: El fútbol FIFA ya no es lo que era; el horror del cooling break y la paliza de Estados Unidos a Paraguay (4 a 1)

¿Quién esperaba una derrota tan categórica de Paraguay ante Estados Unidos?


Iba a comenzar esta entrada quejándome del cooling break, traducido como "pausa de hidratación": la detención del partido a los 22 minutos de cada tiempo para que los jugadores se refresquen y tomen líquido alrededor de su banco de suplentes, mientras el entrenador aprovecha para dar alguna indicación, acomodar a algunos futbolistas o, tan solo, darle ánimos a sus dirigidos. Ahora está reglamentado y se respeta a rajatabla. Pero esto en realidad no es nuevo —tampoco tan viejo— y se hacía de manera ocasional cuando los partidos se jugaban en verano o en días de alta temperatura.
Su ejecución era consensuada entre jugadores y árbitros, y se aplicaba siempre y cuando el tono y el ritmo del partido lo permitieran. Si un equipo estaba arrinconando a otro, esa pausa se implementaba cuando el asedio bajaba sus revoluciones. Ahora es fijo: se corta a los 22 minutos, del primer y del segundo tiempo, pase lo que pase en el terreno de juego. Un horror.
El partido de fútbol, que era de dos tiempos de 45 minutos más los minutos adicionales, pasó a ser de cuatro tiempos. Cuatro tiempos. El partido, cuando "se está armando" (saben a qué se refiere esta frase), se desintegra, se deshilvana. Cambia. Y para mal. Pero lo más aberrante de todo es que, cuando esto sucedía antes, las cámaras seguían a los protagonistas: algunos tomaban agua, otros elongaban, los más cansados hasta recibían masajes, el DT daba indicaciones o por lo menos arengaba. Era un plomo, pero las espectadoras y los espectadores por lo menos eran testigos de todo esto. Ahora ni ya eso: la señal de televisión abandona la escena y se va a la tanda publicitaria. No vemos nada, no sabemos nada. Y es como si el partido se hubiera reseteado, como si volviera a empezar para terminar rápidamente. Lo han logrado. Lo han malogrado. Los partidos de fútbol duran cuatro tiempos.

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A la noche vi Estados Unidos vs. Paraguay. Desde el minuto cero, Estados Unidos se lo llevó por delante. El conjunto dirigido por el ex-Newell's Mauricio Pochettino —que llevó al Tottenham a la final de la Champions hace unos años— le pintó la cara: le ganó jugando y le ganó corriendo al equipo de Gustavo Alfaro, el "Cazador de Utopías". Creo que hubo una gran subestimación ante el conjunto anfitrión, el pensamiento de que iba a ser más de lo mismo. Que lo piense yo y muchos futboleros, vaya y pase. Lo grave es que pareciera que los jugadores paraguayos también lo hicieron. Sus caras mostraban consternación y shock, al modo Gastón Gaudio: "Qué mal la estoy pasando, cómo puede estar sucediendo esto".
Se sabe que Alfaro es un gran orador, que cita frases pretenciosas al punto de en algunos casos, entregarse a la solemnidad. Al terminar el partido, todavía bajo el impacto emocional, dijo: "Con esta derrota Paraguay entendió que el mundial no se terminó; justamente todo lo contrario, el mundial ya comenzó", como diciéndoles a sus jugadores: "Muchachos, perdimos un partido, nos dormimos; ahora a despertarse y a jugar en serio que, si no, nos llevan puestos". Veremos si esta proclama se cumple o si el equipo guaraní, con esta derrota, selló definitivamente su suerte en este mundial.

viernes, 12 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 1: Un mundo dividido entre la ceremonia inaugural del torneo, Maná, Shakira y Juan José Saer


Hoy comenzó el Mundial de fútbol organizado por esa megacorporación global llamada FIFA. Un rato antes del partido inaugural entre México y Sudáfrica se vio la "fiesta inaugural". La primera de tres. Las otras dos ocurrirán en Canadá y Estados Unidos, los otros socios de este torneo hipertrofiado: tantos participantes, 48 selecciones donde en la primera fase clasifican casi todos, 32, y quedan eliminados solo 16. ¿La competencia? Bien, gracias. Bienvenidos a la ChiquiTapiaManía del torneo más importante de fútbol.

