martes, 15 de enero de 2019

Leonardo Di Lorenzo: Los lectores y los libros

Foto de Hernán Giles Jadli
Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en 2018?

Leí alrededor de sesenta libros.


¿Cuáles fueron tus lecturas preferidas de este año?

Antología poética, de Fernando Pessoa; Claus y Lucas, de Agota Kristof, El cadáver exquisito, de Agustina Bazterrica; Este pálido mundo mío, libro de cuentos de Martín Sancia Kawamichi; ¿Para qué sirve la filosofía?, de Darío Sztajnszrajber, La dimensión desconocida, de Nona Fernandez; La hora de la estrella, de Clarice Lispector; Cuentos de hadas en Nueva York, de J.P. Donleavy; y Los Miserables, de Victor Hugo.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Descubrí a Clarice Lispector que la venía postergando hacía mucho y me deslumbró. Y los cuentos de Tomás Downey.


Lectura general 

¿Cuáles son tus autores preferidos?

Fiódor Dostoievski, Albert Camus, Clarice Lispector, Victor Hugo, Kurt Vonnegut, Fernando Pessoa, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriela Cabezón Cámara, Pablo Ramos, Luis Mey.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?
  • Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov, de Fiódor Dostoievski
  • El extranjero y La peste, de Albert Camus
  • Los miserables, Victor Hugo
  • Del sentimiento trágico de la vida, Miguel de Unamuno
  • La hora de la estrella, Clarice Lispector
  • Teoría King Kong, Virginie Despentes
  • Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano
  • El Aleph, de Jorge Luis Borges 
  • Final del juego, de Julio Cortázar


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día?

Guerra y paz, de Lev Tolstoi, y Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar, o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Rayuela, de Julio Cortázar.


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Leonardo Di Lorenzo es jugador de fútbol profesional y actualmente viste los colores del Club Atlético Temperley, institución a la que llegó en el año 2013. Fue campeón del torneo argentino Clausura 2001 con San Lorenzo de Almagro (club donde se formó), bajo la dirección técnica de Manuel Pellegrini, y también obtuvo la Copa Mercosur 2001 y la Copa Sudamericana 2002. Condujo un programa de radio sobre literatura junto a Ignacio Bogino, también futbolista, llamado Final del juego, por FM Urbe.









domingo, 13 de enero de 2019

Natalia Gelós: Los lectores y los libros

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en 2018?

Mmm…no llevo la cuenta. La otra vez entrevisté a Forn y decía que había que hacer un registro de las cosas que leemos porque a fin de año nos quedaba como un diario de lectura, que a la vez es como un diario de nuestros días. Me  propuse hacerlo este año. Quizás uso la cuenta de Instagram doble que se me armó sin querer. Vuelvo: no sé. Digamos, por poner un número simbólico, alrededor de treinta entre gusto, trabajo, consulta. Quizás es menos. Quizás es más.

¿Cuáles fueron tus lecturas preferidas de este año?

Enumero algunos. No van en orden:

La ilusión de los mamíferos, de Julián López y Adentro tampoco hay luz, de Leila Sucari. María Domecq, de Juan Forn. El libro del anhelo de Leonard Cohen, los dos que salieron en 2018 de Sara Gallardo: Los oficios y la reedición de Enero. Loco afán de Pedro Lemebel, Secretos de belleza de Jean Cocteau, La vida de las abejas de Maurice Maeterlinck. Black out de María Moreno creo que entró entre mis lecturas del año pasado. Una más: El río en la noche, de Joan Didion. Crónica de mi familia, de Vasco Pratolini. Seguro que después me surgen otros, pero estos son, al menos, los que me vienen a la mente ahora. Uno más: La hermana menor, de Mariana Enríquez.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Maurice Maeterlinck.



Lectura general 


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Natalia Ginzburg , Andrés Rivera, María Moreno,  Juan Forn,  Katherine Mansfield,  Clarice Lispector,  Miguel Briante,  Joan Didion. La lista sigue…


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

  • Moby Dick, de Herman Melville
  • Zama, de Antonio Di Benedetto
  • Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg
  • Matar un ruiseñor, de Harper Lee
  • Cuentos de la selva, de Horacio Quiroga
  • La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera
  • Operación Masacre, de Rodolfo Walsh
  • Los viernes, de Juan Forn
  • De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère
  • Del caminar sobre hielo, de Werner Herzog

(Mañana la lista cambia, como la lectura del tarot)


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día?

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar, o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Creo que Rayuela.


En 2018 la Svenska Akademien (Academia Sueca) no entregó el Premio Nobel de Literatura. Si dependiera de vos, ¿a quién se lo hubieras otorgado? 

Margaret Atwood responde al clima de época y tiene una obra a la altura del premio. Imagino que sería una candidata digna. Sería interesante dárselo a Stephen King, por producción, por influencia en la cultura, para remover el avispero…



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Natalia Gelós es periodista freelance. Estudió en la Universidad de La Plata. Ha colaborado en Ideas, de La Nación, sección Cultura del diario Clarin, el blog de Eterna Cadencia, el sitio Socompa, revista Brando, Crisis, Anfibia y por ahí. Es autora del libro Antonio Di Benedetto Periodista (Capital Intelectual)






 

viernes, 11 de enero de 2019

María Azul Álvarez: Los lectores y los libros

Foto de Federico Gori en Armonía Libros
Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en 2018?

Leo un par de libros en paralelo por semana: uno de narrativa y otro de poesía.  Pero hay libros qué requieren mucho más tiempo por la extensión o lo afectivo.


¿Cuáles fueron tus lecturas preferidas de este año?

  • El artista más grande del mundo, (Seix Barral) de Juan José Becerra
  • Magnetizado, (Anagrama) de Carlos Busqued 
  • Todo cuanto amé, (Anagrama) de Siri Hustvedt
  • Para que exista esta isla, (Postales japonesas) de Julieta Lopérgolo 
  • Bildungsroman, (Gog&Magog) de Marcelo Daniel Díaz
  • Un útero es del tamaño de un puño, (Zindo&Gafuri) de Angélica Freitas 
  • Baladas, (Caleta Olivia) de Hilda Hilst 
  • Tala, (Alianza) de Thomas Benhard
  • Lo irreparable, (Corregidor) de Gabriel Payares
  • Fin del Invierno en Maine, (Barba de abejas) de Theodore Enslin
  • Sebastián en el sueño, (Abend) de Georg Trakl
  • El día de los trífidos, (Minotauro) de John Wyndham
  • Noche cerrada, mar abierto, (Leteo) de J. B. Duizeide
  • La infancia que huyó de mí, (Llantén) de  Nika Turbiná 
  • Encontraste un alma, (Nórdica) de Edith Södergran
  • Buceadores de la piel, (Bartebly) de Anne Michaels
  • El árbol de palabras, (Bajo La Luna) de Mirta Rosenberg

Esta pregunta se completa con los cuatros autores “encontrados”


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Hay cuatro libros qué fueron muy conmovedores: El nadador en el mar secreto, de William Kotzwinkle (Navona); Sangre en el ojo, de Lina Meruane (Mondadori); Plop, de Rafael Pinedo (Interzona), y Del tiempo y del río, de Thomas Wolfe (Montesinos).


Lectura general 


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Esta es una respuesta de circunstancia, mañana vemos: Roberto Arlt, Thomas Bernhard,  Alan Bennet, Jorge Luis Borges, Ray Bradbury, Emily Dickinson, Humberto Constantini,  Fiódor Dostoievski, John Fante, Sara Gallardo, Franz Kafka, Yasunari Kawabata,  Karl Kraus, Knut Hamsun, Felisberto Hernández, Bohumil Hrabal, Pedro Lemebel, Osvaldo Lamborghini, Cormac McCarthy, Alda Merini,  Henry Miller,  Fabio Mórabito, Flannery O'Connor, Juan Carlos Onetti,  Fernando Pessoa, Edgar Allan Poe, Manuel Puig, Joseph Roth, Philip Roth,  Alfonsina Storni, Héctor Viel Temperley, Susana Thénon, Marina Tsvietáieva,  Idea Vilariño, Ida Vitale, José Watanabe, Stefan Zweig.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Los diez libros que todo lector qué se precia debería leer figura en cualquier lista de internet. Dudo que se pueda generalizar tanto. La lectura tiene un aspecto muy solitario pero nos permite también salir al encuentro de otros lectores y sobre todo de libreros. Los libros que leímos se dan gracias a la generosidad de los libreros que nos abrieron un mundo de posibilidades. Hay librerías maravillosas qué generan espacios para todos los lectores, la lectura debe ser un goce y un descubrimiento.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día?

