miércoles, 20 de diciembre de 2017

Alejandro Modarelli: "Los lectores y los libros"



Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

No más de quince. Aclaro que tengo un problema de vista incipiente (drussen) que me obliga a leer con bastante esfuerzo.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Disfruté “El Reino”, de Emmanuel Carrère; “Leche materna”, de Edward Sr. Aubyn, me hizo dio placer y risa “La Escuela Neolacaniana de Buenos Aires”, de Ricardo Strafacce, me enloquecí con “Black Out”, de María Moreno, brillantes los últimos poemas de Ariel Schettini que circulan por la web y originarán un libro virtual en breve, experiencia de lectura, esta, que me volcó a un libro suyo anterior, Estados Unidos. 

De María Pía López: “Yo ya no, el don de la amistad”. Después señalo los últimos libros de reflexión ética de Judith Butler, de Marcos de Guerra a “Cuerpos aliados”. También “La agonía de Eros”, de Byung-Chul Han, la primera parte de “El uso de los cuerpos”, de Agamben. “Infancia en Berlín”, de Walter Benjamin. De Zizek, E. Satner y K Reinhard, “El prójimo. Tres indagaciones en teología política”. De Toni Negri, “Biocapitalismo”. “Putos de fuga.ar”, de Rocco Carbone.

Espero con ansiedad sentarme a leer una biografía que me recomiendan los que ya la leyeron y escribió mi editora de SOY, Liliana Viola: “Migré”.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Desde hace años leo a muchos cronistas maravillosos como Carlos Monsiváis, Pedro Lemebel, Bernardo Kordon, Walter Benjamin (“Infancia en Berlín”). Amo la obra de Aurora Venturini. Leí y aprendí de Jean Genet, de Copi, de Manuel Puig; en alguna época seguí a Mishima. Son quienes, creo, más influyeron en mis libros de crónicas. 


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

El Castillo”, de Kafka. “Escenas de pudor y liviandad”, de Carlos Monsiváis. “Austria-Hungría”, de Néstor Perlongher. “Los detectives salvajes”, de Roberto Bolaño. Los cuentos reunidos, de Clarice Lispector. De Hanuki Murakami me encantó “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”. “Borges”, de Adolfo Bioy Casares. Las obras de teatro de Bernard Shaw. “Los inconsolables”, un libro rarísimo e hipnótico de Kazuo Ishiguro. “La luz argentina”, de César Aira. “La ciudad de las ratas”, de Copi. Tantos… 


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Me gustaría  haber completado la lectura de todos los tomos de “En busca del tiempo perdido”, De Marcel Proust pero solo leí algunos. Ya no creo que tenga energía para acometer el recorrido de semejante monumento literario.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Sólo pude disfrutar en partes el “Ulysses”, de James Joyce. De hecho no pude terminarlo.


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Alejandro Modarelli: escritor y periodista nacido en Buenos Aires. Autor de El universo no debe repetirse (relatos, 1995, publicado por beca del Fondo Nacional de las Artes), coautor de Fiestas baños y exilios. Los gays porteños en la última dictadura (Sudamericana, 2001), Rosa prepucio. Crónicas de sodomía, amor y bigudí (Mansalva, 2011), La noche del mundo (Mansalva 2016). Participó en varias compilaciones: Un cuerpo, mil sexos. Intersexualidades (Comp. Raíces Montero, E. Topía), Otras historias de amor (Comp. Adrián Melo, E. LEA) Memorias, identidades y experiencias trans. (In)visibilidades entre Argentina y España (E. Biblos, comp. Jorge Luis Peralta), entre otras. Colaborador en Suplemento Cultura del diario La Nación hasta 2001, actualmente colaboro en el Suplemento SOY del diario Página 12 y en la revista de cine Kilómetro 111.  

viernes, 15 de diciembre de 2017

Ingrid Sarchman: "Los lectores y los libros"


Ingrid Sarchman*

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Me resulta difícil precisar un número exacto porque además de libros completos, leo muchos fragmentos, capítulos de ensayos, etc. Además, este año volví a muchos libros que ya había leído en años anteriores También me permití, por primera vez, empezar libros y dejarlos por la mitad. Creo que entre todo eso, podría llegar a unos sesenta aproximadamente.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Por suerte he leído muchos que me han gustado y que, al momento de terminarlos, dije: “este es el libro del año”, frase que he repetido con varios. Entre ellos “El artista más grande del mundo” de Juan José Becerra, “Los días de Jesús en la escuela” de JM Coetzee y “Lo que el cuerpo sabe” de David Grossman y “Fuera de lugar” de Martín Kohan.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

A medida que van pasando los años, la lista de preferido se va engrosando, pero sin dudas, los autores de los que creo he leído todo (o casi todo) son JM Coetzee y José Donoso. Con ambos me pasa lo mismo: empiezo a leer y siento que hay algo en esa manera de escribir que me agarra y no me suelta. No tiene que ver con no poder dejarlos, de hecho son los libros que más lento leo, como cuando comés algo que te gusta mucho y no querés que se termine. Pero insisto, no tiene que ver, necesariamente con una lectura amable o fluida, más bien todo lo contrario, instan a una lectura “con los sentidos alerta”. El único problema, me pasa especialmente con Donoso, es que llega un momento en el que empiezo a adivinarme el truco, el “rulo” de su escritura.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No sólo no impondría una lista a la manera de “deber”, sino que, casi de manera egoísta, creo que cada uno tiene los libros preferidos “que se merece”. El efecto que te puede producir un libro es tan subjetivo, que no me animaría a armar ninguna lista, salvo que hablaras de Best sellers, pero no sé si son libros que entran en la categoría de imprescindibles.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

“Ulysses” de Joyce. Tengo un viejo ejemplar en la biblioteca heredado de alguien, pero lo miro con respeto y no lo abro. Algún día espero perderle el respeto.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

“Adan Buenosayres” de Leopoldo Marechal, sin dudas. Tardé mucho en leerlo y en ningún momento pude engancharme con el tono. Tal vez fue porque lo leí con la obligación de que me tenía que gustar. No sucedió y me costó terminarlo.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Hace unos meses leí “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin. Es un libro de cuentos, y en esa manera de escribir vas encontrando una voz muy interesante. No sé si me fascinó pero sí me dio ganas de seguir encontrando ese tono en otros libros o compilaciones.

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Ingrid Sarchman es Licenciada en Comunicación, docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en la carrera de Bellas Artes de la UNLP y en la Fundación Universidad del Cine. Forma parte del comité editorial de la Revista Artefacto, pensamientos sobre la técnica. Escribe para distintos suplementos culturales, Revista Ñ, La Agenda BA, Revista Paco y Panamá Revista  entre otros donde se especializa en las relaciones entre tecnología, sociedad y producciones artísticas.


* La imagen fue citada de la revista digital Anfibia

jueves, 14 de diciembre de 2017

Alexandra Kohan: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

No llevo la cuenta de lo que leo y hasta tiendo a olvidarme. Pero me pasa que, si bien leo todo el tiempo que puedo, a veces me resulta poco en relación a todo lo que quiero leer. De todas formas, estoy contenta con lo que leo y eso hace que se diluyan las cuentas de lo que leí y de lo que todavía no leí. 

¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año? 