A estas fiestas de apertura en otra época les quedaba mejor el nombre de ceremonias inaugurales. Eran eventos donde desfilaban deportistas con elásticas coreografías o personas vistiendo ropas tradicionales de sus países. La mejor de todas fue la ya lejana de Italia 90. Allí, Gianna Nannini y Edoardo Bennato marcaron a fuego el himno definitivo de los mundiales con la inolvidable e insuperable “Un’estate italiana”, una pieza producida por Giorgio Moroder (el genio musical italiano creador, entre otras joyas, de “Take My Breath Away” banda de sonido de la película Top Gun). Los que vivimos esa ceremonia no sabíamos que nunca más íbamos a ver algo así. Como se dice ahora “éramos felices y no lo sabíamos”.


Al mundial siguiente, el pop norteamericano y el marketing corporativo, como dijo mi amigo Carlitos, le pusieron los clavos al ataúd del formato “ceremonia inaugural”. El golpe de gracia lo dio Diana Ross cuando, en un gag donde debía patear un penal para "romper" el arco, erró el tiro. El arco, programado para destruirse, se deshizo igual ante la mirada atónita del mundo entero.

No seamos tan injustos: pudo haber cierto entusiasmo con Ricky Martin en Francia 98 o Shakira en Sudáfrica 2010, pero el concepto ya era otro. Artistas globales, homogeneización cultural, todo uniforme, daba lo mismo París, Tokio, Berlín o Johannesburgo: el antropólogo Marc Augé ganó la batalla cultural en la que todos nosotros perdimos y las particularidades de cada país se desvanecieron en el aire de los "no-lugares".



La spotifización de la música, el hit del mundial

Hoy la propuesta fue un compilado de microrecitales. Confieso que me dio cierta alegría escuchar “Oye mi amor” de la ya legendaria y también vetusta Maná; al menos era una banda local tocando fragmentos de un hit en el Azteca (sí, un fragmento, ni asomo un tema completo). Pero después el show mutó en un algoritmo confuso: el venezolano Danny Ocean cantando “Partidazo” (un oxímoron increíble, considerando que Venezuela jamás clasificó a un Mundial); siguió J Balvin (le hubiera quedado mejor cantar “Rojo”); luego Los Ángeles Azules y, para el cierre, una desangelada canción de Shakira que ni de cerca logrará algo de la mística del Waka Waka de 2010.

Un ratito después, vino el fútbol. O algo parecido.

Un partido sin gracia. México hizo lo que tenía que hacer: ganarle a un pobre equipo sudafricano (fue 2 a 0), que antes de los diez minutos regaló un gol insólito. Una jugada calcada al gol que el Boca de Riquelme le regaló a Huracán hace unas semanas por la torneo local. Sí, ya sé: qué tiene que ver Boca con esto. Y tienen razón, pero Boca siempre está en mi cabeza. Ah, y sí, un desastre este semestre; también quedamos eliminados en la fase de grupos de la Libertadores. Úbeda ya no está, vino el Vasco Arruabarrena, pero de eso ahora no me voy a ocupar. 


Aniversario de la muerte de Saer

Dijimos que hoy es 11 de junio. Y para quienes leímos a Saer, esta fecha nos lleva al 11 de junio pero de 2005. Hace exactamente veintiún años, moría en París Juan José Saer, uno de los escritores más importantes de la literatura universal. Ya es hora de dejar de circunscribirlo a la geografía nacional o latinoamericana; es hora de que el resto del mundo se ocupe de traducirlo, publicarlo y, sobre todo, leerlo.

Casi todo el mundo repite la famosa sentencia de Beatriz Sarlo en el Coloquio Saer de Santa Fe en 2016: Borges fue el principal escritor argentino de la primera mitad del siglo XX, y Saer el de la segunda. 

Pero también Sarlo dijo que cada uno es dueño de su propio canon, y cada uno tiene derecho a confeccionarlo. Animado por esta idea afirmo que Borges es el gran precursor, pero mi canon es otro: 

El número uno es Saer. Y el otro número uno es César Aira. No hay dos, no hay segundo puesto. Hay dos números uno en la cima, y Borges es el punto de partida, el origen de ambos.