El hombre sin atributos, de Robert  Musil.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar, o dicho más fácilmente, que no te gustó?

En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.


En 2018 la Svenska Akademien (Academia Sueca) no entregó el Premio Nobel de Literatura. Si dependiera de vos, ¿a quién se lo hubieras otorgado? 

Me parece desopilante qué no lo hayan otorgado. No puedo juzgar su prestigio, pero claramente hay libros qué se distribuyen masivamente gracias a este premio. Deberían dárselo a una mujer, debe haber muchas candidatas que lamentablemente no hemos leído, pero propongo a Chantal Maillard, Margaret Atwood, Ida Vitale ó Elena Poniatowska.


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María Azul Álvarez es Licenciada en Ciencia Política y trabaja en Comunicación Pública. 
Es Lectora Serial en Instagram y tiene una columna sobre libros en el podcast Sale Papusa para la Librería Caburé.









jueves, 10 de enero de 2019

Diego Cano: Los lectores y los libros

Diego Cano, creador de la página Todo Aira y director del
Centro de Estudios e Investigación histórica (CEIH) 
Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en 2018?

No llevo la cuenta, leo bastante, mucho en partes, varios libros a la vez, más de cien completos y algunos más de lecturas parciales. Me muevo mucho por la necesidad de gusto y discusiones de lecturas particulares que pueda tener: dejo fluir mucho esa necesidad, tanto que a veces me obligo a sistematizar de alguna forma para no dispersarme por demás. De ahí salió un poco la idea de hacer en Twitter la lectura colectiva de Kafka que me forzó a leer y releer cosas con un nivel de densidad que no lo hubiera hecho sin esa obligación.


¿Cuáles fueron tus lecturas preferidas de este año?

No puedo ser parcial, lo digo de antemano, tengo predilección por César Aira a pesar de cierta incomodidad por la ausencia de política en sus novelas. Un filósofo y Prins, que salieron en 2018, renovaron mi admiración por él. No voy a entender nunca de dónde saca tanta creatividad. Leí por primera vez este año La ciudad, de Levrero. Si no lo leyeron todavía, los invito a que lo hagan ya. Es un Kafka superior, de otro nivel y rioplatense. Muchas de estas lecturas (sino la mayoría) se las debo a Ricardo Strafacce de quien soy admirador y amigo, y asisto a sus talleres cuando puedo. Su novela última, La escuela Neolacaniana de Buenos Aires, me pareció de lo mejor de los últimos tiempos en la literatura argentina. Comparto la opinión de Edgardo Cozarinsky: La Escuela Neolacaniana... es la única novela política sobre la Argentina de este siglo. Redescubrí también El castillo, de Kafka: ahí él se supera así mismo llegando, para mí, a su cenit. Leí también, por recomendación de Carlos García-Alix, a Patrick Modiano. Sus novelas sobre la Francia ocupada por los nazis son increíbles y tienen mucho de la cosa rupturista de Céline que me parecieron fascinantes y estimulantes para la lectura. Es un autor de esos que no te podes quedar pasivo como lector, te interpela todo el tiempo, como Kafka. Leí este año, y me convertí en su ferviente admirador, El artista más grande del mundo, de Juan José Becerra, disfrute de la primera a la última hoja y casi no pude parar de leerlo hasta terminarlo. Perdón, se me olvidaban tres lecturas que me parecieron enormes. Oliverio Girondo y su vanguardismo furioso en Espantapájaros y La másmedula, creo que no se lo valora acá de manera suficiente. Otro que vivió acá y que es ninguneado es Ramón Gómez de la Serna, el padre de todas las vanguardias, sus Greguerías son increíbles. Y por último me gusto mucho la poesía de Fabián Casas que la conocí este año. Tiene cierto tufillo arltiano su uso del lenguaje, tan porteño, que sentí una mancomunión con su fluidez que me produjo mucha admiración.



Lectura general


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Se me impone nombrar a alguien que no mencioné en la pregunta anterior y que releo permanentemente sólo para divertirme y buscar inspiración: Copi. Si me prepoteás, te diría que es superior a Borges (ahre, dirían mis hijas). Creo de verdad que Copi me produce un grado de placer en la lectura que pocas veces he conseguido leyendo otros autores. Por supuesto que mi autor preferido es Borges. Creo haber releído este año más de cinco veces El Sur, Ema Zunz, El Aleph y Deustches Requiem. Obviamente Aira de quien nunca termino de aprender y seguiré haciéndolo eternamente. Y por supuesto Ricardo Strafacce, lamentablemente es más conocido por la biografía de Lamborghini, y sus novelas para mi, insisto, son de lo mejor de la literatura argentina que por lo menos me gusta a mí, esa combinación perfecta de literatura realista exagerada, casi expresionista, del desparpajo total y absoluto y que sin ceder un ápice a la forma, a la literatura en su unidad por sí misma, esta bañada de realidad política al punto de ser una provocación permanente de todos los sentidos, y en especial del político que a mí más me interpela.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

¡Qué difícil esta pregunta! A ver:

  1. El Aleph, de Jorge Luis Borges
  2. La internacional, de Copi 
  3. La boliviana, de Ricardo Strafacce
  4. El tilo, de César Aira
  5. El proceso, de Franz Kafka
  6. El hombre rebelde, de Albert Camus
  7. Diálogo con la muerte, de Arthur Koestler
  8. Rayuela, de Julio Cortázar
  9. Ulises, de James Joyce
  10. Los siete locos, de Roberto Arlt
  11. Romancero Gitano, de Federico García Lorca. 

Me quedan muchos en el tintero.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día?

No leí Glosa, de Juan Jose Saer, ¿podés creerlo? Prometo subsanarlo de manera urgente.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar, o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Leí e ilustre este año en la lectura colectiva de Twitter La divina comedia, de Dante y disfruté muchísimo el “Infierno”. Me aburrí terriblemente con lo demás.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Definitivamente Patrick Modiano fue mi descubrimiento de este año.


En 2018 la Svenska Akademien (Academia Sueca) no entregó el Premio Nobel de Literatura. Si dependiera de vos, ¿a quién se lo hubieras otorgado? 

A esta altura de las preguntas ya es voto cantado el mío: el Nobel de Literatura tiene que ser para César Aira. No conozco (y sé que puede ser sesgada mi opinión, pero nadie me la ha refutado) alguien más creativo y prolífico que él. No lo hay, estoy convencido. Coincido en eso que es superior a Borges, y además es nuestro hoy y ahora. Todo lector que he conocido y que se ha dejado llevar por sus peripecias ha sido cautivado. A algunos les cuesta más, principalmente a los que no viene de lecturas más literarias, pero Aira es lo más, el Nobel tiene que ser para él y de manera urgente.




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Diego Cano es historiador, pintor y coleccionista. Dirigió la lectura colectiva en Twitter de las obras completas de Franz Kafka en el hashtag #Kafka2018 y también lleva adelante la Fanpage en Facebook Todo Aira. Ha escrito numerosas reseñas literarias y artículos sobre historia. Publicó Jungla 3.0 Trolls: información y contrainformación, y Notas al margen a la obra de Karl Marx. En el 2019 publicará su primer novela y un libro de claves de lectura sobre Kafka. Además durante 2019 va coordinar en Twitter tres lecturas colectivas #Kafka2019, #Aira2019, y #Arlt2019. Dirige el Centro de Estudios e Investigación histórica (CEIH).






martes, 8 de enero de 2019

Agustina Larrea: Los lectores y los libros

Agustina Larrea, (foto de Alejandra López)
Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en 2018? 

