sábado, 28 de enero de 2017

María Fernanda Pampín: "Los lectores y los libros"

María Fernanda Pampín, editora en Corregidor

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Primera disculpa: hablo y escribo mucho. No contabilicé los libros del año, pero fue una cantidad importante. Aquí incluyo narrativa, pero también ensayos y debería entrar la crítica literaria (en este caso, más fragmentaria). Va una confesión: tengo una doble personalidad y divido mi vida entre la academia y el mundo editorial. Así que habrá que distinguir entre los libros que leo por trabajo de los que elijo leer simplemente por placer (esto me los compro o son lecturas recomendados por amigos). 

Para eso tengo tiempos diferentes: los que elijo los leo preferentemente en viajes o a la mañana temprano, en el desayuno, que es el momento en que más me gusta leer y suelen ser novelas. Este año gané mucho tiempo de lecturas de placer. Me doctoré en febrero de 2016 y, de algún modo, eso me liberó para poder incluir nuevas lecturas que no estaban relacionadas con la tesis. Durante años traté (a veces infructuosamente) de evitar libros que no se relacionaran de algún modo con los proyectos de investigación y esto me ataba mucho. Siento que fue un antes y un después. Ahora me siento mucho más libre para elegir un libro y disfruto más de la lectura.

Entre las lecturas del año existen, también, muchos libros que no fueron publicados. Leí una enorme cantidad de originales, que no siempre valen la pena, pero estoy aprendiendo, y entonces, si no me gusta el modo en que se desarrolla en las primeras 50 páginas decido abandonarlos. Un libro que no me logra convencer en el inicio ya no lo puedo seguir leyendo. Esto es algo muy nuevo para mí, y creo que estoy aprendiendo con el tiempo, antes me sentía infinitamente culpable si no finalizaba un libro pero ahora pienso que hay demasiados libros buenos para leer como para perder tiempo con uno que no nos guste nada. Entre los manuscritos, hay también otro tipo de libros, son aquellos en que no conocía al autor y de pronto me encuentro con un libro fantástico y lo devoro de una sentada. Es cuando surge ese hallazgo de algo nuevo que podías esperar o no (no siempre tenemos las mismas expectativas frente a un libro) pero esa posibilidad oculta es la que que me permite leer todos los libros que no me gustan solo para poder hallar otro que me conceda uno de esos momentos. Y ahí es cuando se puede decir: quiero que este libro también lo puedan disfrutar otros lectores.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Algunas de las lecturas del año son novedades, pero diría que, en la balanza, ganaron algunos libros publicados en años anteriores. Esto es por diferentes razones, porque los releí, porque no tuve tiempo de leerlos antes, porque se reeditan y trabajo en la nueva edición, etc.
Me gustó mucho No hay risas en el cielo de Ariel Urquiza (y este es uno de esos libros que me sorprendió y de los que hablaba hace un momento). Lo mismo me pasó con El río de Débora Mundani (que leí inicialmente el año anterior, pero digamos que vale porque se publicó este año), Sentada en su verde limón de Marcial Gala (que se publicará muy pero muy pronto en Archipiélago Caribe), Manual práctico del odio de Ferréz con el que estuve trabajando para la nueva edición. Por supuesto, Intemperie de Eduardo Lalo (la segunda parte del libro sobre el cuerpo, la tinta y la escritura me conmueve al recordarlo). Y aquí van las segundas disculpas, son muchos libros de Corregidor, pero resulta inevitable recordarlos.

También me gustaron muchísimo Mundo cruel de Luis Negrón, Archipiélagos de Abilio Estévez, La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz, que tiene sus años pero lo leí ahora y lo disfruté tanto que no lo quería terminar. Es mi selección caribeña que leí este año. Y no puedo dejar de nombrar a La catedral de los negros de Marcial Gala (sí, otra vez), que me llevó a escribir un artículo sobre la novela. Voy a incluir una trampa, son los Diarios de José Martí, que releo cada año y que los incluyo solo por si puedo lograr que alguien lea esta entrevista y los lea si no los leyó todavía (como decía Lezama Lima, la mejor poesía de Martí está ahí y nadie se los debería perder). Por último, no soy una gran lectora de poesía contemporánea pero quiero ir aprendiendo. Me gustaron mucho el libro de la poeta tucumana Denise León Poemas de Middlebury y Cuerpo nuestro de Áurea María Sotomayor (puertorriqueña). Dos mujeres que conocía en su faceta de críticas y en sus libros encontré a enormes poetas.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Es una pregunta difícil pero incluyo a José Martí (no me juzguen de anacrónica, hice la tesis sobre su obra y me parece que tiene una vigencia cada vez mayor),  Walt Whitman, Juan Calos Onetti, Reinaldo Arenas, Juan Rulfo, Ricardo Piglia, Abilio Estévez, Clarice Lispector, Mauricio Rosencof, Juan José Saer, Macedonio Fernández. Seguramente me olvidé de muchos y los quiera agregar en un rato.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