Del autor nacido en Serodino, son doce narraciones (el término que Saer prefería antes que decir "novelas"), cinco libros de cuentos y uno de poesía: suficientes para leerlos durante toda una vida. 

Ni hablemos de los de César, que tiene unos cuántos más. Otro programa, otros procedimientos, pero genio total, también.

Digresión, o no tanto: Saer odiaba el concepto de "público". No es lo mismo ser público que ser lector.

El público es el sujeto a colonizar por el mercado, un consumidor cuyos deseos están alineados a los imperativos de la moda. Si se ponen de moda los policiales nórdicos, las editoriales los fabrican en serie; si la onda es la novela conspirativa, brotan logias secretas manejando el poder desde la Casa Blanca hasta el Kremlin.

El lector y la lectora es otra cosa ¿ya todos saben que leen mucho más las mujeres que los hombres? 

Las lecturas y lectores buscan encontrarse con una obra que obedezca únicamente a criterios estéticos y un compromiso ético con el arte. Un programa cuya única finalidad sea vincular la literatura con una sublime experiencia del lenguaje.

Mientras la FIFA nos vende su "público" globalizado en el Estadio Azteca, todos se visten igual, festejan igual, comen pochoclos durante el partido, parecieran sufrir si su equipo va perdiendo pero si lo enfocan las cámaras automáticamente sonríen, le escriben cartulinas a los jugadores con mensajes del tipo "hice mil km para verte, dame tu camiseta", y otras atrocidades similares. Prefiero quedarme del lado de las lectoras. Y con Saer. Siempre con Saer, con Aira, con Kohan, con Gustavo Ferreyra, con Dostoievski, con Gógol, con Vilariño, con Pizarnik, con Claire Keegan, la lista podría ser muy larga.

Tengo sueño, pero antes de irme a dormir, vuelvo al fútbol. Corea del Sur hizo un gol tan lindo que dan ganas de seguir mirando el partido. Lo hizo In-Beom Hwang (usa la camiseta número 6, que entrando en el área rival, enganchó y desparramó en la misma jugada a un defensor y al arquero rival) del empate parcial ante Chequia (ahora me vengo a enterar que no se dice más República Checa, sino “Chequia”; no te pido “Checoslovaquia”, entiendo la geopolítica y sus cambios en las últimas décadas, pero decirle “Chequia” cuesta mucho, de verdad). Bueno, van 1 a 1.  Ojalá termine así. Puse ese resultado en el PRODE que estoy jugando...

Ahora Corea hizo el segundo, ganaron 2 a 1. Es hora de dormir. Buenas noches.


jueves, 11 de junio de 2026

Diario del Mundial | Las fotos del plantel de Noruega

Hasta ahora, la mejor producción fotográfica. Son las del plantel de Noruega en tres estilos tan originales como diferentes. En la primera imagen vemos a la selección vestidos como vikingos:

En la segunda, los jugadores vistiendo la camiseta del primer club donde jugaron:

Y la tercera, la foto oficial, el póster del mundial:


Impecable todo, en las fotos. Veremos cómo les va en la cancha. Acá los partidos de ellos en el grupo I:



miércoles, 10 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día cero

El mundial de fútbol será la excusa para hablar de cualquier cosa.

Esta tarde comienzan los partidos. No tengo la ansiedad que tenía cuando era chico. No digo la del Italia 90, cuando cambié de turno en la escuela —en primer año—la tarde para cursar a la mañana y salir corriendo a las doce menos diez del mediodía, en modo velocista, las nueve cuadras hasta casa para ver los partidos. Ni tampoco cierto fervor del mundial Rusia 2018, el suficiente como para comprar un televisor de 32 pulgadas y poder mirar los partidos en la pieza.

Digresión: me gusta decir "pieza", un término bien común en el castellano rioplatense. Quizá remita al conventillo, o al viejo PH, donde convivían de modo más comunitario distintas familias, en lugar de "cuarto" —medio cool, algo que no soy—, y mucho menos "habitación", que suena sofisticado, pura jerga arquitectónica.
Será porque ya estoy cerca de los cincuenta años que tengo menos euforia y expectativas. O quizás a esta última la tengo colocada en otras instancias; a esta edad estamos más preocupados en que nos alcance la plata, llegar bien a fin de mes. No lo pensé mucho, en verdad.
Pero aun con la hipocresía y las fealdades que nos vamos enterando (no le dieron la visa de trabajo a un árbitro de Somalia; la FIFA obligó a retirar uno de los uniformes de la indumentaria de la selección de Haití por considerar que hacía "política" al tener una imagen de una batalla anticolonialista del siglo XIX; o que la selección iraní no puede alojarse en suelo norteamericano aunque juegue en Estados Unidos —una vez terminados los partidos que disputen allí deberán volver a México—)… Como si fuera uno de los marineros de la Odisea, cederé al canto de las sirenas, magnetismo del torneo.