Si mis anotaciones están más o menos ajustadas (ya conocemos la premisa de Tu Sam) fueron 38. Pero de esa lista suelo dejar afuera muchos libros que leo por trabajo para investigaciones o notas que estoy haciendo.


¿Cuáles fueron tus lecturas preferidas de este año? 

Voy con ediciones locales, todas de 2018 y todas de mujeres. Me encantaron Cadáver exquisito (Alfaguara), de Agustina Bazterrica; Los sorrentinos (Editorial Sigilo), de Virginia Higa; Los oficios (Editorial Excursiones), el compilado de textos periodísticos de Sara Gallardo, Tan cerca - En todo momento - Siempre (Fiordo), la edición de las nouvelles de Joyce Carol Oates e Infernales. La hermandad Brontë (Taurus), de Laura Ramos.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas? 

Conocía a Eduardo Muslip por otros trabajos, pero este año llegué a Plaza Irlanda, una de sus grandísimas novelas. Indeleble.


Lectura general 

¿Cuáles son tus autores preferidos? 

De la Argentina Manuel Puig, Silvina Ocampo y Sara Gallardo. De afuera un montón. En cualquier orden: Julian Barnes, Nancy Mitford, Stephen King, Margaret Atwood, Lorrie Moore, Evelyn Waugh, Emmanuel Carrère, Jane Austen, Agota Kristof.



¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer? 

¡Qué difícil! También, en cualquier orden y los que se me ocurren hoy (mañana seguro pienso que deberían ser otros). The Woman in White, Wilkie Collins; Crimen y castigo, Fiódor Dostoievski; Operación masacre, Rodolfo Walsh; Persuasión, Jane Austen; Boquitas pintadas, Manuel Puig; Great Expectations, Charles Dickens; El cuento de la criada, Margaret Atwood; Mientras escribo, Stephen King; Claus y Lucas, Agota Kristof; The Pursuit of Love, Nancy Mitford.



¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día? 

El Ulises de Joyce. Lo prometo.



¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar, o dicho más fácilmente, que no te gustó? 


Esto me da mucho pudor. Porque es un clásico ejemplo de “no sos vos, soy yo”. Lo intenté muchas veces, con varios de sus libros. No hay caso. No puedo con nada de Roberto Bolaño (inserte aquí emoji de cara triste).


En 2018 la Svenska Akademien (Academia Sueca) no entregó el Premio Nobel de Literatura. Si dependiera de vos, ¿a quién se lo hubieras otorgado? 

Margaret Atwood. Su año, sin dudas.


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Agustina Larrea nació en La Plata, en 1982. Es periodista y docente. Trabaja como editora de la sección Sociedad en el sitio de noticias Infobae, donde escribe sobre temas y personajes muy diversos. En 2014 publicó en co-autoría Quién es la chica. Las musas que inspiraron las grandes canciones del rock argentino (Penguin Random House) y está trabajando en un nuevo libro de no ficción. Vive en Villa Crespo, Buenos Aires. Los libros y el tiempo nunca le resultan suficientes.







domingo, 6 de enero de 2019

Los libros leídos y (no) leídos de 2018

Como ustedes ya saben, las listas ¡oh, el vértigo de las listas! son tan arbitrarias y tan personales que hasta podrían hablar de quiénes las confeccionan. A pesar de esto, y sobre todo para no dejarlos en el olvido, me animé a dejar apuntados los libros que leí el año pasado y también los que me quedaron pendientes para este 2019.

Esta que les compartiré a continuación, no pretende ser una guía de los libros que deban leer sí o sí antes de morirse y dudo de que les pueda funcionar como un catálogo de recomendaciones. No creo que puedan utilizarlo como "mapa literario" específico del año que acaba de finalizar. Tan solo se trata de compartir con ustedes lo que tanto nos gusta: la lectura.

Antes de pasar al listado de los libros debo anticipar algunas cuestiones: algunos de ellos los leí a finales de 2017 y los terminé en 2018. Por esta razón es que el parámetro “año 2018” no debe tomarse con rigurosidad. Tampoco voy a establecer un ránking de orden desde los libros que más me gustaron a los que menos lo hicieron, ni viceversa; mucho menos voy a tener en cuenta el año de edición de los títulos seleccionados.

Se trata simplemente de ir recordando con la ayuda de mi libreta de anotaciones cada uno de los libros leídos.También van a entrar en este listado libros que leí en otros años pero que, o por placer o por trabajo, volví a encontrarme con sus páginas. Este fue el caso de Autorretrato, de Édouard Levé; de El adversario, de Emmanuel Carrère, o el consagrado Black out, de María Moreno. Uno que siempre releo durante los veranos es uno de los grandes clásicos del siglo pasado de la literatura argentina, Los siete locos, de Roberto Arlt. Otro libro que siempre está al alcance de mis manos es La ciudad y las leyes, de Cornelius Castoriadis.

Para hacer justicia poética y literaria, debería escribir también una nota con los libros que tengo en mi biblioteca y que aún no leí. De sólo repasar algunos nombres que me figuran en la columna de pendientes las pulsaciones se me suben a mil: prometí cumplir con 4 3 2 1, de Paul Auster y ahí está, impoluto en la biblioteca; El mapa y el territorio, de Michel Houllebecq es un libro que compré dos veces y las dos veces lo regalé sin haber pasado una página.

Una deuda histórica que todavía no (me) saldé es la que tengo con Fiódor Dostoievski y Los hermanos Karámazov (mientras escribo esto quiero morirme); todavía no terminé de leer Panfleto, el nuevo libro de María Moreno; uno de los que sí debería leer es el volumen cinco del noruego Karl Ove Knausgård titulado Tiene que llover, porque durante este 2019 vendrá el sexto y último volumen de Mi lucha.

El libro que me gustó mucho y no pude terminar sólo porque se me vino el año encima es el monumental Libro de los mártires americanos, de Joyce Carol Oates. Vuelvo a nombrar a Carrère y es para recordarme dos de sus libros que quisiera leer: el ensayo biográfico sobre Philip  K. Dick Yo estoy vivo y vosotros estáis muerto y Limónov. Cuentos de hadas de Nueva York, J. P. Donleavy, es otro de los que esperan en la mesa de luz para ser terminado. Lo que leí de Teoría y práctica, de Francisco Bitar me pareció más que bueno; por eso, es otro de los títulos que voy a leer al cien por ciento. Por último, la editorial independiente Corregidor publicó a fines del año pasado las Intervenciones, de Eduardo Lalo, y su última novela, Historia de Yuké.

De filosofía, dos libros me quedaron sin terminar, y ambos son de Franco Berardi (Bifo): La sublevación, y La fenomenología del fin. Ah, me permito nombrar uno más: la biografía de Cornelius Castoriadis que fue escrita por Francois Dosse y publicada por Cuenco de plata, también en 2018.