El orden es aleatorio y aunque no quiero caigo en muchos clásicos. De todos modos esta lista creo que la puedo cambiar a cada hora y depende del lector a quién se lo deba recomendar. Incluiría más latinoamericanos, pero los europeos que agrego son tres libros que nos permiten entender todo lo que vino después y por eso es importante leerlos y uno que recuerdo haber leído con mucho entusiasmo:

Diarios de José Martí
Leaves of Grass Walt Whitman
Pedro Páramo de Juan Rulfo
El llano en llamas de Juan Rulfo
La hora de la estrella de Clarice Lispector
Altazor de Vicente Huidobro (El “Canto II” puede que sea el poema que más me guste)
Las flores del mal de Baudelaire
Ulises de James Joyce
De profundis de Oscar Wilde
Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Voy a decir dos, pero hay más. Lo rojo y lo negro de Stendhal y La guerra y la paz de Tolstoi.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

La Eneida, de Virgilio, creo que todavía era muy joven y me faltaban muchas lecturas. ¿Debería reintentarlo?


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María Fernanda Pampín es Doctora en Letras (UBA) y becaria postdoctoral del Conicet. Publicó la antología de José Martí Poemas selectos (Corregidor, 2009), el volumen de ensayos Martí: Modernidad y latinoamericanismo de Ángel Rama (Biblioteca Ayacucho, 2015) y compiló el libro Literaturas caribeñas: Debates, reescrituras y tradiciones, junto a Guadalupe Silva (Filo-Universidad de Buenos Aires (2015). Como editora, dirige las colecciones Archipiélago Caribe y codirige Narrativas al Sur del Río Bravo y Puentes de Papel (infantil).








viernes, 27 de enero de 2017

Alejandra López: "Los lectores y los libros"

Alejandra López (fotógrafa)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste durante 2016?

Poquísimos, debo haber leído diez u doce como mucho. Mal año en ese sentido ...


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

"Sumisión", de Michel Houellebecq; "Carroza y reina", de Isidoro Blaisten (en una reedición hermosa de Milbotellas); una biografía de Philip Dick de Emmanuel Carrère "Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos"; "La tempestad", en la traducción de Marcelo Cohen y Graciela Speranza, que disfruté mucho. También "Zona de Obras", de Leila Guerriero y "Nada se opone a la noche", de Delphine de Vigan. ¡Ahora me doy cuenta de que no leí novedades del año!


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Tengo muchos, por supuesto. De los clásicos, mi preferido absoluto es Manuel Puig, leí todo y me fascina. Raymond Carver también. Además, soy devota de Houellebecq, me conmueve, me parte la cabeza. Siempre estoy esperando como una fan la nueva novela.... Y también Emmanuel Carrère. Pero hay montones de autores que me gustan muchísimo; creo que no podría hacer una lista.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Uy, no, no me animaría a prescribir algo así. No soy entendida para nada y no sé qué debería leer la gente! Sí puedo pensar en una lista de libros que fueron centrales en mi vida y que suelo regalar o recomendar.... (listado que seguramente querré luego corregir o enmendar una vez que haya enviado este correo ...)

El fin de lo mismo, de Marcelo Cohen

Morirás lejos, de José Emilio Pacheco

Viaje al fin de la noche, de Ferdinand Céline

Plataforma y Las partículas elementales, de Michel Houellebecq

La traición de Rita Hayworth, de Manuel Puig

De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

Nueve cuentos, de J. D. Salinger

Para una tumba sin nombre, de J.C. Onetti

Luz de agosto, de William Faulkner

Cualquier libro de Carver

Rayuela, de Julio Cortázar

El pasado, de Alan Pauls

Obra poética completa, de César Vallejo (en la increíble edición de Biblioteca Ayacucho si fuera posible), y algunas novelas del "boom", que ahora creo que han caído en descrédito pero me parecen bellísimas, como La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes o El lugar sin límites, de José Donoso.

Bueno, me recontra pasé de los diez.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

¡¡¡Montones!!! desde La Divina Comedia hasta La guerra y la paz. Pero también tengo cientos de libros que no son clásicos y también me juro leer algún día... Tengo pilas de pendientes.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó? 

Se me ocurre pensar en un autor y no en un libro. Me pasa con Saer, que es extraordinario pero con cuya literatura no logro conectar.... Me maravilla lo que hace pero en un nivel puramente intelectual, sin conexión real, hay algo de su literatura que me enfría, donde no "engancho" a nivel emocional, no hay caso, y me da una pena infinita.