Se dice ahora que obviar todo esto para poder mirar el mundial es "fingir demencia". Siempre me pareció horrible esta frase, que escuché por primera vez para hablar de la evasión durante el gobierno, todavía vigente, de Javier Milei. No sé, hoy juega México y seguro ya estaré un poco más enganchado. Mientras tanto, recuerdo y extraño a Maradona.

jueves, 7 de mayo de 2026

Dostoievski, Žižek, la traducción y lo sublime de las palabras

En medio de una conversación o de una lectura, cuando escucho o leo una palabra que me gusta, me saca inmediatamente de la circunstancia en la que estoy y me quedo pensando en ella.

Hace un rato comencé a releer (o debería decir leer, porque no recuerdo nada) Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski. El traductor es Rafael Cañete —a quien no conozco particularmente, aunque tal vez haya leído alguna traducción suya sin recordarlo, pero de quien no diré nada negativo ya que confío plenamente en el catálogo de la editorial Losada— y escribió, o transcribió al castellano, lo siguiente:

"Todo lo bello y sublime, como se habituaba a decir en otros tiempos"

La palabra en la que me detuve es sublime.

¡Qué hermosa que es, por favor!

Esa palabra me llevó de inmediato al libro de Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología; un texto que conocí en la facultad y que, en aquellos incipientes años 2000, era parte de una moda, un clásico del futuro, un libro que —justo en esos momentos de fervor por la globalización— sentíamos que debíamos leer sí o sí.

¿Dónde radica el sentido de belleza que una palabra tiene para uno?

Estimo que puede tener que ver con su significado. Seguramente. Pero no lo sé del todo; lo voy a pensar. 

Mientras tanto, voy a comenzar a anotar acá una lista con todas las palabras que se me aparezcan. Va la primera:

1. Sublime
2. Galaxia (21.05.2026)
3...








domingo, 26 de abril de 2026

El mago del Kremlin | Un truco donde no aparece el conejo

La película dirigida por Olivier Assayas, basada en el best seller de Giuliano da Empoli es otra del género "mala, pero nunca aburrida".
No le va el papel a Paul Dano, un poco mejor está Jud Law haciendo de Vladimir Putin, el guion es absolutamente anti Federación Rusa (pese a todo se nota la mano del genial Emmanuel Carrère, y me despabiló verlo en un cameo), me gustó ver caracterizado a Limónov, me interesó el énfasis ya no en la manipulación de realidad sino en la "creación" y resulta doloroso ver que ese proceso de espectacularización de la sociedad ocurrió casi en todo el mundo, un plomo la voz en off que se la pasa "explicando" (vale recordar la sentencia perfecta de Aira donde dice 'la explicación mata la narración'), y uno de los caprichos o desatinos más comunes en el cine en relación al giro lingüístico: todos hablan en inglés; no funciona jamás, ni antes ni ahora. Y menos en una película política como esta. 

domingo, 5 de abril de 2026

La osadía es una apuesta de suma cero | Independiente 1 Racing Club 0



En el fútbol, la osadía es una apuesta de suma cero: no hay términos medios. Es la consagración del héroe y la posterior transformación en mito o es el ingreso inmediato a la posteridad del ridículo. En el último clásico de Avellaneda, Adrián Martínez intentó lo primero y terminó habitando, de forma irreversible (al menos por este partido), lo segundo.