Pero mejor terminar ahora mismo con esta "lista negra” acá y volver a los libros que sí leí en el todavía cercano 2018 y que lentamente comenzamos a dejar atrás:

  • Poemas de amor, Idea Vilariño, Lumen
  • Fiebre en las gradas, Nick Hornby, Anagrama
  • Un filósofo, César Aira, Iván Rosado
  • La dimensión desconocida, Nona Fernández, Literatura Random House
  • César Aira, un catálogo, Ricardo Straface, Mansalva
  • Cuentos completos, Rodolfo Enrique Fogwill, Alfaguara
  • La casa de los conejos, Laura Alcoba, Edhasa
  • La historia de las marcas deportivas, Eugenio Palópoli, Blatt & Ríos
  • Los espantos, Silvia Schwarzböck, Cuarenta ríos
  • El caos, J. Rodolfo Wilcock, La bestia equilátera
  • Por qué se cuece el niño en la polenta, Agladja Veteranyi, Pelota de trapo
  • Oración, María Moreno, Literatura Random House
  • Un séptimo hombre, John Berger, Interzona
  • 78. Una historia oral del mundial, Martín Bauso, Sudamericana
  • 1917, Martín Kohan, Ediciones Godot
  • Summa technologiaie, Stanislaw Lem, Ediciones Godot
  • Suicidio, Edouard Levé, Eterna Cadencia
  • Por qué volvías cada verano, Belén López Peiró, Madreselva


  • Evasión y otros ensayos, César Aira, Literatura Random House
  • El último Maradona, Andrés Burgo y Alejandro Wall, Aguilar
  • Deslinde, Debret Viana, Hojas del Sur
  • La luz negra, María Gainza, Anagrama
  • A medio borrar (antología), Juan José Saer, Booket
  • La convención, Débora Mundani, Corregidor
  • Knockemstiff, Donald Ray Pollock, Literatura Random House
  • Capitalismo de plataformas, Nick Srnicek, Caja Negra
  • Desarticulaciones, Sylvia Molloy, Eterna Cadencia
  • El hijo judío, Daniel Guebel, Literatura Random House
  • Una aventura, César Aira, Mansalva
  • Hospital Francés, Daniel Gigena, Caleta Olivia
  • Nada de nada, Hanif Kureishi, Anagrama
  • Cerrado por fútbol, Eduardo Galeano, Siglo XXI
  • Los peregrinos del fin del mundo, Gustavo Ferreyra, Alfaguara
  • Camanchaca, Diego Zúñiga, Literatura Random House
  • 1988. El fin de la ilusión, Martín Zariello, Sudamericana
  • Cien películas que me abrieron la cabeza, Nicolás Amelio Ortiz, Altea























  • Pequeña flor, Iosi Havilio, Literatura Random House
  • Mi libro enterrado, Mauro Libertella, Literatura Random House
  • Para que exista esa isla, Julieta Lopérgolo, Postales japonesas
  • Fall River. Trece cuentos no reunidos, John Cheever, Ediciones Godot
  • La utilidad del odio, Nicolás Mavrakis, Letra sudaca
  • Lo que está y no se usa nos fulminará, Patricio Pron, Literatura Random House
  • El año del desierto, Pedro Mairal, Emecé
  • ¿Por qué?, José Natanson, Siglo XXI
  • EL cuento de la criada, Margaret Atwood, Salamandra
  • Roland Barthes por Roland Barthes, Roland Barthes, Eterna Cadencia
  • Prins, César Aira, Literatura Random House
  • Teoría King Kong, Virginie Despentes, Literatura Random House
  • El libro de Tamar, Tamara Kamenzain, Eterna Cadencia
  • Diez días en Re, Sergio Bizzio, Literatura Random House
  • República luminosa, Andrés Barba, Anagrama
  • Psicopolítica, Byung Chul-Han, Herder
  • Estrella distante – novela gráfica.-, Roberto Bolaño. Javier Fernández y Fanny Marín, Random Cómics
  • Magnetizado, Carlos Busqued, Anagrama

  • La guerra de las mariconas, Copi, Cuenco de plata
  • El gran misterio, César Aira, Blatt & Ríos
  • Los invisibles, Lucía Puenzo, Tusquets
  • Puerto Belgrano, Juan Terranova, Literatura Random House
  • Ministerio de Desarrollo Social, Martín Rodríguez, Mansalva
  • Los topos, Félix Bruzzone, Literatura Random House
  • Operación Sinatra, Diego Mancusi y Sebastián Grandi, Aguilar
  • El tano. Daniel Angelici, Ignacio Damiani y Julián Maradeo, Ediciones B
  • A la santidad del jugador de juegos de azar, Héctor Libertella, Mansalva
  • La danza de las araña, Laura Alcoba, Anagrama
  • Los mejores días, Magalí Etchebarne, Tenemos las máquinas
  • Siempre empuja todo, Salvador Biedma, Eterna Cadencia
  • Kentukis, Samanta Schweblin, Literatura Random House
  • El hombre que corrompió a Hadleybourg, Stevenson, Corregidor
  • Pornosonetos, Pedro Mairal, Emecé
  • Space Invaders, Nona Fernández, Eterna Cadencia
  • Entre ellos, Richard Ford, Anagrama
  • Maestros, Liliana Villanueva, Ediciones Godot
  • El azul de las abejas, Laura Alcoba, Edhasa
  • La ilusión de los mamíferos, Julián López, Literatura Random House
  • El lugar de la herida, Carolina Riccio, Caleta Olivia


Relecturas

  • Autorretrato, Edourard Levé, Eterna Cadencia
  • El adversario, Emmanuel Carrere, Anagrama
  • Salón de belleza, Mario Bellatin, Alfaguara
  • Juan José Saer. Una forma más real que la del mundo, Martín Prieto (comp.), Mansalva
  • Bajo este sol tremendo, Carlos Busqued, Anagrama
  • La divina comedia, Dante Alighieri, Edhasa
  • El conserje y la eternidad, Ricardo Romero, Alfaguara
  • Los siete locos, Roberto Arlt, Clarín









lunes, 3 de septiembre de 2018

Librería

"La biblioteca", Jacob Lawrence 


La librería definida como un espacio dedicado a la comercialización de libros es tan insuficiente como precaria. Hoy prefiero decir (sentir) que es el lugar en el que podemos escaparnos de esta realidad delicada y no menos dolorosa. Y por supuesto, muchas cosas más.


Cuando digo “escaparnos” no lo hago en términos de negación de nuestra contemporaneidad, sino a modo de poder sentir plenamente la curiosidad ante lo desconocido, de conocer nuevos mundos a partir de la escritura, pero también contar con la posibilidad de escuchar una recomendación, de comenzar un diálogo con el librero (que son lectores), o con otras personas lectoras, otros clientes.

Es lindo ir a una librería para hojear las páginas del ejemplar de un autor que no conocemos tanto o que directamente no conocemos. 

Es en ese espacio donde volvemos a encontrarnos con libros que ya leímos. Y nos alegramos de verlos "vivos", exhibidos en una mesa o disponible en la estantería de una biblioteca.

¿O acaso no es gratificante ver un libro que nos gustó mucho al alcance de la mano de otra persona, a la que le deseamos poder encantarse con ese texto que nos fascinó?

Es mirar cada portada de cada mesa, leer contratapas, averiguar quién es el traductor del contenido en la lengua original. Es sorprenderse cuando los “clásicos” cambian sus portadas o aparecen nuevos diseños.

Es el placer de leer sin que nadie te moleste. ¿O acaso en una casa de electrodomésticos los chicos se pueden quedar jugando con una playstation todo el tiempo que quieran? ¿O los dejan quedarse con la ropa puesta que se probaron durante media hora, una, o dos?

