El mundial de fútbol será la excusa para hablar de cualquier cosa.
Esta tarde comienzan los partidos. No tengo la ansiedad que tenía cuando era chico. No digo la del Italia 90, cuando cambié de turno en la escuela —en primer año—la tarde para cursar a la mañana y salir corriendo a las doce menos diez del mediodía, en modo velocista, las nueve cuadras hasta casa para ver los partidos. Ni tampoco cierto fervor del mundial Rusia 2018, el suficiente como para comprar un televisor de 32 pulgadas y poder mirar los partidos en la pieza.
Digresión: me gusta decir "pieza", un término bien común en el castellano rioplatense. Quizá remita al conventillo, o al viejo PH, donde convivían de modo más comunitario distintas familias, en lugar de "cuarto" —medio cool, algo que no soy—, y mucho menos "habitación", que suena sofisticado, pura jerga arquitectónica.
Será porque ya estoy cerca de los cincuenta años que tengo menos euforia y expectativas. O quizás a esta última la tengo colocada en otras instancias; a esta edad estamos más preocupados en que nos alcance la plata, llegar bien a fin de mes. No lo pensé mucho, en verdad.
Pero aun con la hipocresía y las fealdades que nos vamos enterando (no le dieron la visa de trabajo a un árbitro de Somalia; la FIFA obligó a retirar uno de los uniformes de la indumentaria de la selección de Haití por considerar que hacía "política" al tener una imagen de una batalla anticolonialista del siglo XIX; o que la selección iraní no puede alojarse en suelo norteamericano aunque juegue en Estados Unidos —una vez terminados los partidos que disputen allí deberán volver a México—)… Como si fuera uno de los marineros de la Odisea, cederé al canto de las sirenas, magnetismo del torneo.
Se dice ahora que obviar todo esto para poder mirar el mundial es "fingir demencia". Siempre me pareció horrible esta frase, que escuché por primera vez para hablar de la evasión durante el gobierno, todavía vigente, de Javier Milei. No sé, hoy juega México y seguro ya estaré un poco más enganchado. Mientras tanto, recuerdo y extraño a Maradona.

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