Faltaba poco para el cierre del primer tiempo cuando "Maravilla" Martínez decidió que no bastaba con el gol; necesitaba el plus de la afrenta, de ofrendar a los propios un gol hasta la embriaguez. De gozar al rival y vecino en su propia casa, el Libertadores de América, y hacerlo mediante un toque de suficiencia frente a la tribuna local. El deseo era estético: ver las cabezas gachas del adversario, de los jugadores en la cancha, y de la gente común, del otro lado del alambrado. Pero la exquisitez de la técnica traicionó a la intención. Martínez calzó la pelota desde tan abajo que, pese a la lentitud del recorrido, a la suavidad del impacto, el balón superó los dos metros cuarenta y cuatro de altura del arco, tan lejos que ni siquiera hubo el consuelo de que la pelota golpeara a la red al menos en su parte externa.

Lo que siguió fue un quiebre en la semiótica del fútbol argentino. El manual del "aguante" dicta que ante una cargada de ese tipo —una falta de respeto entre colegas— la respuesta debe ser violenta: el insulto, la arremangada de cuello, la invitación a la pelea. Sin embargo, Rodrigo Rey operó desde otra lógica. Al levantarse del césped tras su estirada estéril, pasó, primero de la angustia al alivio cuando vio la pelota alejarse del arco, y del alivio a la ironía cuando se levantó y se puso cara a cara con "Maravilla". En lugar de la agresión, eligió el abrazo. Un abrazo pedagógico y algo burló, pero la burla del que eludió el mal momento: "Viste lo que te pasó por canchero".

Esa risa compartida con Kevin Lomónaco desarmó el escenario de masculinidad herida que intentó activar Zabala. Sus propios compañeros lo sacaron de escena. No hubo conflicto porque el error fue tan grosero que anuló la posibilidad del enojo. Y el efecto psicológico de este acto fue devastador para Martínez. El goleador quedó fuera de registro, deambulando el resto del partido como quien intenta entender una broma de la que es objeto. Incluso en el segundo tiempo, falló una ocasión todavía más nítida, como si el gesto de piedad de Rey le hubiera quitado la "piel" de goleador.

La resolución del trámite fue coherente con la tarde. Gabriel Ávalos, el nueve paraguayo que carga con el escepticismo crónico de la hinchada de Independiente, recibió un pase de Montiel y, con la frialdad de quien solo busca el resultado y no la gloria del póster, abrió la cara interna para marcar el único gol del clásico. Nueve minutos después llegó el final. Y "Maravilla", que tampoco se transformará en un villano sin retorno, (él mismo ha hecho ganar a Racing en la misma cancha que ahora le tocó perder), mientras su cabeza siga intentando comprender qué fue lo que pasó, verá cómo el pueblo rojo de Avellaneda celebrará la victoria de un clásico en una tarde en que la redención de uno nació de la soberbia del otro.









miércoles, 1 de abril de 2026

Nüremberg | No se puede subestimar tanto al espectador

Es cierto que la primera media hora, no estuvo tan mal. La detención de Goering que huía ¿huía realmente? con su familia y la presentación de la idea de juzgar a los altos mandos nazis que quedaban con vida a través de un juicio inédito hasta aquel entonces, podía haber sido un muy comienzo si no fuera existido la escena banal y tonta y fuera de registro que se da en el tren donde viaja una periodista y un psiquiatra que va a iniciar tratamiento con los detenidos nazis, responsables del cruento exterminio al pueblo judío. Fuera de contexto, un truco de magia entre miradas seductoras, en fin, Hollywood no pudiendo dejar de ser Hollywood ni siquiera en una película con estos temas.

(Continuará...)

sábado, 31 de enero de 2026

Flash: un aventura que en el fondo, lo único que hace es hablar sobre la pérdida

La importancia de The Flash (2023), de Andy Muschietti, no reside tanto en la fidelidad al cómic o en su adaptación, pese a que sus efectos especiales resultan magistrales, sino en cómo aborda la premisa de que intentar modificar el pasado con la finalidad de eliminar el propio dolor, puede acarrear consecuencias devastadoras.

​En una época donde la nostalgia está a flor de piel y donde lo recobrado rápidamente también se vuelve a dejar en el olvido (en estos días lo estamos viendo con el auge del #2016 y las fotos de ese año), parece que la dificultad para valorar el presente convierte a la vida en una tragedia que se proyecta en el tiempo tanto hacia el atrás como hacia el futuro.

En este filme, aceptar el pasado equivale específicamente a transitar el proceso de duelo para finalmente hacer pie en la aceptación.