Es en la librería donde me siento feliz. Y tanto es así que me doy cuenta de esto cuando ya no estoy allí.












viernes, 6 de julio de 2018

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me gusta despertarme temprano sin arrastrar cansancio ni sueño, caminar por el cordón de las veredas, viajar en transporte público pero sentado, que me salgan las fórmulas que necesito en el excel, andar en bicicleta en bajada, que me regalen libros, leer libros buenos, almorzar ravioles o los tallarines, ir a pasear con mis hijas, desayunar en los cafés, jugar con mi perrita Luna, releer los libros que más me gustan, escuchar mis canciones en modo “repeat” a un volumen alto, no tener vergüenza de mis canciones preferidas, hacer coreografías aunque nunca me salga nada junto a mis hijas, andar en bicicleta con viento a favor, tener memoria en el disco rígido, sacar fotos con mi cámara de fotos (no con el teléfono), ir a la cancha a ver a Boca, ver los partidos de Boca por televisión cuando no puedo ir a la cancha, hacer tortas y budines los domingos, hacer y comer asado, roland barthes, ver bien utilizados los puntos suspensivos, que la ropa que me gusta me quede bien, comer panchos en la calle siempre y cuando la mostaza sea chisap, los acolchados que no pican, los juan josé saer, que me regalen libros, ulysses de james joyce, césar aira, martín kohan, ir al supermercado cuando está vacío, los alfajores santafecinos, los poemas y diarios de alejandra pizarnik, ver los mundiales, comer con mis amigos en el bar, terminar de leer un buen libro, encontrar mails de la gente que quiero en mi bandeja de entrada, visitar librerías siempre, juan román riquelme, tener más de 200 pesos en la sube, las naranjas, los jugos de naranja exprimidos, oler libros nuevos, un placer incompresible para todos excepto los lectores, sentarme en reposeras en las playas pero también en las plazas, las bolas de fraile con dulce de leche de la fabrica de churros ubicada en la calle olleros entre av. corrientes y av. forest, leer los diarios a la mañana, comenzar un buen libro, tener bolsas de residuos en mi tacho de la basura, leer biografías y autobiografías, leer diarios, las clases de ricardo straface, leer al menos una vez por año un libro de más de 700 páginas, ver todas las veces que quiera las películas que me gustan (la vida de los otros, por ej.), roger federer, las zapatillas con abrojos, las tazas con motivos (dibujos, escudos o nombres), ver el programa expedientes cuando ganó Boca, los poemas de ideala vilariño, los buzos adidas clásicos, jugar al ajedrez, juan forn, que me regalen libros, ir a buscar a Clari al teatro, barrer y limpiar el piso, tirar cosas viejas, pagar es feo pero hacerlo por internet es más fácil, decir que no a la invitación a los lugares que no quiero ir, el sonido de los bombos, la línea de colectivo 12, la perfección de la escritura en juan carlos onetti, rafa nadal, visitar librerías, tener guantes cuando hace frío, usar equipo de gimnasia, tener la batería del celular arriba del 80%, ir a la pileta (no de clubes sino de casas), tener resma de papel siempre, tener tóner para la impresora siempre, diego maradona mi máximo ídolo…

no me gusta estar ansioso, que me llamen por teléfono, sacar turno para hacer algún trámite, olvidarme las contraseñas, comer mal, andar en bicicleta en subida o con viento en contra, pagar facturas vencidas, los errores de ortografía, que me llamen del banco porque no pagué alguna cuenta, escuchar mi propia voz a través de algún tipo de grabación, que me llamen para ofrecerme “beneficios”, tener las medias húmedas cuando hace frío, que me sirvan medialunas viejas con el café con leche, decir “digo” muy seguido, encontrarme con una persona y no recordar su nombre, tardar en concentrarme cuando veo una obra de teatro, que me agarre sueño cuando estoy lejos de mi casa, viajar en subte en hora pico, leer reseñas en las que hacen pasar por buenos a los libros que en realidad no lo son (no hablo de gusto, sino de lo que son sencillamente “malos”), que me pregunten cuando estoy leyendo “¿por qué no salís a hacer algo?”, que me llame una cinta con la voz de las autoridades de la ciudad donde vivo o del club del cual son hincha, lavar los platos, mentir, que crean que no hago nada cuando estoy leyendo, que la impresora no imprima, lavarme las manos con agua fría, tener ganas de hacer pis y tener que pedir permiso en un bar para usar el baño, no encontrar lugar estacionar, que se tilde el teléfono, llamar a servicio de atención al cliente de cualquier empresa de servicios, armar rompecabezas, las galletitas húmedas, dejar las hornallas o la cocina sucia, que me digan “¿cómo hacés para leer tanto”, obligándome a aclarar que cuando no trabajo, o hago las cosas de la casa o no juego con mis hijas, leo, tener los billetes en la billetera desordenados, usar camisas, el plebeyismo, entrar a un negocio y que inmediatamente me pregunten en qué me pueden ayudar, la vanidad, el fetichismo (de la que yo también soy participo), no conseguir los tomo I y II de la poesía completa de juarroz, no conseguir la distinción de pierre bourdieu, no conseguir la cultura popular en la edad media y en el renacimiento…

«Me gusta, no me gusta: es algo que no le importa a nadie; aparentemente no tiene se sentido. Y sin embargo todo eso quiere decir: mi cuerpo no es igual al de usted». Roland Barthes por Roland Barthes, Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2018.










sábado, 16 de junio de 2018

Argentina empató con Islandia y se encienden las alarmas

Fecha 1: Argentina 1 vs. Islandia 1 

Argentina debutó en el Mundial de fútbol Rusia 2018 e igualó 1 a 1 con Islandia, en el primer partido del grupo D. 
Los goles los convirtieron Sergio Agüero ('18 PT) y de Alfred Finnbogason, cinco minutos después. El arquero Hannes Halldorsson le detuvo un penal a Lionel Messi ('18 ST). El equipo dirigido por Jorge Sampaoli fue dominador del encuentro pero sin doblegar a la defensa nórdica, que se defendió con inteligencia y solidez. Los tres puntos que se contaban "en los papeles" se transformaron en uno y el partido del próximo jueves ante Croacia (juega hoy a las 16 hs. contra Nigeria) será con estatus de final. 
La última vez que Argentina debutó sin victoria fue aquella derrota inesperada de Milán ante Camerún (0-1), en el campeonato mundial Italia '90. A continuación, el boletín de calificaciones de los jugadores argentinos: 

Caballero (4): no termina de convencer. En el gol  sacó la pelota que tenía destino de red pero el rebote quedó servido para la conquista de Halldorsson. En la segunda pelota, siempre tienen mayor responsabilidad los defensores. Complicada la salida con Rojo, aunque después la despeja, que casi se convierte en gol islandés.

Salvio (5): algunas buenas excursiones al ataque que terminaron en pase atrás que nadie pudo capitalizar. Se mostró siempre a disposición de Messi y Meza. En el retroceso algo desprolijo, además de dejar flancos abiertos en su sector. 

Otamendi (5): partido aceptable. Sacó mucho por arriba. No pudo sacar la pelota tras el rebote que deja Caballero en el gol islandés.

Rojo (4)
: corrió un riesgo innecesario al devolverle la pelota a Caballero en una salida de arco. Con el correr de los minutos se fue acomodando.

Tagliafico (6)
: correcto en la defensa y buenas proyecciones. No le pesó el debut en el mundial.

Meza (5): aceptable debut. Despuérs del gol de Islandia decayó su nivel. Siempre se mostró a disposición para el juego creativo. A él hicieron el penal. En el segundo tiempo le faltó más intensidad.

Mascherano (6): siempre rinde. Bien ubicado y lúcido para pasar el balón.

Biglia (4)
: pareciera no al estar ciento por ciento de su capacidad física. Erró muchos pases. Cuando quedó por delante de la línea de la pelota no gravitó. De hecho, no es su principal tarea. Error no forzado del técnico Jorge Sampaoli. 

Di María (3): Buenos movimientos durante los primeros treinta minutos generando espacios para la subida de Tagliafico y para el desenvolvimiento de Messi pese a no ser decisivo en el juego. Después del empate islandés, su juego se diluyó totalmente. Muy difícil que se luzca ante equipos que se cierran muy bien en defensa.

Messi (5): erró el penal y eso le resta puntos. Si lo pateó bien o mal es una discusión menor. Todo penal no convertido automáticamente se considera una mala ejecución. No tuvo precisión en los tiros libres aunque los lugares desde donde le tocó ejecutar, siempre fueron muy lejanos. La pidió siempre y buscó sociedades, que no se terminaron de conformar. No se borró. Lo marcaron bien.

Agüero (6): el resultado opaca la percepción de lo que fue su juego. Se pareció al Agüero del Manchester City. Se generó el espacio muchas veces. Apoyó a sus compañeros recibiendo y devolviendo de espaldas al arco. Convirtió su primer gol mundialista -un golazo-. Por supuesto, tiene mucho más para dar.