¿De ficción? Me gusta el exceso que pone a jugar Juan José Becerra en “El artista más grande del mundo”. Me gustó muchísimo el tono sutil en el que Mauro Libertella narró el desamor en “Un reino demasiado breve”, me volvieron a fascinar -leí sus tres novelas- la escritura y la mirada de Leonardo Sabbatella en “Tipos móviles”. Es una mirada que hace foco en los detalles pero con el gesto del miope: el de sacarse los anteojos para ver de cerca. Esa mirada construye personajes apocadamente intensos. En su escritura hay momentos del mejor objetivismo, la disfruto especialmente.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Te digo mis preferidos últimamente: Faulkner, Antonio Di Benedetto, Juan José Saer. Hebe Uhart, Selva Almada. Juan José Becerra, Gustavo Ferreyra, Leonardo Sabbatella. Te menciono los preferidos con los que no me casé.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No se me ocurre una oposición más fuerte que lectura y deber. Las veces que alguien me dice que conoció tal libro o tal autor por algo que yo dije me da satisfacción el hecho de saber que transmití algo de lo que esa lectura produjo en mí, y eso está en las antípodas del imperativo.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

La Ilíada entera.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

“Madame Bovary”. Empiezo y lo dejo aunque siempre en un lugar distinto. Entiendo que el aburrimiento sea parte del asunto de la novela pero, como Emma, prefiero que la lectura sea lo otro de la vida. Es decir: no quiero que un libro me aburra.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Estoy terminando “El salto de papá” de Martín Sivak y descubrí que me interesé por un libro autobiográfico de estas características: escrito por alguien que se dedica más bien a la investigación Claro que está muy perfectamente logrado el tono. Y un gesto que me parece genial es el modo en que narra sin épica, hasta diría que narra contra la épica, con humor y sin estridencias. Largué carcajadas en muchos momentos. Por otra parte desacraliza muy agudamente dos cosas que suelen fascinar: un padre y un suicidio. Imagínate el suicidio de un padre. Como lectora lo agradezco. A la vez tiene momentos sumamente conmovedores.


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Alexandra Kohan es psicoanalista y docente regular de la Cátedra II de Psicoanálisis: Escuela francesa, de la Facultad de psicología de la Universidad de Buenos Aires. También es docente y supervisora del Centro Dos, e integra el espacio de investigación en psicoanálisis: Psicoanálisis Zona Franca. Coordina diversos grupo de estudio. Cursó la maestría en Estudios Literarios de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, para cuya finalización está escribiendo la tesis, “Barthes y Lacan: la lectura como resistencia a la doxa”. 




miércoles, 13 de diciembre de 2017

Sebastián Lidijover: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Este año no leí tanto. Creo que fueron unos veinticinco libros. Quizás un poco más, pero no sé. Fue un año agitado. Además de ciertos cambios en mi trabajo, que me tuvieron bastante ocupado, encaré otros proyectos y me quedó poco tiempo para leer lamentablemete. La culpa es de Netflix, siempre.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Todo lo que leí este año fue por trabajo. O fue un libro del que hice la prensa o fue un libro de un invitado al programa de radio. De todas formas tengo la suerte que en ambos casos son todos libros que disfruto.
Así pensando rápido se me vienen a la cabeza estos tres:

  • Cáscara de nuez de Ian McEwan.
  • La Feliz de Camilo Sánchez.
  • La chica del milagro de Cecilia Fanti.

Los tres tienen algo con el tono. Bueno, en el caso del de McEwan más que con el tono es con el narrador. Es una especie de policial contado desde la voz del feto que está por nacer y que, desde la panza, es testigo del entramado de su madre y del amante para matar a su padre. Una idea que dicha así tiene todos los componentes para el fracaso. Nada peor en la literatura que una idea ingeniosa y con una trama digna de un póster con John Travolta haciendo morisquetas al estilo de Mira quién habla. Pero no. McEwan logra una novela genial. Con una voz muy potente a la vez que divertida e increíblemente verosimil.
Con el de Camilo Sánchez lo que me encantó fue que siendo una novela sobre Olmedo y Monzón –puntualmente del verano del ’88 donde Monzón mata a la esposa y Olmedo se tira del balcón- no es una novela sobre Olmedo y Monzón. Hay algo en el tono, en la decisión de contarlo sin usar los nombres (Olmedo es El Claun, Monzón El Campeón, el facha Martel es El Langa) que lo convierte en una especie de baile de máscaras. Donde esas máscaras tienen mucha más profundidad que los rostros reales.
El de Cecilia Fanti es el último que leí. Lo terminé hace unos días. Una novela tremenda, que está dentro del género de no ficción. Esa cosa híbrida que a veces es dificil de explicar pero que para que funcione, por lo menos para mí, tiene que funcionar literariamente. Fanti logra contar la historia de un cuerpo que se rompe, dándole voz a ese cuerpo. Haciendo incluso que ese cuerpo grite.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

No sé si tengo autores preferidos, así… Como autores de los que me pondría una remera con su cara y saldría a caminar por la calle sacando pecho. En una época podría haber contestado Umberto Eco, pero hace tanto que no leo un libro de él que no me siento con derecho a meterlo en la lista. Podría decir Amélie Nothomb, porque no importa que algunos libros sean más flojos que otros, a Amélie Nothomb la queremos siempre. Te diría Delphine de Vigan, pero después de Basada en hechos reales quedó ahí en la cuerda floja. Le perdonamos ese libro, pero todo depende del próximo. Igual te queremos Delphine. ¿Vale poner a David J. Poissant en la lista de favoritos, aunque solo tenga un libro –un excelente libro- de cuentos? Va a la lista, con un voto de confianza que su próximo libro nos volará la peluca.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

-Moby Dick de Hermann Melville.
-Las mil y una noches. La edición de Mardrus traducida por Vicente Blasco Ibáñez.
Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa.
El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.
Tragedias griegas (no importa cuáles, pero no menos de diez).
Obras de Shakespeare (no importa cuáles, pero no menos de diez).
Más que humano de Theodore Sturgeon (pero si ya no lo leíste posiblemente se te haya pasado el cuarto de hora).
La divina comedia de Dante (sin matarse leyendo las notas al pie, hay entrarle ingenuamente al texto).
Crónicas marcianas de Ray Bradbury.
Las ciudades invisibles de Italo Calvino.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

El Ulises pero como ahora en diciembre sale una edición por Edhasa es muy posible que este verano salde esta deuda pendiente.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

No me acuerdo si lo terminé y no me acuerdo al final si me gustó (lo que ya debe ser un indicio de que no) pero cuando leía La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes lo había rebautizado El parto de Artemio Cruz por lo que me estaba costando leerlo.
También abandoné En busca del tiempo perdido de Proust en el volumen uno. Sé que en algún momento de mi vida lo leeré, pero todavía no llegó ese momento. Muy ricas las magdalenas igual.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

No había leído nada de Juan Forn, ni siquiera sus columnas (me da un poco de vergüenza confesarlo). Mal yo. Recién lo “descubrí” este año. No me juzguen.