​Flash nos permite jugar con la fantasía de remediar lo ocurrido y hacer las cosas de manera distinta; sin embargo, nos enseña que el dolor, tarde o temprano, terminará apareciendo, pues es un elemento constitutivo de la condición humana. 

Esta idea me hizo recordar a un amigo analista que me contó que varias veces los pacientes que acuden a su consultorio or por primera vez dicen que van a probar para ver qué les pasa, de cómo pueden mejorar sus vidas ya ordenadas o más o menos resueltas (en el sentido que no sienten tener mayores problemas que algunas dificultades ocasionales), pero que a la tercera o cuarta sesión aparecen todos los monstruos y conflictos no resueltos o ni siquiera comprendidos de su propio pasado.

Esta película, de la que no esperaba nada, o tan solo las virtudes de los FX, resultó ser una gran sorpresa, una historia que equilibró perfectamente el entretenimiento con un poco de reflexión sobre las cosas que nos duelen.


 




sábado, 20 de septiembre de 2025

En cada esquina hay un café esperándote | Mendel, de Stefan Zweig

 

Cuando en una entrevista le preguntaron a Saer qué es “lo imborrable”, el autor santafesino respondió contundente: lo imborrable es aquello que ha sido escrito.

En Mendel, el de los libros, de Stefan Zweig (publicado por Ediciones Godot en 2021; traducido por Nicole Narbebury), nos encontramos con que, en palabras del autor, “los libros también pueden ser escritos para conservar un vínculo con las personas, más allá del propio aliento, y así defenderse del implacable adversario de toda la vida: la fugacidad y el olvido”.

La novela está escrita en primera persona y la historia transcurre en Viena.

Una lluvia hizo que el narrador busque refugio en uno de los tantísimos bares de la ciudad para protegerse del agua: 

“Por suerte, en cada esquina de Viena hay un café esperándote”. 

Es el café Gluck. Hermosa descripción que hace de la sensación que muchas veces, nos sucede a los lectores cuando visitamos un bar, una especie de ritual.

Pero después de esa fascinación inicial por ese espacio al narrador le surge una incomodidad: sabe que estuvo alguna vez en ese lugar, pero no encuentra el recuerdo que lo enlace

“Cuánto más intentaba captar ese recuerdo, más malicioso y escurridizo se me escapaba”.

Hasta que lo encuentra. Una mesa vacía, que supo ser el lugar de trabajo de una persona fascinante.

 ¿Quién es Mendel, el de los libros? 

Era una enciclopedia humana, ni siquiera un bilbiotecario o un hombre memorioso. 

“Él no leía los libros por su sentido, por su contenido intelectual y narrativo: solo atraían su pasión su nombre, su precio, su forma de publicación, su primera portada”.

Aislado del mundo exterior y ajeno a su alrededor, mucho más de la vida real, inmutable a los ruidos, solo tenía los sentidos para leer y clasificar. 

Todos los días, desde la mañana hasta la noche, en una misma mesita de ese bar de Viena.

El verdadero objetivo o satisfacción de Mendel consistía en poder dar a quien necesite la información necesaria para que consiga los libros que tanto buscan. 

Es en este libro cuando nos damos cuenta de la satisfacción del librero al conseguir un ejemplar que estuvo dando muchísimo trabajo localizar; es Mendel quien siente la mayor satisfacción por la tarea cumplida.Y esa satisfacción es el motor de todo librero de ley.

Vuelvo a la narración. Un día las fuerzas de seguridad se llevan detenido a este hombre por intercambiar correspondencia con un librero francés o inglés, que más da. 

Nada malo vemos en esta actividad pero los aparatos represivos en épocas de la Primera Guerra Mundial sí. Y es a partir de ese momento en que el destino de la vida de Mendel cambia por completo.

Como en “Novela de ajedrez”, la historia nos lleva al fango del siglo XX, a sus guerras infames, y al temor de las personas que las padecen.

Como bien sabemos, Stefan Zweig y su esposa Lotte Altmann dejaron Europa cuando el poder de Hitler se iba expandiendo por ese continente. 

Luego de exiliarse en Inglaterra, Francia, y Estados Unidos, el matrimonio se radicó en Brasil.

 Finalmente, en 1942 y ante el avance del nazismo, el terror dominó por completo al matrimonio, y no pudieron encontrar otra opción a la decisión que juntos tomaron, el suicidio.