Ingresaron: 

'53 Banega (4) por Biglia: filtró un buen pase y no mucho más. No mejoró el equipo con su ingreso.

'74 Pavón (6) por Di María: le hicieron un penal que el árbitro no sancionó. Desbordó con peligrosidad dos veces más. Fue quién mejor interpretó lo que Messi necesitaba. Debía ingresar antes. Otro error no forzado del entrenador argentino.

'83 Higuaín (x) por Meza: no se lo puede calificar ya que jugó siete minutos más los cinco de adición.


Con suma rigurosidad y disclipina táctica, así marcaron los islandeses a  Lionel Messi





viernes, 29 de diciembre de 2017

Ariel Hernán Toledo: Los lectores y los libros

Ariel Toledo en Ficticios

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Es difícil fijar un número exacto, pero teniendo en cuenta la larguísima temporada de Ficticios y sumando a eso las lecturas que uno elige por curiosidad, más esos que llegan traídos por las manos de otros lectores, debo estar cerca de los 70.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Sin dudas, el primero de ellos es, Las aventuras de la china Iron, de Gabriela Cabezón Cámara, que no solo llega para confirmar lo que ya sabemos, que es una de las voces más potentes de la región. Es también una tremenda novela que nos obliga a repensar la literatura. Con este texto, creo, subió la vara de la cuestión.

Sentada en su verde limón, de Marcial Gala y que edita Corregidor. Un texto fuerte que se sostiene página a página. Un power trío amoroso con una Cuba de fondo que intenta emerger. Música, sexo, drogas. Un coctel explosivo que Gala maneja con maestría.

Matate, amor, de Ariana Harwicz (Mardulce). Si bien ya tiene un tiempo, recién pude meterme de lleno este año en su obra. Es admirable el manejo de la prosa en ella. Tiene una violenta y a su vez, maravillosa manera de observar el universo femenino. Cuestiona e incomoda al lector y eso me parece esencial para que un texto se transforme en algo superior.  


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Oscar Wilde, Gabriela Cabezón Cámara, John Berger, Clarice Lispector, Ferréz, Enrique Medina, Edgar Allan Poe, Eduardo Lalo, Fiódor Dostoievski, Juan Villoro, Franz Kafka, Alejandra Pizarnik, Albert Camus y Roberto Arlt. Estos los puedo citar de memoria, pero la lista bien podría ser más larga aún.

 
¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Es difícil pensar en una lista imaginando a otro lector. Pero puedo citar algunos que considero, bien valdría la pena pegarles al menos, una leída:

Simone, de Eduardo Lalo.
El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
Romance de la negra rubia, de Gabriela Cabezón Cámara.
El castillo, de Franz Kafka.
Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski.
Las tumbas, de Enrique Medina.
Los siete locos, de Roberto Arlt.
Dublineses, de James Joyce.
Los premios, de Julio Cortázar.
De A para X, de John Berger.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te juras leer algún día?

No me impongo las lecturas. Intento llegar a los libros de manera natural, incluso hasta te diría que por energías. Por alguna razón, los libros aparecen. Sin importar demasiado sin son o no clásicos.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

“Ulises”, de James Joyce, supongo. Un amigo me dijo alguna vez que uno lo compra para no leerlo. Quizá tenga razón.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Como si existiese el perdón, de Mariana Travacio que edita Metalucida. Una novela bellísima que te lleva todo el tiempo de la mano y no te suelta .

Las esferas invisibles, de Diego Muzzio. Tres nouvelles que te meten de lleno en un gótico magníficamente construido.

Confabulaciones, de John Berger. Hermoso libro y hermosa edición de Interzona. Reflexiones, citas, apuntes, de un artista gigante.

No hay risas en el cielo, de Ariel Urquiza y que edita Corregidor. El tono y las formas son perfectas. Las estructuras de los cuentos y la manera en que se resuelven son impresionantes.


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Ariel Hernán Toledo es periodista, librero y dramaturgo. Es conductor y productor de contenidos de Ficticios. Fue productor y guionista de Supernova, la FM de Radio Nacional. Colabora habitualmente en algunos medios gráficos del interior del país. Sus textos forman parte de una antología de poetas latinoamericanos noveles, editado por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid. Fue parte del equipo editor de la revista Piraña, de cultura independiente. Es autor de Tumbamadre, obra de teatro que recrea las circunstancias y consecuencias de la guerra de Malvinas.

Participa actualmente en una investigación histórica sobre Paso del Rey, su ciudad natal. 




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Sebastián Chilano: "Los lectores y los libros"

Sebastián Chilano publicó en este año Ningún otro cielo (Letra Sudaca)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

No suelo contar los libros que compro ni leo. Debería. Este año leí bastante más de lo que esperaba y menos de los que quisiera. Hubo un gran cambio: leí mucha no ficción, sobre todo ensayos y diarios, y di menos lugar a la narrativa. Calculo unos sesenta o setenta libros. Quizás más si cuento aquellos que abandoné. Y sobre todo fue el año que encontré un libro que hace mucho buscaba y nos esquivábamos mutuamente: El diccionario jázaro de Mirolad Pavic.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

En la respuesta anterior pensé que debería anotar los libros que leo para no ser injusto. Es muy probable que no recuerde alguno de los libros leídos en marzo, ni que hablar de julio o agosto, meses fríos y llenos de lecturas. Hago el intento, con perdón:

De ficción leí con sumo placer tres o cuatro novelitas de César Aira, entre ellas La invención del tren fantasma. Dos joyas de Daniel Guebel: El Absoluto y Tres visiones de las mil y una noches. Una novela increíble de Carlos Gamerro: Cardenio. Y fue el año que descubrí a Luis Sagasti con Una ofrenda musical, a Pablo Katchadjian con su novela Gracias y a Valeria Meiller con El mes raro. Sigo: Nuestro mundo muerto de Liliana Colanzi, Quema de Ariadna Castellarnau y la reciente Hoshjam de Miguel Hoyuelos. 

En no ficción me fascinó el libro de Marcelo Cohen, Un año sin primavera. Y a principio de año El país de la guerra, de Martín Kohan. Uno reciente: Diálogo Piglia/Saer. Y una perla: Subrayados de María Moreno. Saliendo del país: Puede recomendar Calibán y la bruja de Silvia Federici, Shanzai de Byung Chul Han y Jesús y Pilatos de Agamben. Me olvido de La Furia de Théroigne de Méricourt, de Heavier than Heaven una biografía de Kurt Cobain escrita por Charles Cross y de La revolución electrónica de William Burroughs.



¿Cuáles son tus autores preferidos?

Jorge Luis Borges y César Aira
Mario Levrero y Juan Carlos Onetti
Kurt Vonnegut
John Berger
Patrick Deville y Emmanuel Carrère
Marguerite Duras y Amélie Nothomb


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Podría enumerar en orden y en consecuencia con la respuesta anterior:

“Otras inquisiciones”, Borges.
“La liebre”, Aira.
“El lugar”, Levrero.
“Los adioses”, Onetti.
“Desayuno de campeones”, Vonnegut.
“Un hombre afortunado”, Berger.
“Ecuatoria”, Deville.
“El adversario”, Carrère.
“El amante”, Duras.
“Metafísica de los tubos”, Nothomb.

Podría esforzarme un poco, ir hasta la biblioteca y contestar:

“Nueve libros de la historia”, Heródoto.
“Historias inverosímiles en general”, Alasdair Gray.
“Morir en occidente”, Philippe Ariès.
“Historia de las tierras y los lugares legendarios”, Umberto Eco.
“Las ciudades invisibles”, Italo Calvino.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

No creo ser original: “Ulises”, de James Joyce. En cualquiera de sus traducciones, ya nada importa con tal de leerlo.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Uno: “Madame Bovary”, de Gustav Flaubert. Y tampoco pude disfrutar “La montaña mágica”, de Thomas Mann.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Una revelación fue Ariana Harwicz, y su trilogía involuntaria (o no) de madres grunge, como arbitrariamente sentencié. Otra, reciente, Camilo Sánchez con su novela “La Feliz”.