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Alejandra López es fotógrafa. Nació y vive en Buenos Aires. Hizo casi toda la carrera de LetrasTraductorado de Francés antes de dedicarse a la fotografía. Empezó a trabajar profesionalmente en 1990, en la revista El Porteño. Luego siguió en Claudia, Panorama,y Elle.
Desde marzo de 1994 hasta junio del 2007 fue fotógrafa de staff de la revista Viva del diario Clarín.
Desde esa fecha hasta julio del 2009 trabajó como Editora de Fotografía de la revista de moda Shop&Cia del mismo grupo.
Actualmente se desempeña en forma independiente en el ámbito del retrato y la moda.
Colabora con revista Bacanal y Harper’s Bazaar entre otras.
Además continúa realizando desde hace varios años fotos de autor para editoriales de libros, como Penguin Random House y Planeta.

http://alejandralopez.com.ar/

Escritores bajo la mirada de Alejandra López (Samanta Schweblin, Juan Forn, Carlos Busqued, Alberto Laiseca, Martín Kohan, Guillermo Saccommano, María Moreno, Diana Bellessi, Hebe Uhart, Marcelo Cohen, Ricardo Piglia, Abelardo Castillo, Alan Pauls, Gabriela Cabezón Cámara, Rodolfo Fogwill, Sergio Bizzio, Guerriero y Carlos Feiling)





miércoles, 25 de enero de 2017

Ricardo Strafacce: "Los lectores y los libros"

Ricardo Strafacce (Fotografía: Lola García Garrido)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año 2016?

Cincuenta calculo, uno por semana.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

"Black out" de María Moreno, "Zona Saer" de Beatriz Sarlo, "Sobre el arte contemporáneo seguido de en La Habana" de César Aira, "Elogio de la pérdida y otras presentaciones" de Ariel Idez, "Poesía estatal" (inédito), de Osvaldo Baigorria.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Kafka, Gombrowicz, Aira, Osvaldo Lamborghini, Borges.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Kafka: "El proceso" y "El castillo", Gombrowicz: "Ferdydurke" y "Transatlántico", Borges: "Ficciones", "El Aleph", "Otras inquisiciones", Flaubert: "Bouvard y Pécuchet", Osvaldo Lamborghini: "Novelas y cuentos", "Tadeys". Aira: todos.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

"La montaña mágica", de Thomas Mann.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

"Facundo".


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Ricardo Strafacce nació en Buenos Aires en 1958. Publicó Osvaldo Lamborghini, una biografía (Mansalva, 2008) y las novelas El crimen de la Negra Reguera (Beatriz Viterbo, 1999), La banda del Dr. Mandrile contra los corazones solitarios (Beatriz Viterbo 2006), La boliviana (Mansalva, 2008), La transformación de Rosendo (Mansalva, 2009), Carlutti y Pareja (Mansalva, 2010), Crímenes perfectos (Mansalva, 2011), El Parnaso Argentino (La calabaza del diablo, 2012), Frío de Rusia (Blatt & Ríos, 2013), La novelita triste de Osvaldo Lamborghini (Milena Caserola, 2013), Gerardo y Mercedes (Wu Wei, 2013), La conversación (La propia cartonera, 2014) y Ojo por diente seguida de El chino que leía el diario en la fila del patíbulo (Blatt & Ríos, 2014).  En poesía, Bula de lomo (Spiral Jetty, 2011), De los boludos no tenemos la culpa (Pánico el pánico, 2012) y Pelo de Cabra (Mansalva, 2015). Teatro: La editorial (Libreto 2014) Tuvo a su cargo la antología Nuestro iglú en el Ártico, relatos escogidos de Mario Levrero (Criatura Editora, 2012). 
En 2014 recibió el Premio Konex y en 2016 el Premio Municipal de Literatura. Fue traducido al francés y al hebreo.








viernes, 20 de enero de 2017

Lucía De Leone: "Los lectores y los libros"

Lucía Leone,doctora en Letras (UBA),
docente e investigadora
(Conicet).

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Contando los que leí por trabajo y por placer habrán sido unos veinte. También leí cuentos sueltos, crónicas, capítulos de libro.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Adoré un libro que se llama Algodoneros. Tres familias de arrendatarios, de James Agee (con fotografías de Walkers Evans), que conocí este año a través de una lectura de un ensayo de Jacques Rancière.
Si te referís a libros publicados en 2016, creo que los diarios de Ricardo Piglia.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Me remito sólo al contexto argentino- latinoamericano: Sara Gallardo, Silvina Ocampo, