martes, 16 de junio de 2026

Diario del Mundial Día 6 | La librería, el bar, el cine de Panahi, las fronteras uruguayas, bielsuras y Lukaku


Después de visitar a Fer y Ezequiel, dos amigos de una librería hermosísima, una de mis preferidas, de conversar un rato sobre libros, de tomar un rico café y compartir un alfajor premium, tenía que hacer un rato de tiempo para ir a buscar a mi hija menor a su clase de teatro.
​Me fui, entonces, al bar al que todos van o quieren ir; un lugar donde, pese a su convocatoria multitudinaria, me siento muy cómodo y contento. Ahí el bullicio es para mí ruido blanco: no me molesta en absoluto. Si me pongo a pensar, voy cada tanto desde hace veinte años. Y si bien nos conocemos con los mozos, no soy de los que ostentan frecuentar el querido lugar.


Varela-Varelita estaba lleno y, aunque se desocuparon varias mesitas, preferí quedarme sentado en una de las dos sillas altas de la barra. Pedí dos empanadas y releí un rato la Historia social de la literatura y el arte II, de Arnold Hauser; específicamente el capítulo "La novela social en Inglaterra y Rusia", con fines preparatorios para el taller del sábado, cuando compartamos lecturas de Fiódor Dostoievski. De fondo, en la pantallaza, el mundial.
​La verdad es que no hay nada que me una con Uruguay, pero viéndolo salir al campo de juego no puedo dejar de pensar en la cercanía y el parentesco con ese país, en cómo habrá sido la convivencia antes de la separación definitiva. Me siguen generando curiosidad y fascinación las zonas de frontera: ¿cómo es que de un lado del río es un país y del otro, otro? A veces ese "otro" implica diferencias abismales —la lengua, por ejemplo, si pienso en Uruguayana (Brasil) y Paso de los Libres (Argentina)—, pero con Uruguay se me hace todo más difuso, o parecido.

​Vi de reojo el partido, la espectacular atajada de Muslera en la jugada previa al gol de Arabia Saudita. A los quince del segundo tiempo me tuve que ir y, mientras esperaba a mi hija menor, vi en el teléfono el tramo final. Uruguay había empatado y por poco no hace el segundo gol. Pero la nota del partido fue la decisión del árbitro, que lo finalizó abruptamente en pleno contraataque árabe. Malísimo, bochornoso.


​Lo que vi del encuentro me transmitió vibes de Argentina vs. Suecia en el mundial de 2002. Parece que esta vez el equipo de Bielsa atacó mucho mejor, y la diferencia es que el empate no trajo aparejada la eliminación.

​Más temprano habían jugado España y Cabo Verde. Los africanos resistieron los más de ochocientos pases de uno de los equipos candidatos a ganar el mundial. Al fútbol africano siempre se lo imagina con jugadores tan fuertes como violentos, pero hicieron una sola falta en todo el partido; sí, una sola. Nada. Y defendieron los cien minutos con dignidad y armas nobles. España sin Yamal y Williams tiene mucho menos peso. Quedó demostrado ayer.


​No vi Egipto vs. Bélgica, pero noté en la repetición que Romelu Lukaku hizo el gol 23 segundos después de ingresar desde el banco de suplentes (parece que fue en contra pero si no estaba él, no era gol).

¨¨

Y a la noche, sin fuerzas en los ojos para seguir leyendo, vi completo Nueva Zelanda vs. Irán, y lo disfruté muchísimo: 2 a 2. No fue un partido de estrellas, pero sí de dos selecciones con ambiciones de ganar.
​¿Qué debe sentir el jugador iraní al participar de este mundial, en el país con el que está en guerra? Anoche se los vio jugar y disfrutar. La fiesta en cada gol de ellos me remitió a la película Offside, de Jafar Panahi: Irán se juega la clasificación a un mundial de fútbol y la asistencia de mujeres al estadio está prohibida. Sin embargo, un grupo de chicas que aman el fútbol intentan ingresar disfrazadas de hombres. Contada en clave de comedia, es una película sin golpes bajos; la risa y la esperanza nunca se pierden, aun en las sociedades patriarcales más injustas y rígidas, responsables de un sistema opresivo, especialmente para con las mujeres.