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Sebastián Lidijover por él mismo

Trabajé durante 10 años como librero. Luego me convertí en promotor de libros, en la distribuidora Riverside Agency. Eso significó pasar de recomendar libros a los clientes a recomendar libros a los libreros. Más adelante sumé el manejo de las redes sociales de Riverside, siempre con el mismo objetivo: promocionar libros con entusiasmo. En el último año dejé de ocuparme de las redes sociales porque en la empresa no estaban interesados en destinar tiempo a esa área.  Desde hace tres años y medio dejé de ser promotor de libros para ocuparme de la prensa de Edhasa, Anagrama, Salamandra y La Brujita de Papel entre otros sellos distribuidos por Riverside Agency.
Desde julio de este año, junto a Ana Correa, los jueves a las 22 en Radio Cultura (FM 97.9) hacemos un programa sobre libros, “Notas al pie”.
Además en los últimos meses me sumé al equipo de Fundación Filba para dar una mano con algunos temas de comunicación.
Por otro lado, una de las consecuencias de no manejar más las redes de Riverside Agency implicó dejar de hacer la “Foto Loca de los Viernes”. ¿Qué es la “Foto Loca de los Viernes”? Es una foto en donde, sin utilizar photoshop, pongo a jugar la tapa o el interior del libro con el paisaje de fondo. Lo hice de forma ininterrumpida desde el 27 de mayo de 2011 hasta el 9 de junio de 2017. Todos los viernes del año sin falta (link al álbum). Duré poco sin Foto Loca. De la cuenta de Instagram La gente anda leyendo me convocaron para seguir haciéndola, así que desde el 14 de julio la Foto Loca sigue fotoloqueando por ahí.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Yamila Bêgné: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

No me gusta llevar ese tipo de registros.
  
¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Una ofrenda musical, de Luis Sagasti. Conjunto vacío, de Verónica Gerber. La materia de este mundo, de Sharon Olds. Roxana, de Daniel Defoe (hermosa edición de La bestia equilátera). Cartas a un buscador de sí mismo, de Henry David Thoreau.

¿Cuáles son tus autores preferidos?

Juan José Saer, Walter Benjamin, Jean-Jacques Rousseau, Silvina Ocampo, Samuel Beckett.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No me atrevo a decir eso. Pero como sí creo que está muy bien darse obligaciones a sí mismo, elijo, sí, siete para mí:

  • Nadie nada nunca, de Juan José Saer.
  • Las ensoñaciones del paseante solitario, de Jean-Jacques Rousseau.
  • Calle de mano única, de Walter Benjamin.
  • La experiencia interior, de George Bataille.
  • La furia, de Silvina Ocampo.
  • Zama, de Antonio Di Benedetto.
  • Worstward Ho, de Samuel Beckett.

  ¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

El Tristam Shandy, de Laurence Sterne.

¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Ulises, de James Joyce.

¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Dista muchísimo de ser un descubrimiento, pero Darwin: sus diarios y su autobiografía.

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Yamila Bêgné (Buenos Aires, 1983) es licenciada en Letras (UBA) y magíster en Escritura Creativa (UNTREF). En 2014 publicó su primer libro de relatos, Protocolos naturales, por Metalúcida Editora, y en 2015, El sistema del invierno, en Ediciones Outsider. Ha participado en revistas digitales de literatura, como El Interpretador y Letral, y en distintas antologías, como Una terraza propia. Nuevas narradoras argentinas (Norma, 2006), El tiempo fue hecho para ser desperdiciado. Antología urgente de nuevos narradores argentinos (Libros del perro negro, 2011) y La frontera durante (Outsider, 2014). Los límites del control (Alto pogo, diciembre de 2017) será su tercer libro de relatos.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Alberto Giordano: "Los lectores y los libros"

Alberto Giordano, autor del libro "El tiempo de la convalecencia", editado en junio de ese año bajo el sello Iván Rosado .

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

En mi caso (soy profesor e investigador), la lectura es una forma de diversión, pero también un ejercicio profesional, así que leo y releo bastante. Por decir un número verosímil, pongamos que en 2017 leí trescientos libros, de muy distinta extensión (prefiero que no sean demasiado largos).


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

El Diario literario de Paul Léautaud (la transmutación de una vida más bien trivial en una obra interesante, a fuerza de escepticismo y sutileza). Caminantes de Edgardo Scott (un ensayo de tema y forma encantadores). Ikebana política de Claudia del Rio (los cuadernos de ejercicios de una artista pop y zen). El hada que no invitaron de Estela Figueroa (la forma en que el ritmo configura experiencias dolorosas, íntimas o colectivas, de una manera sobria y conmovedora). El chico de Roberto Videla (un pliegue inesperado y valiente dentro de una obra autobiográfica impar). La edad de la lectura y otros ensayos de Juan Ritvo (uno de los libros más sabios y estimulantes en mi formación como ensayista crítico).


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Roland Barthes, Jorge Luis Borges, Manuel Puig, Georges Simenon, César Aira, Felisberto Hernández, Julio Ramón Ribeyro, Elvio Gandolfo, Roberto Arlt, Scott Fotzgerald.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

La cámara lúcida de Roland Barthes; Otras inquisiciones de Jorge Luis Borges; Cae la noche tropical de Manuel Puig; El hombre que miraba pasar los trenes de Georges Simenon; Cómo me hice monja de César Aira; Narraciones completas de Felisberto Hernández; La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro; Mi mundo privado de Elvio Gandolfo; Los siete locos-Los lanzallamas de Roberto Arlt; Tierna es la noche de Scott Fitzgerald.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Memorias de ultratumba de Chateaubriand.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Paradiso de José Lezama Lima.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

El año del pensamiento mágico de Joan Didion.


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Alberto Giordano nació en Rufino en 1959. Vive en Rosario desde 1971. Crítico y ensayista. Profesor en la Universidad Nacional de Rosario e investigador de CONICET. Entre sus libros se encuentran: El tiempo de la convalecencia. Fragmentos de un diario en Facebook (2017); El pensamiento de la crítica (2016); La contraseña de los solitarios. Diarios de escritores (2013), Modos del ensayo. De Borges a Piglia (2005) y El giro autobiográfico de la literatura argentina actual (2009).





miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mariana Travacio: "Los lectores y los libros"

Fotografía: Alejandro Jandry


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Suelo leer dos o tres libros por semana. Eso da unos ciento veinte libros al año. Es lo que debo haber leído este año, también.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Leí relativamente pocas novedades editoriales este año. Eso sí fue excepcional. Se lo debo a dos vicisitudes: 1. A mi biblioteca, que me juega malas pasadas de tanto en tanto: se desordena espantosamente. Cuando el desorden alcanza un nivel intolerable para mí, me dispongo a ordenarla y sé que entro en riesgo: pierdo las riendas y acabo leyendo lo que ella me impone. Este año fue un poco así: anduve largas semanas detenida en las indeclinables imposiciones de mi biblioteca. 2. A la escritura de una novela que arrancó con un tono un tanto peculiar y que me llevó a algunas lecturas específicas, no muy contemporáneas.