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Sebastián Chilano nació en Mar del Plata en el año1976. Publicó las novelas Riña de gallos (2010), Las reglas de Burroughs (2012), Tan lejos que es mentira (2013), Méndez (2014) En tres noches la eternidad (2015) y Ningún otro cielo (Letra Sudaca 2017). Además escribió, en coautoría con Fernando del Rio, las novelas Furca. La cola del lagarto (2009) y El geriátrico (2011).






domingo, 24 de diciembre de 2017

Giselle Aronson: "Lo que no se sabe"

El silencio de los inocentes

La novela comienza con el regreso de Javier en su auto desde “la Capital” hacia la casa donde vive hace tres años, en Haedo, cuando se separó de Paula, la madre de su hija Rocío. La casa que era de sus padres y que por distintas circunstancias le quedó a él y donde también decidió trabajar: en el garaje armó su taller de lutheria.

En ese viaje de regreso de una tarde de octubre el protagonista se trae dos cajas de cartón con objetos que desconoce apoyadas en el asiento de atrás. Esas cajas son las que tal vez previó dejarle Carla, una exnovia, antes de suicidarse y que Javier probablemente abra durante ese fin de semana ya que Rocío le avisó que no se iba a quedar con él.

Conocer esos objetos, inferir sus significados, harán al personaje pensar no solo en su pasado, en su caracter irreversible, sino también pensarse a sí mismo en el presente y por qué no, permitirse un futuro algo más esperanzador.

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Un suicidio conlleva un misterio, un enigma que jamás se podrá resolver. En la página 66 la autora escribe:

"En el silencio del otro no caben nuestras palabras. ese silencio no puede llenarse con nada; el otro se lleva sus palabras, que nunca son las nuestras. Son otras y no podemos predecirlas ni decirlas. Nuestro silencio es imposible. El silencio del otro es inexorable".

¿Por qué lo hizo? ¿Qué fue lo que causó tanto dolor como para no tener ganas para seguir viviendo? Preguntas que tiene como trasfondo la tristeza más profunda, porque viene de la mano de la impotencia.

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Esa misma impotencia, la que utilizamos para decir lo inexplicable, siempre es insalvable porque el que quedó de este lado, en la vida, inevitablemente piensa en lo que podía o debía haber hecho para que el suicidio no suceda. Se trata de pensar hacia atrás como si la muerte voluntaria hubiera sido un acertijo con solución. De allí el sufrimiento. Porque el suicidio clausura el pasado, lo vuelve perturbador, tanto como para suspender la noción de presente y mucho más la de futuro. El tiempo del suicidio, es el tiempo de la suspensión.

Pero con el tiempo llega el duelo y con el duelo reaparece la dimensión del futuro. Como ya sabemos, el futuro, ya sea más cercano o no, siempre se vincula con la promesa.

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“Lo que no se sabe” es una novela sobre lo irremediable del suicidio pero también una novela sobre la esperanza para aquellos que pelean para no hundirse en la tristeza y tratan de volver a sentir algo parecido a la felicidad.


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Ficha técnica

Autora: Giselle Aronson
Título: Lo que no se sabe
Editorial: Modesto Rimba
Año de edición: 2016
Páginas: 116





jueves, 21 de diciembre de 2017

Aglaja Veteranyi: "Por qué se cuece el niño en la polenta"

Por Julián Mola

“El dictador prohibió a Dios”. Hasta la fe prohibió Nicolae Ceauşescu, que había llegado al gobierno de la por entonces República Socialista de Rumania a mediados de los sesenta. Terminada la Segunda Guerra, como tantos otros países del este europeo, Rumania quedó bajo la órbita de la URSS; satélites a los que se les impuso el comunismo con el fin de evitar reincidencias políticas e ideológicas. O eso se dijo. En Rumania tampoco funcionó del todo bien, Ceauşescu sería ejecutado en 1989 bajo el cargo de genocidio.

“El dictador cerró Rumania con alambre de púas”. Muchos fueron los que arriesgaron su vida para huir de la escasez y los excesos hacia el oeste democrático, el occidente del libre comercio. Eso hizo Alexandrus Veteranyi, huir del régimen con sus dos pequeñas hijas, su esposa y la caja completa del Circo Estatal de Rumania. Se proponían dejar atrás las privaciones, el autoritarismo y, por qué no, el anonimato; pensaban hacer, entre otras cosas, de su hija menor Aglaja una estrella de Hollywood.

Veteranyi fue artista circense, payaso, actor y aficionado a filmar cantidad de películas caseras que nunca tuvieron destino alguno. Estos menesteres lo llevaron a recorrer Europa, África, pasar por los Estados Unidos y terminar recalando en Argentina a mediados de los ochenta. Finalmente, Tandarica, tal su nombre artístico, alcanzó su anhelada fama con aquel recordado personaje de mozo torpe, que adeudaba no poco a Chaplin. Participaría en cantidad de películas y programas de TV hasta su muerte, en Buenos Aires, en 1995. Muy atrás, muy lejos, habían quedado su mujer, sus hijas y el circo. Aglaja, con apenas quince años, había escapado a Suiza en solitario. Allí se estableció y, sin haber recibido una educación formal, casi analfabeta, se vinculó al ambiente artístico y acabó siendo una reconocida actriz, docente y escritora que dominaba el alemán, el rumano y el español. Fundó un grupo literario y un grupo teatral, escribió narrativa, obras de teatro, poemas, y diversos textos para diarios y revistas. En su primera novela –única editada en vida- Por qué se cuece el niño en la polenta, Aglaja reconstruye –o recupera- la voz de la niña que fue para contar, con la sinceridad despiadada de un niño, la historia autobiográfica de su infancia, el derrotero geográfico, social y emocional de unos primeros años que revelan las marcas de su origen, los anclajes y, seguramente, las decisiones de la Aglaja mujer.

A golpe de oraciones simples, concisas, incluso con páginas enteras reservadas a una sola frase, una tras otra caen las imágenes, las metonimias de la escritora condensan todo cuanto caló hondo en su persona y necesita ser liberado, sin pudores: el régimen rumano (“El dictador es zapatero de profesión, ha comprado sus diplomas en la escuela. No sabe ni escribir ni leer, dice mi madre, es más tonto que una tapia. Pero una tapia no mata, dice mi padre”), la huida y sus consecuencias (“Desde nuestra fuga torturan al tío Petru en la cárcel y al tío Nicu lo mataron a palos delante de la puerta de su casa”), la pobreza omnipresente (“En mi tierra hacer cola es una profesión”), la imagen de su padre, las expectativas de una madre desbordada, la relación con su hermana y su tía, y el diario devenir de una troupe nómada de artistas fugitivos.

Aglaja tiene cinco años cuando comienza la narración, es el momento en que todo en su vida comienza a ser extranjero (“El circo siempre está en el extranjero”), palabra que marcó su vida, que resume su condición de expulsada, del que ocupa un lugar que no es el suyo; el extranjero (como lugar, donde ella vivió desde que recuerde), los extranjeros (que eran ellos, en todos lados, su condición de exiliada, de nómada, de fugitiva siempre a punto de ser deportada: “No podemos volver nunca, está prohibido”), la extranjera (que decidió seguir siendo, ella, adoptando a Suiza como país de residencia y el alemán como lengua; “la patria es la lengua”, dijo Adorno).

Por qué el niño se cuece en la polenta cuenta el desarraigo de un país, de un origen, pero, sobre todo, el de una infancia; arrastrada a una tierra de adultos, el comienzo de su vida iba a transcurrir lejos de los límites de la niñez. Es un libro –una vida- de contrastes, porque se parte de un recurso –la niña que narra- que no deja margen a otra cosa, porque lo que narra es violencia, y emociones que poco tienen que ver con la niñez. El miedo, no producto de una fantasía de acecho sino el miedo a una amenaza real, esa emoción de la que se procura resguardar al niño, en Aglaja es cosa de todos los días, como la rutina del circo:

“En la cama no paro de pensar que mi madre ahora está colgada del pelo. Mi hermana tiene que inventarse cosas cada vez más crueles para el niño en la polenta”.