lunes, 15 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 5: Ganó Alemania y que levante la mano quien escucha "Sloterdijk" cuando nombran a Schlotterbeck

Hice el recuento de la fecha de ayer y se hicieron veintiún goles. ¿Esto hace exitoso al mundial? Sigue frío pero va tomando color. Ahora bien, ayer fue una fecha un poco más interesante porque empezaron a jugar los equipos más atractivos. El sábado jugó Brasil; ayer, Alemania.

Sin ser un gran estudioso, cualquiera puede decir: "Es obvio que Alemania golee a Curazao". Pero lo cierto es que el primer tiempo estaba dejando un gusto bastante amargo porque hasta los treinta y ocho minutos iban 1 a 1. Hasta que Alemania hizo pesar su jerarquía: vino el desequilibrio con el gol de cabeza de Nico Schlotterbeck ¡qué levante la mano quien cuando escucha su nombre siempre me acuerdo de Sloterdijk y de la Crítica de la razón cínica —ahora díganme pretencioso—! y el contador del ábaco comenzó a moverse frenéticamente: tres, cuatro, cinco, seis, siete. 

Así aplastó al débil Curazao por 7 a 1, un resultado que nos hace acordar a la semifinal de 2014, cuando le ganó por el mismo marcador a Brasil, el organizador de ese mundial. O, en el fútbol vernáculo, a la victoria del Boca de Alfio Basile al San Lorenzo de Oscar Ruggeri. Otro nombre que remite a fútbol de selección: hombre de la mítica y gloriosa generación del 86, ahora devenido en comentarista y operador (tal vez de manera involuntaria) de ESPN.


Más tarde Japón, el equipo al que parecería que muchos dan como "la sorpresa del mundial", igualó 2 a 2 con Países Bajos, uno de los conjuntos que, para mí, sí va a hacer un buen torneo. Aclaro que nunca fui bueno para los pronósticos, y esta vez no creo que sea la excepción. No conocía a Crysencio Summerville. ¡Qué bien jugó! Creo que nadie lo conocía, ya que recién el 3 de junio pasado disputó su primer partido en la selección naranja..


Por su parte, el Ecuador de Beccacece perdió con Costa de Marfil 1 a 0 sobre el final, lo que se suma a la segunda derrota de los equipos sudamericanos (antes fue Paraguay, que recibió un duro golpe frente a Estados Unidos).

Por último, Suecia le metió cinco a Turquía, pero no lo vi porque estaba en un cumpleaños.

Esto es todo por hoy.



domingo, 14 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 4: Delincuentes

Primer sábado de la Copa del Mundo. La sensación es que el torneo arranca "en serio" a partir de la tercera fecha. La primera es un desfile a modo de presentación, la segunda la que acomodará un poco las ideas para saber qué puede dar cada selección, y  la tercera, sí, a los bifes.

El partido esperado de ayer era Brasil Marruecos. Comenzaron ganando los africanos, los depositarios de las esperanzas de un Bilardo joven, pero con poco y con Vinicius, la verdeamarelha empató. El partido fue tibio, nadie arriesgó mucho. 

Preguntas:

¿Alguien podía imaginar, y hace no tantos años, que Brasil tenga un seleccionador extranjero, y mucho menos italiano? Ni el más pesimista. Y esto no es contra Carletto Ancelloti, que es un grande fútbol mundial.

¿Alguien vio jugar bien alguna vez a Paquetá? Yo no, nunca. Lo que sí vi de él fueron dos transferencias millonarias, de Flamengo a Europa por 80M USD y, de un club europeo a Flamengo, en su regreso, por otros 40M USD. Alguien ganó mucha plata con este paquete de regalo.