Dejando estas anécdotas de lado, nombraría: "Las aventuras de la China Iron", de Gabriela Cabezón Cámara, que acabo de leer, "Una ofrenda musical", de Luis Sagasti, "Las lágrimas", de Pascal Quignard, "Notas de campo", de Hernán Ronsino, "Adentro tampoco hay luz", de Leila Sucari, y libros del año pasado que alcancé a leer este año: "Intemperie", de Eduardo Lalo, "La condición animal", de Valeria Correa Fiz, "Tres veces luz", de Juan Mattio, Sobre lo anterior, también de Pascal Quignard, y libros de años pretéritos con los que me crucé este año: "Una letra femenina azul pálido", de Werfel, -delicada pieza que leí a recomendación de Pablo Pazos-, y "La première gorgée de bière," esas bellas postales sobre la nostalgia que escribió Philippe Delerm. Y ando con muchas ganas de leer dos libros de reciente edición: "Una casa junto al Tragadero", del querido Mariano Quirós, flamante Premio Tusquets de novela, y "Cadáver exquisito", de la querida Agustina Bazterrica, flamante Premio Clarín de Novela.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Al voleo: Lobo Antunes, Nabokov, Lem, Borges, Rulfo, Saer, Onetti, Levrero, Macedonio, Pessoa, Lispector, Guimarães Rosa, Chico Buarque, Marcelo Cohen, Quignard, Yourcenar, Duras, Barthes, Kafka, Tolstoi, Foster Wallace, Bolaño, Vila-Matas. Algo así.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Leer es un acto de orden íntimo. No creo que se le pueda decir a otro qué debe leer. Si lo pienso desde mí, es muy difícil que avance en una lectura si no son esas páginas las que me llaman. Suelo hojear los libros, antes de leerlos: salteo contratapas, y prólogos, y voy directo a las primeras páginas. Tiene que haber algo en la gramática del texto, algo ahí, que me convoque.
Lo que sí puedo hacer es nombrar algunos libros con los que fui feliz.
Hoy es sábado, y llueve, y de un modo completamente arbitrario recuerdo, por ejemplo:

"Barra siniestra", de Vladimir Nabokov: me acuerdo de leerlo en un hotel, en las cataratas del Iguazú, en estado de deleite. Sobre el final del texto, me vi arrojando el libro contra la pared del cuarto. Después lo fui a recoger, indignada. Respiré hondo y terminé de leerlo y me escuché pronunciando en voz alta: sos un hijo de puta. Creo que lo dije más de una vez, y después me quedé ahí, inmóvil en el cuarto, hasta que se hizo de noche.
"Pnin" y "Pálido fuego", de Nabokov, también me conmovieron.

"Manual de inquisidores", de Lobo Antunes: me deslumbró su gramática de la memoria, que la vuelve materia, como si fuese palpable.

"Estrella distante", de Roberto Bolaño, o "El entenado", de Juan José Saer, me parecieron artefactos narrativos tan limpios, y tan gozosos.

"El testamento de O’ Jaral", de Marcelo Cohen, tiene unos pasajes de una precisión monstruosa.

La muerte de Iván Illich, de Tolstoi, tan palpable.

Rulfo me puede: no hay un año en que no relea "El llano en llamas" o "Pedro Páramo". Es casi una necesidad física. Hay algo en esa gramática que me limpia, o que me allana.

"Escribir", de Marguerite Duras, me  interpela: necesito volver a él, también, cada tanto.
"Leche derramada", de Chico Buarque, tiene un modo de hilvanar recuerdos que me trajo reminiscencias de Lobo Antunes y contiene, además, algunos pasajes absolutamente memorables: la mirada aguda, tan precisa.

"La familia", de Gustavo Ferreyra, es otro libro que me conmovió.

Con Pascal Quignard todavía no sé bien qué me pasa, pero algo en su sintaxis me llama poderosamente. Se me vuelve adictivo.

Lem me hace reír como pocos. "Magnitud imaginaria" o "Vacío perfecto", por ejemplo, me han hecho reír infinitamente. También, sus "Diarios de las estrellas".

Y si hablo de risas, ahora me acuerdo de una escena de "La monja alférez", de Thomas de Quincey, que es francamente imperdible.

Y así podríamos seguir, rememorando lecturas. Sólo atino a pedir disculpas por una lista tan arbitraria: es una noche inexacta.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

No me juro leer. Me parece que leer es un asunto de diálogo, o de encuentro. No se le impone un amor a nadie. Sucede o no sucede. Y eso es todo.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

He padecido, obligada por razones de estudio, en dos momentos de mi vida, los textos del maestro del punto de vista. No descarto que en otro momento nos podamos encontrar. Pero, por ahora, James y yo sólo hemos logrado unos encuentros desabridos, bastante tediosos y poco fructíferos.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Quizás sea el año en que descubrí a Eduardo Lalo. Era abril. Había ido a visitar el stand de Corregidor en la Feria del libro de Buenos Aires y Federico Gori me recomendó que leyera "Simone". Eso hice. Me encontré con una gramática despojada y con una lógica fragmentaria que me interpelaron largamente. Y así seguí, este año, leyendo a Lalo.

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Mariana Travacio nació en Rosario, se crió en São Paulo y actualmente vive en Buenos Aires. Es Licenciada en Psicología y Magister en Escritura Creativa. Se desempeñó como docente de Psicología Forense en la Facultad de Psicología de la UBA y publicó diversos trabajos en su órbita profesional.
Ha recibido numerosos reconocimientos literarios en concursos nacionales e internacionales, entre ellos, ha sido finalista en el Premio Juan Rulfo (Paris, 2012), en el Premio Eugenio Cambaceres de la Biblioteca Nacional (Buenos Aires, 2013), en el Premio Caza de Letras de la Universidad Autónoma de México (México, 2013) y en el Premio Internacional Julio Cortázar de la Universidad de La Laguna (Tenerife, 2014).
En 2015 obtuvo el Premio Internacional de Relatos Cortos José Nogales (Huelva, España), y el Premio de Narrativa de la Hispanic Culture Review, (George Mason University, Estados Unidos).
Sus cuentos han sido publicados en antologías y revistas de Argentina, Uruguay, España, Cuba, Brasil y Estados Unidos.
Es autora del libro de cuentos Cotidiano, (Baltasara Editora, 2015), y de la novela Como si existiese el perdón, (Metalúcida editora, 2016). En 2018 publicará Cenizas de carnaval por Tusquets editores.




martes, 5 de diciembre de 2017

Julieta Lopérgolo: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste durante 2017?

No sabría decir cuántos. Este año he leído mucha poesía, mucho más que otros años. Y también releí algunos libros que hacía mucho no leía, como Sudeste, de Haroldo Conti, El llano en llamas, de Juan Rulfo, El astillero, de Juan Carlos Onetti.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Me gustaron mucho los relatos de El lugar donde mueren los pájaros, de Tomás Downey, No hay risas en el cielo, de Ariel Urquiza. No a mucha gente le gusta esta tranquilidad, de María Teresa Andruetto, El cielo de los animales, de Poissant. El libro de Leila Sucari, Adentro tampoco hay luz también me pareció una maravilla. De poesía, los libros de Elena Annìbali, no sólo Curva de remanso, también los anteriores: Casa de la niebla, Tabaco mariposa. Los libros de Denise León, todos, aunque Templo de pescadores y Poemas de Estambul son mis preferidos.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Es muy difícil responder esto. Podría decir Juan José Saer, Felisberto Hernández, Silvina Ocampo, Onetti, John Berger, Fabio Morábito, Margaret Atwood, Renate Dorrestein. La poesía de Juan L. Ortiz, Joaquín Giannuzzi, Juan Manuel Inchauspe, Héctor Viel Temperley, María Negroni, Dolores Etchecopar, Estela Figueroa. Y hay muchos muchos más.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No podría decir qué libros deberíamos leer. Sí podría decir, tal vez, qué libros me gustaría volver a leer, y de paso entran en esa lista algunos que no entraron en la pregunta anterior. El limonero real, de Saer; Los siete locos, de Arlt; Cae la noche tropical, de Puig; Los ríos profundos, de Arguedas; Pedro Páramo, de Rulfo; El astillero, de Onetti; los cuentos de Horacio Quiroga, todos; El idiota, de Dostoievski; Cuentos Orientales, de Marguerite Yourcenar; Un hombre afortunado, de John Berger y todo lo que haya escrito; la poesía de Diana Bellessi, de Tomas Tranströmer. Diez es muy poco (!).