Su hermana, para mantenerla entretenida y así no padecer el miedo de ver caer a la muerte a su madre trapecista, le cuenta, una y otra vez, el cuento popular rumano ¿Por qué se cuece el niño en la polenta? (nunca se aclara, pero el cuento sería “apenas” eso, una imagen, la de un niño que hierve en una olla de polenta; no tiene texto ni moraleja, es solo un título disparador para ser desarrollado a gusto del narrador o del oyente), el artilugio es tapar el horror con horror –desviar la mirada del horror para mirar otro horror-. No mirar allí, donde más duele, mejor mira allá; es una evasión instintiva la que practica a diario, se hace fuerte en lo que nadie le ha podido ni le podrá quitar, resiste como puede en su imaginación, y así crece.

Lo particular, entonces, no es el recurso en sí mismo, lo particular, lo auténtico, es su historia, tramada de puros contrastes entre lo que se supone debe ser y la realidad, una realidad que a Aglaja le toca vivenciar desde muy temprano, aunque siquiera logre comprenderla del todo: el entrañable Tandarica se descubre como quien “… pega a mi madre y con una cuchilla de afeitar corta las prendas de su vestuario en pedacitos y dice: ¡Hoy te dejo caer de la cúpula!”, las bondades de la Europa occidental resultan en “¡Vaya paraíso! ¡Aquí los perros son más importantes que las personas! ¡Si escribo a mi familia que los estantes en la tienda están llenos de comida para perros, creen que me he vuelto loca!”, la festiva vida circense esconde que “A Lidia Giga, la domadora, la hizo pedazos el león que ella misma había criado con un biberón. Al hombre encadenado se le partió la cuerda ardiendo, se cayó de cabeza”, la familia es “mi madre pegó a mi hermana, se cayó contra un cristal de una ventana y se cortó las venas. ¡Sí, he dormido con tu marido!, había gritado mi hermana. ¡Tu padre me chupó la sangre del corazón y me tiró a la basura!, dice mi madre”.

La directora húngara Krisztina Deak llevó la historia al cine (Aglaja, 110 min., Hungría, 2012) basando el guion en el libro. La película -¡no tan rápido!- es inhallable en internet, pero en el tráiler de dos minutos se deja entrever –salvando las distancias de presupuesto y contexto histórico- un tono que en seguida remite a El laberinto del fauno, al prisma con que Ofelia observa el mundo, que lo hace su propio mundo, su refugio. Es que Por qué el niño… es eso, un cuento que es una distracción, un mundo ideado para sobrellevar el destierro de la infancia. Ese mundo de fantasía, resultado de su inocencia avasallada, de una necesidad de repliegue sobre sí misma, es oscuro, y la lleva a elaborar, a la manera del uso que hace del cuento que da nombre al libro, sus propios artilugios, su propia lógica del alivio: “Siempre tengo que pensar en la muerte de mi madre, para que no me pille por sorpresa. Veo cómo se enciende el pelo con las antorchas, cómo se cae ardiendo sobre el suelo”.



Le llega la pubertad a esta niña; sea por llevar la contra a su madre, que se empeña en conservarla impoluta, a salvo de los males del mundo (que para ella son básicamente los hombres), sea porque ya no cree poder seguir viviendo allí, en ese territorio en el que siempre fue extranjera, avanza, sin saber bien a dónde, pero avanza: “Nunca me ha tocado un hombre en ese lugar. No pienso en otra cosa. Quiero que me violen dos al mismo tiempo.” Su vida, ella misma, parecía estar marcada por estos contrastes, estos sacudones. Dice el escritor Werner Morlang, amigo personal, en un discurso homenaje que lee a un año de su muerte: “Ella era desinhibida y tímida, intrépida y aprensiva al mismo tiempo, como si estuviera siendo perseguida por alguna experiencia crucial de su niñez: una combinación fatal de fantasías entre ser todopoderoso y sentimientos de inferioridad”.

Aglaja Veteranyi se quitó la vida ahogándose en el Lago de Zúrich en febrero de 2002, tenía treintainueve años. Uno entonces se pregunta si en verdad fue un viaje de más de tres décadas hasta su infancia lo que Aglaja emprendió para recuperar la voz de aquella niña que fuera, o si la voz que recupera su historia es la de la niña adulta con la que convivía a diario, una niña que seguía allí, en sus ojos, en su puño y letra, todavía herida, todavía sola en el extranjero, una niña que ya no tiene quién la pueda distraer.
 

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 Ficha técnica

Autor: Aglaja Veteranyi
Título: Por qué se cuece el niño en la polenta?
Editorial: Lengua de trapo
Año de edición: 2002
Páginas: 183




Víctor Malumián: "Los lectores y los libros"

Víctor Malumián, junto a Hernán López Winne, dirige el sello Ediciones Godot.

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2017?

Creo que estoy rondando los setenta libros aproximadamente.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Este año leí y me encantó:
  • Fuera de lugar, de Martín Kohan
  • Luto, de Edgardo Scott
  • Las tres vanguardias, de Ricardo Piglia
  • Tres veces luz, de Juan Mattio

¿Cuáles son tus autores preferidos?

En narrativa en español sigo con especial atención a Mariana Enriquez, Samanta Schewlin, Ariana Harwicz, Martín Kohan, Ricardo Romero y Edgardo Scott. Ya fallecidos: Juan José Saer, Ricardo Piglia, Felisberto Hernández y Victoria Ocampo son fundamentales. En cuanto a ensayo Peter Sloterdijk, Louis Althusser, Lewis Mumford, Michel De Certau, Slavoj Zizek y por supuesto: Horacio González, Eduardo Grüner y Beatriz Sarlo.

¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Comparto la misma postura que Alexandra Kohan e Ingrid Sarchman que nadie está obligado. Sin orden particular:

§  Ideología y aparatos ideológicos de Estado, de Louis Althuser (Nueva Visión)
§  Ideología un mapa de la cuestión, de Slavoj Zizek (FCE)
§  La historia del arte, de Ernst Gombrich (Phaidon)
§  La conjuración sagrada, de Bataille (Adriana Hidalgo)
§  Técnica y civilización, de Lewis Munford (Alianza)
§  No toda vigilia es la de los ojos abiertos, de Macedonio Fernández (Corregidor)
§  Narrativa breve completa, de Felisberto Hernández (Cuenco de Plata)
§  Cuentos completos, de Silvina Ocampo (Seix Barral)
§  Las mil y una noches
§  Nadie nada nunca, de Juan José Saer (Seix Barral)

¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Ulises, de James Joyce.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Cuando lo intenté no disfruté La divina comedia, fue hace varios años, quizás sea momento de darle otra oportunidad.


¿Cuál fue el libro o el autor que “descubriste” durante este año de lecturas?

Dos libros que se me vienen a la cabeza de inmediato, que no me canso de recomendar y que con su sola lectura quiero adquirir el resto de los textos que sean publicados por ellos son: Juan Pablo Roncone a través de Hermano Ciervo (Fiordo) y Mariana Travacio a través de Como si existiese el perdón (Metalúcida). En cuanto al ensayo En contra de la música de Julio Mendivil (Gourmet Musical) me parece un libro increíble, un hallazgo en todo sentido.


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Víctor Malumián es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Junto a Hernán López Winne fundó en 2008 Ediciones Godot. En el 2012 generaron la Feria de Editores que ha recibido en su última edición más de 140 editoriales de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México, Uruguay y Venezuela. En el 2016 publicó como co-autor el libro "Independientes ¿de qué?" a través de Fondo de Cultura Económica México.