Antes Qatar le robó un punto a la precisa Suiza en los últimos minutos (resultado rompe Prode), y a la noche Haití perdió sólo 0 a1 con la simpática Escocia, selección a la que siempre uno quiere que le vaya bien.

Ya de madrugada, me enteré hace un rato, Australia le ganó a Turquía 2 a 0 reconozco que el resultado me sorprendió, aunque si hubiera recordado el partido de Qatar 2022 versus Argentina, no me habría sorprendido tanto ahora.

Pero estos dos últimos partidos no los vi porque miré una película tan larga (tres horas) como hermosa. Por favor, qué felicidad encontrarse con una película así. Estoy hablando de Los delincuentes (2023), dirigida por Rodrigo Moreno, un crack. 

Es la historia de un empleado bancario que roba el dinero justo y necesario allí equivalente a su sueldo por los próximos 25 años, para dejar de trabajar inmediatamente. El plan que ejecuta no es tan sofisticado, solamente agarra la plata y se la lleva.

No quiero decir nada nada, lo que diga va a spoilear, y el disfrute está en ir viendo en desarrollo de la narración; la película está en MUBI. Disfrutenla, totañ el mundial, por ahora, no ofrece nada.





sábado, 13 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 3: El fútbol FIFA ya no es lo que era; el horror del cooling break y la paliza de Estados Unidos a Paraguay (4 a 1)

¿Quién esperaba una derrota tan categórica de Paraguay ante Estados Unidos?


Iba a comenzar esta entrada quejándome del cooling break, traducido como "pausa de hidratación": la detención del partido a los 22 minutos de cada tiempo para que los jugadores se refresquen y tomen líquido alrededor de su banco de suplentes, mientras el entrenador aprovecha para dar alguna indicación, acomodar a algunos futbolistas o, tan solo, darle ánimos a sus dirigidos. Ahora está reglamentado y se respeta a rajatabla. Pero esto en realidad no es nuevo —tampoco tan viejo— y se hacía de manera ocasional cuando los partidos se jugaban en verano o en días de alta temperatura.
Su ejecución era consensuada entre jugadores y árbitros, y se aplicaba siempre y cuando el tono y el ritmo del partido lo permitieran. Si un equipo estaba arrinconando a otro, esa pausa se implementaba cuando el asedio bajaba sus revoluciones. Ahora es fijo: se corta a los 22 minutos, del primer y del segundo tiempo, pase lo que pase en el terreno de juego. Un horror.
El partido de fútbol, que era de dos tiempos de 45 minutos más los minutos adicionales, pasó a ser de cuatro tiempos. Cuatro tiempos. El partido, cuando "se está armando" (saben a qué se refiere esta frase), se desintegra, se deshilvana. Cambia. Y para mal. Pero lo más aberrante de todo es que, cuando esto sucedía antes, las cámaras seguían a los protagonistas: algunos tomaban agua, otros elongaban, los más cansados hasta recibían masajes, el DT daba indicaciones o por lo menos arengaba. Era un plomo, pero las espectadoras y los espectadores por lo menos eran testigos de todo esto. Ahora ni ya eso: la señal de televisión abandona la escena y se va a la tanda publicitaria. No vemos nada, no sabemos nada. Y es como si el partido se hubiera reseteado, como si volviera a empezar para terminar rápidamente. Lo han logrado. Lo han malogrado. Los partidos de fútbol duran cuatro tiempos.

Subida en curso: 1172602 de 1172602 bytes subidos.