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Tal vez no sea un libro clásico, pero es un libro que me espera. Algún día voy a leer El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Me pareció tremendamente arduo Ulises, de Joyce.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?
Yo diría que Mariano Quirós (La luz mala dentro de míUna casa junto al Tragadero) es un autor que me deslumbró. También fue un descubrimiento  la existencia del escritor angoleño Ondjaki. Su novela Los transparentes es de lo mejor que he leído este año. Otra hermosura fue encontrarme con Lucia Berlin (Manual para mujeres de la limpieza). Como dije antes, la poesía de Elena Aníbali y Denise León. También la poesía de Soledad Castresana me pareció un hallazgo, y la de Pablo Romero, un poeta tucumano muy muy joven. Sus poemas son de una belleza increíble.



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Julieta Lopérgolo nació en Rosario en 1973. Es Licenciada en Letras y en Psicología. Publicó algunos artículos en revistas académicas y reseñas en revistas literarias. Dio clases en la Universidad de Belgrano y coordinó un seminario de Literatura y Psicoanálisis con Marité Colovini: “Ellas escriben cartas de amor”, sobre Carl Jung y Sabina Spielrein, Sigmund Freud e Hilda Doolitle, Jacques Lacan y Elisabeth Geblesco.  Escribe poesía que aún permanece inédita para (casi) todo el mundo. 




lunes, 4 de diciembre de 2017

Gastón Levin: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en este 2017?

Leeré este año algo así como ochenta y pico de libros. Soy del bando de los obsesivos: llevo con detalle qué libros leí cada año desde 1998. Pero lo que me preocupa más es todo el tiempo que pierdo y que antes me dedicaba a leer. El móvil y las redes sociales reemplazaron a la lectura en algunas esperas obligadas de trámites y visitas, por ejemplo. Es, tal vez, el verdadero enemigo del libro.

¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Fue un buen año. En mi imaginario funciona como el vino. Las cosechas algunos años son magras. Por malas elecciones o altas expectativas, cuando al final del año mirás para atrás no hay mucho. En este caso disfruté muchísimo:

“El reino”, de Emanuel Carrère, “Todas las cosas”, de Nora Rabinowicz, “La vida de Assia Wevil”, de Yehuda Koren, que aunque es una biografía puede ser leída como una novela increíble. Pasa lo mismo con “Black Out”, de María Moreno. “El cuento de la criada”, de Margaret Atwood, “No hay risas en el cielo”, de Ariel Urquiza. “El cielo de los animales”, de David James Poissant, “Flipper”, de Enrique Decarli, que tiene dos cuentos de esos que te dejan tonto pensando como fue que, como en un truco de magia, funcionó el mecanismo sin que me diera cuenta. “Los mantras modernos”, de Castagnet.

Leo mucha no ficción y ahí los niveles son mas desparejos pero “La locura del solucionismo tecnológico”, de Eugeny Morozov, “Fenomenología del fin”, de Bifo Berardi, “Efecto Bethoveen”, de Diego Fischerman, “Barón Biza, el inmoralista”, de Christian Ferrer, “El salto de papá”, de Martín Sivak, “Trumplandia”, de Marina Aizen, “El cambio y la impostura”, de Ezequiel Adamovsky.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

En esto tengo el fanatismo de un hincha de fútbol: te sigo hasta en la B, hasta con los libros malos. Marcelo Cohen, Philip Dick, Roberto Bolaño, Stephen King, Emanuel Carrère, JG Ballard, John Connolly, David Foster Wallace, Kazuo Ishiguro, Fernando Pessoa… No sé, supongo que algunos cambian con las épocas. Voy a leer esta lista en unos días y me daré golpes en la frente como castigo por olvidarme de algunos.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No lo sé. No podría decirlo. Básicamente por incapacidad para elegirlos entre tanta abundancia. Entiendo que hay autores que por más canónicos que sean y por más lugares comunes en los que podríamos caer son de lectura obligada. Pero si pienso en otro lector que ya tiene una biblioteca encima podría elegir algunos “lujos” que nadie debería perderse (y otra vez a cometer injusticias) pero que son míos y solo míos:

  • “Libro del desasosiego”, de Pessoa.
  • “Regreso”, de Theodore Sturgeon, que tiene dos de los mejores cuentos que leí en mi vida y que aún me liquidan: “Regreso” y “Un trío en el huracán”.
  • “La conciencia de Zeno”, de Italo Svevo.
  • “Soy leyenda”, de Richard Matheson.
  • “El evangelio según Jesucristo”, de José Saramago.
  • Todos los libros del Delta Panoramico, el universo de Marcelo Cohen.
  • “Las vírgenes suicidas”, de Jeffrey Eugenides.
  • “Crónicas marcianas” de Ray Bradbury que lo leí otra vez este año con mi hijo mayor y brilla cada vez más.
  • “La broma infinita”, de Davis Foster Wallace.
  • “Lo que resta del día”, de Kazuo Ishiguro.

¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

No, a esta altura si no los leí (aunque pueda leerlos algún día) ya no juro más. Por algo llegué hasta acá sin ellos. Pero el día que hagan una colección con toda “La comedia humana” de Balzac ahí estaré yo en la fila.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

¡Muchos! Tal vez la lectura de muchos de ellos no sean para disfrutar si no para entender la construcción de literaturas posteriores. “Ulises” es una tortura. Volví a leer partes de “Sobre héroes y tumbas” para ayudar a alguien a hacer un trabajo y es un bostezo pretencioso aunque yo lo recordaba con emoción. Hay algunos cuentos de Cortázar que recuerdo haber leído sin entender dónde estaba lo genial. Pensé en Faulkner pero tiene poca lógica que me entusiasme leer a Foster Wallace que requiere cierta concentración.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

La novela de Nora Rabinowicz “Todas las cosas” fue un hallazgo de pura felicidad. Y nunca había leído a Christian Ferrer y me encantó.


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Gastón Levin nació en Buenos Aires en 1971. Es editor. A lo largo de su vida trabajo siempre con libros: Editoriales, distribuidoras y librerías. Pasó por Galerna, Alfaguara (Venezuela) y Libros del Zorzal, entre otras. En 2014 fundó la editorial Autoria. 








viernes, 1 de diciembre de 2017

Martín Kohan: "Los lectores y los libros"

Martín Kohan*


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en este 2017?

Rondaré entre ciento diez y ciento veinte libros leídos este año.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Puedo destacar Tipos móviles de Leonardo Sabatella, que confirma (es su tercera novela) una obra de gran nivel. Y El tiempo de la convalecencia de Alberto Giordano, el diario de una escritura que se liberó de ataduras diversas. Acabo de terminar El caballo y el gaucho de Pablo Katchadjián: otra de sus genialidades. Me gustó mucho Una ofrenda musical de Luis Sagasti, tanto como me había gustado Bellas artes. Me gustó mucho Mala época de María Sonia Cristoff.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

¿Argentinos? ¿Contemporáneos míos? Juan José Becerra (este año sacó El artista más grande del mundo), Gustavo Ferreyra, Jorge Cosiglio, Luis Sagasti. Un poco más grandes que yo: Sergio Chejfec, Matilde Sánchez, Alan Pauls. Un poco más chicos que yo: Edgardo Scott, Hernán Ronsino, Oliverio Coelho, Selva Almada.



¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Trato de nunca a decirle a nadie qué es lo que debería hacer; tampoco qué debería leer. Cuando doy cursos de literatura argentina, los armo con los textos que creo que es conveniente leer. Pero eso lo hago cuando estoy trabajando domo docente; si no, no.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

El hombre sin atributos
de Musil.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Stendhal. Debo haberlo leído muy mal, sin dudas, y por dos veces: Rojo y negro y La cartuja de Parma. Me parece que es el realismo. Me puede.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Leí El desmadre de Pablo Farrés y me pareció buenísimo. Me dispongo a leer más de él.


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Martín Kohan nació en Buenos Aires en enero de 1967. Enseña teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires. Publicó siete libros de ensayo: Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón, cuerpo y política (en colaboración) (1998), Zona urbana. Ensayo de lectura sobre Walter Benjamin (2004), Narrar a San Martín (2005), Fuga de materiales (2013), El país de la guerra (2014), Ojos brujos (2015) y 1917 (2017); tres libros de cuentos: Muero contento (1994), Una pena extraordinaria (1998) y Cuerpo a tierra (2015); y diez novelas: La pérdida de Laura (1993), El informe (1997), Los cautivos (2000), Dos veces junio (2002), Segundos afuera (2005), Museo de la Revolución (2006), Ciencias morales (2007), Cuentas pendientes (2010), Bahía Blanca (2012), y Fuera de lugar (2016).

* La imagen fue citada de la revista digital Anfibia




miércoles, 20 de septiembre de 2017

"Los chicos leen mucho más de lo que leíamos en nuestra generación"

Norberto Gugliotella autor de "Tanta felicidad".
En marzo de este año, la editorial Corregidor publicó Tanta felicidad, el primer libro infantil de Norberto Gugliotella, que cuenta la historia de Julieta, una nena que ve "peligrar su reinado" ante la inminente llegada de un bebé a la casa, ¡su hermanito! A continuación, compartiremos la entrevista que le realizó Federico Gori. 

¿Cuál es el primer recuerdo que tenés con un libro?

La primer imagen que me viene de un libro es la de mi viejo leyendo en la cocina en invierno al lado de la hornalla. Esa escena se repitió durante toda mi infancia y creo que es una de las imágenes que más me marcó sin darme cuenta, como si hubiera ido horadando en mí y se hubiese empeñado en persistir. Los libros siempre estuvieron ahí al costado esperando a que algún días los agarre y algún día los agarré.


¿Eras muy lector?

De chico leí bastante poco, recuerdo una antología de Centro Editor de El cuento infantil donde estaban muchos de los clásicos, que fui releyendo muchas veces, he leído varios de la serie Robin Hood y de Elige tu propia aventura. Pero no me puedo considerar como un gran lector de pequeño. De todos modos, María Elena Walsh marcó toda mi infancia.


¿Por qué literatura para chicos? 

Por necesidad, porque me lo pedía la mente una y otra vez desde que fui descubriendo junto a mis hijos la riqueza de la literatura para chicos. Porque me parece que es ayudarlos a descubrir el mundo y porque las historias nos tienen que acompañar siempre. Porque me encanta contar historias y por su insaciable capacidad de sorpresa.


La literatura infantil nos cuenta también a los grandes, ¿cómo manejás a los dos públicos en tus cuentos?

Nunca el único destinatario es el niño, sobre todo a edades más tempranas que no leen, pero después siempre puede haber algún docente o algún padre que también lea. Creo que se escribe para transmitir algo pero no siempre es lo mismo lo que transmite una historia en un adulto que en un chico, me parece que jugar ese doble juego es lo más lindo.


¿Los chicos leen cada vez menos?

Me parece que no. Creo que leen mucho más de lo que leíamos en nuestra generación porque ahora existe un mercado más amplio y para edades más tempranas. También hay muchos otros medios de entretenimiento que no teníamos nosotros, recuerdo un año que nos cortaban la luz toda la mañana y la tele empezaba con Batman a las seis de la tarde. No teníamos mucho para hacer. No sé si se lee más o menos pero lo que estoy seguro es que leer en la cama con los chicos antes de dormir es una de las grandes cosas que les podemos transmitir, porque ahí hay un momento de compartir una experiencia que puede disparar múltiples sentimientos y es inculcarles un hábito que los puede acompañar toda la vida y les va a permitir pensar, reflexionar y cuestionarse siempre. El cuento antes de dormir es el sueño antes del sueño.


Tanta felicidad ya tiene seis meses de recorrido, ¿qué es lo que más te sorprende de los efectos de tu libro?

Lo que más me sorprendió y lo sigue haciendo es todo lo que puede generar un texto. Me ha pasado que varios padres han llorado mientras lo leían (eso es el doble juego con el público al que va dirigido porque el adulto ve otra cosa, le pone mucha más experiencia y esa empatía me genera mucha felicidad), lo he leído ante muchos chiquitos de jardín y todos escucharon atentos y después me pedían ver los dibujos con más detalles. Claro, las ilustraciones de Daniela López Casenave son extraordinarias. Me sorprende lo que entienden los más chicos, lo que son capaces de disfrutar de una historia como la de ellos o bien distinta, no importa.


¿Qué estás escribiendo ahora?

Tengo algunos otros cuentos terminados de los que estoy bastante conforme y sigo trabajando robándole horas al sueño para contar estas historias que tanto me gustan contar. Además estoy empezando a trabajar en una novela para adultos, pero aún está en proceso de gestación.


¿Qué se hace en momentos como este, en el que la situación del país no ayuda para que haya Tanta felicidad?

Literatura.






jueves, 6 de julio de 2017

Cortázar. Walsh. Agamben. Una breve historia de los tres libros que más me costó comprar

Cuentos completos /2, de Julio Cortázar; Textos de y sobre Rodolfo Walsh, de Jorge Lafforgue (comp.) y Lo que queda de Auschwitz, de Giorgio Agamben.

A partir de una consigna que circuló hace unos días en las redes sociales y que consistía en elegir cuatro libros favoritos* se me dio por pensar en una situación no sé si parecida pero sí motivada por aquella. Recordé algunos libros, tres para ser más exacto, que por algún motivo implicó un esfuerzo importante poder adquirirlos. Esto no tiene que ver solamente con el precio de los libros, sino también con las distintas situaciones que atravesaba por aquellos años, en la ya algo lejana década del 2000.

Cuentos completos /2, de Julio Cortázar

Hace más de quince años, tal vez veinte, no había libro que deseara más que los Cuentos completos de Julio Cortázar, editados por Alfaguara. Estaba enamorado de esos libros que por aquel entonces me parecían de tamaño gigante (15x23 cm). Esa edición estaba agotada; no se conseguía el tomo 1 y el tomo 2 por ningún lado. Víctima del fetichismo, eso hizo que cuando viera alguno de los dos tomos no dudase en comprarlos, siempre y cuando tenga la plata.

Fue una mañana de lunes que salí a hacer un trámite por el microcentro porteño y de casualidad, mientras caminaba por la calle Suipacha en dirección a avenida Córdoba, apenas cruzando la peatonal Lavalle, se me dio por mirar la vidriera de la librería Casares, una de las más emblemáticas del libro antiguo y de referencia para primeras ediciones. Impoluto y brillante, estaba  ahí el tomo 2. Entré, pregunté el precio y dicho ejemplar costaba el valor de del único billete que tenía en ese momento y que me debía durar para comer y viajar toda la semana, incluido el fin de semana venidero. Debo confesar que dudé un instante pero finalmente compré el libro y me encerré toda la semana leyendo (y releyendo) el libro de quinientas páginas.