A la noche vi Estados Unidos vs. Paraguay. Desde el minuto cero, Estados Unidos se lo llevó por delante. El conjunto dirigido por el ex-Newell's Mauricio Pochettino —que llevó al Tottenham a la final de la Champions hace unos años— le pintó la cara: le ganó jugando y le ganó corriendo al equipo de Gustavo Alfaro, el "Cazador de Utopías". Creo que hubo una gran subestimación ante el conjunto anfitrión, el pensamiento de que iba a ser más de lo mismo. Que lo piense yo y muchos futboleros, vaya y pase. Lo grave es que pareciera que los jugadores paraguayos también lo hicieron. Sus caras mostraban consternación y shock, al modo Gastón Gaudio: "Qué mal la estoy pasando, cómo puede estar sucediendo esto".
Se sabe que Alfaro es un gran orador, que cita frases pretenciosas al punto de en algunos casos, entregarse a la solemnidad. Al terminar el partido, todavía bajo el impacto emocional, dijo: "Con esta derrota Paraguay entendió que el mundial no se terminó; justamente todo lo contrario, el mundial ya comenzó", como diciéndoles a sus jugadores: "Muchachos, perdimos un partido, nos dormimos; ahora a despertarse y a jugar en serio que, si no, nos llevan puestos". Veremos si esta proclama se cumple o si el equipo guaraní, con esta derrota, selló definitivamente su suerte en este mundial.

viernes, 12 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 2: Un mundo dividido entre la ceremonia inaugural del torneo, Maná, Shakira y Juan José Saer


Hoy comenzó el Mundial de fútbol organizado por esa megacorporación global llamada FIFA. Un rato antes del partido inaugural entre México y Sudáfrica se vio la "fiesta inaugural". La primera de tres. Las otras dos ocurrirán en Canadá y Estados Unidos, los otros socios de este torneo hipertrofiado: tantos participantes, 48 selecciones donde en la primera fase clasifican casi todos, 32, y quedan eliminados solo 16. ¿La competencia? Bien, gracias. Bienvenidos a la ChiquiTapiaManía del torneo más importante de fútbol.

A estas fiestas de apertura en otra época les quedaba mejor el nombre de ceremonias inaugurales. Eran eventos donde desfilaban deportistas con elásticas coreografías o personas vistiendo ropas tradicionales de sus países. La mejor de todas fue la ya lejana de Italia 90. Allí, Gianna Nannini y Edoardo Bennato marcaron a fuego el himno definitivo de los mundiales con la inolvidable e insuperable “Un’estate italiana”, una pieza producida por Giorgio Moroder (el genio musical italiano creador, entre otras joyas, de “Take My Breath Away” banda de sonido de la película Top Gun). Los que vivimos esa ceremonia no sabíamos que nunca más íbamos a ver algo así. Como se dice ahora “éramos felices y no lo sabíamos”.


Al mundial siguiente, el pop norteamericano y el marketing corporativo, como dijo mi amigo Carlitos, le pusieron los clavos al ataúd del formato “ceremonia inaugural”. El golpe de gracia lo dio Diana Ross cuando, en un gag donde debía patear un penal para "romper" el arco, erró el tiro. El arco, programado para destruirse, se deshizo igual ante la mirada atónita del mundo entero.

No seamos tan injustos: pudo haber cierto entusiasmo con Ricky Martin en Francia 98 o Shakira en Sudáfrica 2010, pero el concepto ya era otro. Artistas globales, homogeneización cultural, todo uniforme, daba lo mismo París, Tokio, Berlín o Johannesburgo: el antropólogo Marc Augé ganó la batalla cultural en la que todos nosotros perdimos y las particularidades de cada país se desvanecieron en el aire de los "no-lugares".



La spotifización de la música, el hit del mundial

Hoy la propuesta fue un compilado de microrecitales. Confieso que me dio cierta alegría escuchar “Oye mi amor” de la ya legendaria y también vetusta Maná; al menos era una banda local tocando fragmentos de un hit en el Azteca (sí, un fragmento, ni asomo un tema completo). Pero después el show mutó en un algoritmo confuso: el venezolano Danny Ocean cantando “Partidazo” (un oxímoron increíble, considerando que Venezuela jamás clasificó a un Mundial); siguió J Balvin (le hubiera quedado mejor cantar “Rojo”); luego Los Ángeles Azules y, para el cierre, una desangelada canción de Shakira que ni de cerca logrará algo de la mística del Waka Waka de 2010.

Un ratito después, vino el fútbol. O algo parecido.

Un partido sin gracia. México hizo lo que tenía que hacer: ganarle a un pobre equipo sudafricano (fue 2 a 0), que antes de los diez minutos regaló un gol insólito. Una jugada calcada al gol que el Boca de Riquelme le regaló a Huracán hace unas semanas por la torneo local. Sí, ya sé: qué tiene que ver Boca con esto. Y tienen razón, pero Boca siempre está en mi cabeza. Ah, y sí, un desastre este semestre; también quedamos eliminados en la fase de grupos de la Libertadores. Úbeda ya no está, vino el Vasco Arruabarrena, pero de eso ahora no me voy a ocupar. 


Aniversario de la muerte de Saer

Dijimos que hoy es 11 de junio. Y para quienes leímos a Saer, esta fecha nos lleva al 11 de junio pero de 2005. Hace exactamente veintiún años, moría en París Juan José Saer, uno de los escritores más importantes de la literatura universal. Ya es hora de dejar de circunscribirlo a la geografía nacional o latinoamericana; es hora de que el resto del mundo se ocupe de traducirlo, publicarlo y, sobre todo, leerlo.

Casi todo el mundo repite la famosa sentencia de Beatriz Sarlo en el Coloquio Saer de Santa Fe en 2016: Borges fue el principal escritor argentino de la primera mitad del siglo XX, y Saer el de la segunda. 

Pero también Sarlo dijo que cada uno es dueño de su propio canon, y cada uno tiene derecho a confeccionarlo. Animado por esta idea afirmo que Borges es el gran precursor, pero mi canon es otro: 

El número uno es Saer. Y el otro número uno es César Aira. No hay dos, no hay segundo puesto. Hay dos números uno en la cima, y Borges es el punto de partida, el origen de ambos.


Del autor nacido en Serodino, son doce narraciones (el término que Saer prefería antes que decir "novelas"), cinco libros de cuentos y uno de poesía: suficientes para leerlos durante toda una vida. 

Ni hablemos de los de César, que tiene unos cuántos más. Otro programa, otros procedimientos, pero genio total, también.

Digresión, o no tanto: Saer odiaba el concepto de "público". No es lo mismo ser público que ser lector.

El público es el sujeto a colonizar por el mercado, un consumidor cuyos deseos están alineados a los imperativos de la moda. Si se ponen de moda los policiales nórdicos, las editoriales los fabrican en serie; si la onda es la novela conspirativa, brotan logias secretas manejando el poder desde la Casa Blanca hasta el Kremlin.

El lector y la lectora es otra cosa ¿ya todos saben que leen mucho más las mujeres que los hombres? 

Las lecturas y lectores buscan encontrarse con una obra que obedezca únicamente a criterios estéticos y un compromiso ético con el arte. Un programa cuya única finalidad sea vincular la literatura con una sublime experiencia del lenguaje.

Mientras la FIFA nos vende su "público" globalizado en el Estadio Azteca, todos se visten igual, festejan igual, comen pochoclos durante el partido, parecieran sufrir si su equipo va perdiendo pero si lo enfocan las cámaras automáticamente sonríen, le escriben cartulinas a los jugadores con mensajes del tipo "hice mil km para verte, dame tu camiseta", y otras atrocidades similares. Prefiero quedarme del lado de las lectoras. Y con Saer. Siempre con Saer, con Aira, con Kohan, con Gustavo Ferreyra, con Dostoievski, con Gógol, con Vilariño, con Pizarnik, con Claire Keegan, la lista podría ser muy larga.

Tengo sueño, pero antes de irme a dormir, vuelvo al fútbol. Corea del Sur hizo un gol tan lindo que dan ganas de seguir mirando el partido. Lo hizo In-Beom Hwang (usa la camiseta número 6, que entrando en el área rival, enganchó y desparramó en la misma jugada a un defensor y al arquero rival) del empate parcial ante Chequia (ahora me vengo a enterar que no se dice más República Checa, sino “Chequia”; no te pido “Checoslovaquia”, entiendo la geopolítica y sus cambios en las últimas décadas, pero decirle “Chequia” cuesta mucho, de verdad). Bueno, van 1 a 1.  Ojalá termine así. Puse ese resultado en el PRODE que estoy jugando...

Ahora Corea hizo el segundo, ganaron 2 a 1. Es hora de dormir. Buenas noches.


jueves, 11 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día 1: Las fotos del plantel de Noruega

Hasta ahora, la mejor producción fotográfica. Son las del plantel de Noruega en tres estilos tan originales como diferentes. En la primera imagen vemos a la selección vestidos como vikingos:

En la segunda, los jugadores vistiendo la camiseta del primer club donde jugaron:

Y la tercera, la foto oficial, el póster del mundial:


Impecable todo, en las fotos. Veremos cómo les va en la cancha. Acá los partidos de ellos en el grupo I:



miércoles, 10 de junio de 2026

Diario del Mundial | Día cero

El mundial de fútbol será la excusa para hablar de cualquier cosa.

Esta tarde comienzan los partidos. No tengo la ansiedad que tenía cuando era chico. No digo la del Italia 90, cuando cambié de turno en la escuela —en primer año—la tarde para cursar a la mañana y salir corriendo a las doce menos diez del mediodía, en modo velocista, las nueve cuadras hasta casa para ver los partidos. Ni tampoco cierto fervor del mundial Rusia 2018, el suficiente como para comprar un televisor de 32 pulgadas y poder mirar los partidos en la pieza.

Digresión: me gusta decir "pieza", un término bien común en el castellano rioplatense. Quizá remita al conventillo, o al viejo PH, donde convivían de modo más comunitario distintas familias, en lugar de "cuarto" —medio cool, algo que no soy—, y mucho menos "habitación", que suena sofisticado, pura jerga arquitectónica.
Será porque ya estoy cerca de los cincuenta años que tengo menos euforia y expectativas. O quizás a esta última la tengo colocada en otras instancias; a esta edad estamos más preocupados en que nos alcance la plata, llegar bien a fin de mes. No lo pensé mucho, en verdad.
Pero aun con la hipocresía y las fealdades que nos vamos enterando (no le dieron la visa de trabajo a un árbitro de Somalia; la FIFA obligó a retirar uno de los uniformes de la indumentaria de la selección de Haití por considerar que hacía "política" al tener una imagen de una batalla anticolonialista del siglo XIX; o que la selección iraní no puede alojarse en suelo norteamericano aunque juegue en Estados Unidos —una vez terminados los partidos que disputen allí deberán volver a México—)… Como si fuera uno de los marineros de la Odisea, cederé al canto de las sirenas, magnetismo del torneo.

Se dice ahora que obviar todo esto para poder mirar el mundial es "fingir demencia". Siempre me pareció horrible esta frase, que escuché por primera vez para hablar de la evasión durante el gobierno, todavía vigente, de Javier Milei. No sé, hoy juega México y seguro ya estaré un poco más enganchado. Mientras tanto, recuerdo y extraño a Maradona.

jueves, 7 de mayo de 2026

Dostoievski, Žižek, la traducción y lo sublime de las palabras

En medio de una conversación o de una lectura, cuando escucho o leo una palabra que me gusta, me saca inmediatamente de la circunstancia en la que estoy y me quedo pensando en ella.

Hace un rato comencé a releer (o debería decir leer, porque no recuerdo nada) Memorias del subsuelo, de Fiódor Dostoievski. El traductor es Rafael Cañete —a quien no conozco particularmente, aunque tal vez haya leído alguna traducción suya sin recordarlo, pero de quien no diré nada negativo ya que confío plenamente en el catálogo de la editorial Losada— y escribió, o transcribió al castellano, lo siguiente:

"Todo lo bello y sublime, como se habituaba a decir en otros tiempos"

La palabra en la que me detuve es sublime.