Sin ánimo de caer en los golpes bajos, sí recuerdo que eran momentos muy complicados del país; eran tiempos de colas de cuadra y media para intentar conseguir un empleo apenas decente. El mío tenía su gracia: revelaba fotos ¡las cosas que vi! pero mi situación laboral era bastante precaria. No tenía los beneficios sociales indispensables: cero aportes previsionales, sin obra social, sin aguinaldo y en negro. La paga estaba bien si había trabajo pero cuando no había, no alcanzaba para nada.

***

Textos de y sobre Rodolfo Walsh, de Jorge Lafforgue

En este libro publicado por Alianza podemos encontrar textos valiosísimos en referencia al autor de la "Carta Abierta a la junta militar". Escritores de la talla de David Viñas, Horacio Verbitsky, Pablo Alabarces, Rodolgo García Lupo, Eduardo Galeano y Martín Kohan, entre otros, escribieron sobre vida y obra de Rodolfo Walsh, tal como indica el título. Ese libro era (y es) una verdadera reliquia. De hecho, hasta hoy, no se volvió a editar.

En la primera hoja figura un precio escrito en lápiz: $25. No recuerdo el año pero sí sé que me costó mucho dar con este libro. Lo venía buscando por muchas librerías y distribuidoras. Todavía mercado libre no era una opción de consulta muy utilizada.

Dejada de lado la búsqueda en librerías, la misión consistía en recorrer las ferias y plazas donde se vendían libros usados. Así fue cómo lo conseguí una fría tarde de invierno, revisando libro por libro, en cada uno de los puestos del Parque Rivadavia.

Había dicho que no recordaba el año pero fue posterior a los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en Avellaneda, y la posterior salida del gobierno provisorio ejercido por Eduardo Duhalde. Eran los primeros años que cursaba en la facultad cuando leí de manera casi *completa la obra de Rodolfo Walsh.

* Años después iba a conseguir en la Feria del Libro de Buenos Aires las piezas teatrales La granada y La batalla, que volvió a editar De la Flor; recién ahí si pude completar la lectura de la obra completa de Rodolfo Walsh.

***

Lo que queda de Auschwitz, de Giorgio Agamben

Conocí al autor y al libro en la facultad, cuando cursé una materia que se llamaba Seminario de Informática y Sociedad de la carrera de Ciencias de la Comunicación Social (UBA) y que se ocupaba de cuestiones mucho más interesantes e importantes de la que su título infería.

Mi profesora era una de las docentes que más admiré durante mi tránsito por la facultad: Flavia Costa. Por aquel entonces, esa cátedra ya tenía publicada una de las mejores revistas sobre la cuestión de la Técnica que se llamaba Artefacto, y que cada tanto sigue saliendo algún número.

Internet no era todavía ni por asomo lo que es hoy; el concepto de redes, de 2.0 y afines eran todavía conceptos bastante abstractos; el concepto "biopolítica" recién comenzaba a pronunciarse en los suplementos culturales de los diarios masivos. En esta materia que dirigía el filósofo Cristian Ferrer (y que creo todavía dirige) a estas cuestiones, ya "le habían dado vuelta la media".

En esas clases leí por primera vez al filósofo italiano Giorgio Agamben y si bien habíamos tenido que leer algunos capítulos y no el libro entero, las ganas de leer Lo que queda... de manera completa y sin el apuro de tener que llegar a tiempo con la lectura para la clase, me quedó inoculada desde esos momentos.

Lo que queda de Auschwitz era un libro que costaba sus buenos pesos porque era importado. Los traía de España la editorial Manantial, distribuidor por aquel entonces del prestigioso catálogo que editaba Pre-Textos.

Al momento de la compra no tenía problemas con el dinero pero aún así recuerdo que su precio causaba poco menos que dolor. Igual no lo pensé mucho: cerré los ojos y lo compré.

En aquel momento había cobrado la liquidación final del trabajo al que había renunciado y la utilicé para comprarme varios libros. Ahora que hago memoria, uno de ellos era  también "La novela luminosa" de Mario Levrero.

Días después, comenzaba a trabajar en la que fue mi casa durante ocho años: Siglo XXI Editores Argentina. Pero esa será otra historia.

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* En esa ocasión elegí Glosa, de Juan José Saer; 2666, de Roberto Bolaño; El silenciero, de Antonio Di Benedetto y Ulises, de James Joyce.



lunes, 19 de junio de 2017

Juan Carlos Onetti: El niño que leía escondido en el ropero

Juan Carlos Onetti, de negro,
junto a su hermano Raúl (foto familiar).
 
La escritura de Juan Carlos Onetti fue de las más importantes del siglo XX. Cuando en Europa Albert Camus y Jean Paul Sartre se erigían en los adalides de la literatura existencialista, en Uruguay aparecía la figura de Onetti para romper con todos los moldes de la época al publicar en 1939 El pozo, su primera gran obra maestra. Mientras tanto, este texto invita a conocer la primera etapa de la vida de Juan Carlos Onetti, su niñez junto a sus hermanos, su pasión por la lectura, sus desventuras en la escuela, los escritos de la infancia que no se le iban a publicar. Todo Onetti hasta antes de convertirse en el gran escritor que todos conocemos.


Juan Carlos Onetti nació en Montevideo en el año 1909. Su papá fue encargado en un depósito de la aduana montevideana. Su mamá era descendiente de una familia brasileña esclavista. 

Onetti tuvo dos hermanos y él era el del medio: Raquel tenía dos años menos que él, y Raúl era dos años mayor.

Cuando sus padres se iban a dormir, los niños Onetti contaban hasta cien, cerraban la puerta y apoyaban un colchón en la misma para no filtrar la luz y atenuar los sonidos. Después de eso, Juan Carlos les contaba historias que él mismo inventaba.

Durante su infancia, el lugar preferido de su casa era el ropero, donde se escondía a leer.

Al pequeño Onetti le gustaba el fútbol y era hincha de Nacional. Tanto le gustaba que esperaba a los jugadores en la puerta del estadio para ofrecerles llevar el bolso y así ingresar gratis a ver el partido. Siendo adulto, el fútbol ya no sería de su interés.

Cuando la familia se mudó a Colón, Juan Carlos perdió su ropero pero eso no le impidió encontrar un refugio fresco, tranquilo y silencioso para leer: en las tardes calurosas de verano se hacía bajar a un aljibe para leer al fondo del pozo, además de un silloncito de mimbre y una jarra de limonada.

A contrapunto de lo que podría pensarse, Onetti no fue un buen alumno en la escuela, lo que no quiere decir que no haya sido (y lo fue toda su vida) un apasionado por la lectura. En las clases se aburría tanto que se escapaba del aula porque las maestras eran más burras que él. Al menos eso decía cuando lo querían retar.

Otras veces se ausentaba del aula y se recluía en el gabinete pedagógico para seguir leyendo. En otras ocasiones se iba a leer al puerto. Tal vez esas imágenes le hayan servido mucho tiempo después para escribir  una de sus grandes novelas, El astillero.

Los primeros registros que se conocen sobre las lecturas de Onetti tienen que ver con la colección de Las aventuras de Fantomas, a las que accedía vía préstamo de parte del marido de la prima de su padre. Este hombre se pasaba todo el día en la cama leyendo, algo que hará Onetti en su adultez y que disfrutará hasta los últimos días de su vida.