¡Qué hermosa que es, por favor!

Esa palabra me llevó de inmediato al libro de Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología; un texto que conocí en la facultad y que, en aquellos incipientes años 2000, era parte de una moda, un clásico del futuro, un libro que —justo en esos momentos de fervor por la globalización— sentíamos que debíamos leer sí o sí.

¿Dónde radica el sentido de belleza que una palabra tiene para uno?

Estimo que puede tener que ver con su significado. Seguramente. Pero no lo sé del todo; lo voy a pensar. 

Mientras tanto, voy a comenzar a anotar acá una lista con todas las palabras que se me aparezcan. Va la primera:

1. Sublime
2. Galaxia (21.05.2026)
3...








domingo, 26 de abril de 2026

El mago del Kremlin | Un truco donde no aparece el conejo

La película dirigida por Olivier Assayas, basada en el best seller de Giuliano da Empoli es otra del género "mala, pero nunca aburrida".
No le va el papel a Paul Dano, un poco mejor está Jud Law haciendo de Vladimir Putin, el guion es absolutamente anti Federación Rusa (pese a todo se nota la mano del genial Emmanuel Carrère, y me despabiló verlo en un cameo), me gustó ver caracterizado a Limónov, me interesó el énfasis ya no en la manipulación de realidad sino en la "creación" y resulta doloroso ver que ese proceso de espectacularización de la sociedad ocurrió casi en todo el mundo, un plomo la voz en off que se la pasa "explicando" (vale recordar la sentencia perfecta de Aira donde dice 'la explicación mata la narración'), y uno de los caprichos o desatinos más comunes en el cine en relación al giro lingüístico: todos hablan en inglés; no funciona jamás, ni antes ni ahora. Y menos en una película política como esta. 

domingo, 5 de abril de 2026

La osadía es una apuesta de suma cero | Independiente 1 Racing Club 0



En el fútbol, la osadía es una apuesta de suma cero: no hay términos medios. Es la consagración del héroe y la posterior transformación en mito o es el ingreso inmediato a la posteridad del ridículo. En el último clásico de Avellaneda, Adrián Martínez intentó lo primero y terminó habitando, de forma irreversible (al menos por este partido), lo segundo.

Faltaba poco para el cierre del primer tiempo cuando "Maravilla" Martínez decidió que no bastaba con el gol; necesitaba el plus de la afrenta, de ofrendar a los propios un gol hasta la embriaguez. De gozar al rival y vecino en su propia casa, el Libertadores de América, y hacerlo mediante un toque de suficiencia frente a la tribuna local. El deseo era estético: ver las cabezas gachas del adversario, de los jugadores en la cancha, y de la gente común, del otro lado del alambrado. Pero la exquisitez de la técnica traicionó a la intención. Martínez calzó la pelota desde tan abajo que, pese a la lentitud del recorrido, a la suavidad del impacto, el balón superó los dos metros cuarenta y cuatro de altura del arco, tan lejos que ni siquiera hubo el consuelo de que la pelota golpeara a la red al menos en su parte externa.

Lo que siguió fue un quiebre en la semiótica del fútbol argentino. El manual del "aguante" dicta que ante una cargada de ese tipo —una falta de respeto entre colegas— la respuesta debe ser violenta: el insulto, la arremangada de cuello, la invitación a la pelea. Sin embargo, Rodrigo Rey operó desde otra lógica. Al levantarse del césped tras su estirada estéril, pasó, primero de la angustia al alivio cuando vio la pelota alejarse del arco, y del alivio a la ironía cuando se levantó y se puso cara a cara con "Maravilla". En lugar de la agresión, eligió el abrazo. Un abrazo pedagógico y algo burló, pero la burla del que eludió el mal momento: "Viste lo que te pasó por canchero".

Esa risa compartida con Kevin Lomónaco desarmó el escenario de masculinidad herida que intentó activar Zabala. Sus propios compañeros lo sacaron de escena. No hubo conflicto porque el error fue tan grosero que anuló la posibilidad del enojo. Y el efecto psicológico de este acto fue devastador para Martínez. El goleador quedó fuera de registro, deambulando el resto del partido como quien intenta entender una broma de la que es objeto. Incluso en el segundo tiempo, falló una ocasión todavía más nítida, como si el gesto de piedad de Rey le hubiera quitado la "piel" de goleador.

La resolución del trámite fue coherente con la tarde. Gabriel Ávalos, el nueve paraguayo que carga con el escepticismo crónico de la hinchada de Independiente, recibió un pase de Montiel y, con la frialdad de quien solo busca el resultado y no la gloria del póster, abrió la cara interna para marcar el único gol del clásico. Nueve minutos después llegó el final. Y "Maravilla", que tampoco se transformará en un villano sin retorno, (él mismo ha hecho ganar a Racing en la misma cancha que ahora le tocó perder), mientras su cabeza siga intentando comprender qué fue lo que pasó, verá cómo el pueblo rojo de Avellaneda celebrará la victoria de un clásico en una tarde en que la redención de uno nació de la soberbia del otro.









miércoles, 1 de abril de 2026

Nüremberg | No se puede subestimar tanto al espectador

Es cierto que la primera media hora, no estuvo tan mal. La detención de Goering que huía ¿huía realmente? con su familia y la presentación de la idea de juzgar a los altos mandos nazis que quedaban con vida a través de un juicio inédito hasta aquel entonces, podía haber sido un muy comienzo si no fuera existido la escena banal y tonta y fuera de registro que se da en el tren donde viaja una periodista y un psiquiatra que va a iniciar tratamiento con los detenidos nazis, responsables del cruento exterminio al pueblo judío. Fuera de contexto, un truco de magia entre miradas seductoras, en fin, Hollywood no pudiendo dejar de ser Hollywood ni siquiera en una película con estos temas.

(Continuará...)

sábado, 31 de enero de 2026

Flash: un aventura que en el fondo, lo único que hace es hablar sobre la pérdida

La importancia de The Flash (2023), de Andy Muschietti, no reside tanto en la fidelidad al cómic o en su adaptación, pese a que sus efectos especiales resultan magistrales, sino en cómo aborda la premisa de que intentar modificar el pasado con la finalidad de eliminar el propio dolor, puede acarrear consecuencias devastadoras.

​En una época donde la nostalgia está a flor de piel y donde lo recobrado rápidamente también se vuelve a dejar en el olvido (en estos días lo estamos viendo con el auge del #2016 y las fotos de ese año), parece que la dificultad para valorar el presente convierte a la vida en una tragedia que se proyecta en el tiempo tanto hacia el atrás como hacia el futuro.

En este filme, aceptar el pasado equivale específicamente a transitar el proceso de duelo para finalmente hacer pie en la aceptación.

​Flash nos permite jugar con la fantasía de remediar lo ocurrido y hacer las cosas de manera distinta; sin embargo, nos enseña que el dolor, tarde o temprano, terminará apareciendo, pues es un elemento constitutivo de la condición humana. 

Esta idea me hizo recordar a un amigo analista que me contó que varias veces los pacientes que acuden a su consultorio or por primera vez dicen que van a probar para ver qué les pasa, de cómo pueden mejorar sus vidas ya ordenadas o más o menos resueltas (en el sentido que no sienten tener mayores problemas que algunas dificultades ocasionales), pero que a la tercera o cuarta sesión aparecen todos los monstruos y conflictos no resueltos o ni siquiera comprendidos de su propio pasado.

Esta película, de la que no esperaba nada, o tan solo las virtudes de los FX, resultó ser una gran sorpresa, una historia que equilibró perfectamente el entretenimiento con un poco de reflexión sobre las cosas que nos duelen.