Recién entrado en la adolescencia, Onetti ya era un gran lector. Y no sólo eso, también empezó a moldear su figura como escritor. Si se pudiera fijar un momento de esto, la instantánea probablemente capture el día en que se decidió imitar al escritor noruego Knut Hamsun (“Bajo la estrella de otoño”, “Pan”, "Hambre", entre otros), y envió sus cuentos a la revista Mundo uruguayo. Cuentos que no fueron publicados porque cuando leían la edad del remitente, los editores del diario temían que se tratara de una broma o peor aún, porque el escritor mentía su edad.

La institución escolar fue para Onetti un lugar hostil. Aburrido y desencantado, el joven Juan Carlos dejó consciente y definitivamente el liceo. Según él, por no aprobar en distintas instancias las pruebas de dibujo, se privó de ser médico o abogado.

Esta decisión trajo consecuencias a futuro para cuando tuvo que conseguir empleo. Eran trabajos duros, que requerían grandes esfuerzos físicos y por supuesto, mal remunerados. Fue albañil, mozo, empleado de una fábrica de silos, aprendiz de pintor, encuestador de censos en Colón. También fue secretario de un consultorio médico y representante de una casa de neumáticos. Después llegó a trabajar en una agencia internacional de noticias.

Nos detenemos acá ante una historia no tan conocida. En épocas de la Segunda Guerra Mundial Onetti trabajaba para la agencia Reuters. En una guardia nocturna, la máquina titilaba, envía señales, signos que debían ser decodificados. Juan Carlos avisaba de esto. Quien tenía aquella función le dijo a Onetti que no se preocupe, que mañana bajaba la noticia. Juan Carlos tomó la iniciativa y comenzó la “traducción”. El mensaje anunciaba el desembarco en Normandía. El momento clave de la II Guerra Mundial llegó a estos lados del mundo gracias al trabajo de Onetti.

A los veintiún años dejó Montevideo y se casó con su prima María Amalia Onetti. Meses después nace su hijo Jorge Onetti Onetti. A los pocos años se separa de María Amalia y vuelve a Uruguay. Se enamora de María Julia Onetti, hermana de María Amalia.

La pobreza fue un estigma que lo acechó durante mucho tiempo, especialmente los primeros años de su casamiento, cuando vivió en Buenos Aires. Cuenta Onetti que recorría la calle Corrientes no buscando el mango sino cinco mangos, porque tenía una mujer que se quedaba en la cama de debilidad, de pura hambre, sin poder moverse. Esta cita nos hace acordar a las primeras páginas de su última novela Cuando ya importe:

“Y así: ella acostada y yo caminando, ida y vuelta, por la avenida buscando tropezar con algún ser muy amigo al que no me humillara pedirle dinero”.

Hasta que en 1939, tras haberse quedado un fin de semana sin tabaco, escribe y luego publica su primera obra maestra, El pozo.

Continuará...

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Todo lo escrito en este texto se basó en la bibliografía citada a continuación. Solamente de mi autoría es el ordenamiento y conjunción de todos los hechos narrados.

Juan Carlos Onetti, Confesiones de un lector, Alfaguara.
Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe, Punto de Lectura.
Carlos María Domínguez, María Esther Gilio: La construcción de la noche. La vida de Juan Carlos Onetti, Lumen.
Antonio Muñoz Molina, “Sueños realizados. Invitación a los relatos de Juan Carlos Onetti”, prólogo en Cuentos Completos, Juan Carlos Onetti, Alfaguara.







lunes, 12 de junio de 2017

TALLERES LITERARIOS. Otro modo de leer y escribir


La lectura y la escritura no sólo incluyen a los bares, cafés y bibliotecas, sino también a otros espacios que cada día son más concurridos: los talleres literarios. 

Ya sea para profundizar los conocimientos de la obra de algún autor o para "cerrar una novela", o estimular la imaginación para escribir cuentos, o explorar la propia sensibilidad y dar forma a una poética propia, los talleres literarios son cada vez concurridos por cientos de personas que ven a estos espacios como el ámbito ideal para llevar a cabo las actividades mencionadas. A continuación y a pesar de que la lista es tan larga como recomendable, daremos una breve guía de quiénes y qué se está dando en sus respectivos talleres de escritura y de lectura.

Con la premisa de "trabajar fuerte", desde hace más de veinticinco años, Alejandra Laurecich da talleres grupales de narrativa. Con los que tienen obras avanzadas, hace la precisa tarea de supervisión. Contacto: info@la-balandra.com.ar o https://www.facebook.com/alejandra.laurencich (inbox).

Los talleres de la escritora y periodista cultural Laura Galarza ya son un clásico. En pocos días, los sábados 17 y 24 de junio y el 8 de julio, se leerán y analizarán las estrategias narrativas de Alice Munro, Katherine Mansfield, Abelardo Castillo y Tobías Wolff, entre otros. En Palermo.
Para más info: mlauragalarza@hotmail.com

El escritor Luis Mey, que acaba de publicar “Los pájaros de la tristeza”, da un taller de cuentos y novelas en la zona de Recoleta bajo la modalidad grupal o individual. Los sábados trabaja solamente de modo grupal y dicta sus clases en La Paternal.
Contacto: https://www.facebook.com/luis.mey.9?ref=br_rs (inbox).

Por la zona de San Telmo, Elisa Mondelo y Gabriela Borrelli Azara dan un taller de escritura de poesía y cuento breve. Se reúnen a las 16 horas y pueden solicitar más información escribiendo a: poesiamalditopan@gmail.com

El 10, 17 y 24 de junio, Silvia Arazi coordina su ciclo "Té de palabras", donde se leerán cuentos de Silvina Ocampo, Katherine Mansfield y Clarice Lispector para analizar, disfrutar y pensar sus estrategias narrativas. El encuentro está acompañado por un té y cosas ricas para compartir.
Más información: silviarazi@hotmail.com 

Desde hace veintiún años años, Patricia Clavijo da talleres de narrativa en la zona de Avellaneda Centro. Trabaja con adultos y también con jóvenes. Se puede consultar en su página personal de facebook o escribir a su correo: patriciaclavijo12@gmail.com

La narradora y poeta Anahí Flores brinda talleres de escritura creativa (nouvelle, cuento, poesía) y de revisión de obra. La modalidad puede ser a distancia o presencial. Más información: anahiflores.org@gmail.com

Flor Codagnone comienza un ciclo de iniciación a la poesía a partir de julio.  Además, sigue con sus clínicas literarias que consta de encuentros individuales para trabajar textos que quieran ser publicados. Las actividades se dan en la zona de Facultad de Medicina. Para más datos, escribir a: florcodagnone@gmail.com

La narradora y coordinadora del ciclo "Ficciones" en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Maumy González propone un espacio para la escritura llamado La Aquateca. Allí se leen, corrigen, pulen textos, además de explorar la creatividad de cada uno de los participantes. También ofrece asesoramiento a distancia y clínicas de seguimiento. Todos los lunes, de 19 a 21 horas, zona Almagro. Contacto: difusion.aquavioleta@gmail.com

Santiago Llach, uno de los docentes más reconocidos en este tipo de espacios, da clases individuales y presenciales de escritura creativa. También ofrece cursos individuales o grupales, presencial o vía skype. Para más información escribir a: santiagollach.taller@gmail.com

Para profundizar en la lectura de la obra de Osvaldo Lamborghini y César Aira, la persona indicada es Ricardo Strafface, que da su taller en el barrio de Palermo.  A la salida de las clases "formales", a los que quieren y pueden, se le agregan mágicas charlas en el "anexo" del taller: el café Varela Varelita. Mäs información: ricardostrafacce@fibertel.com


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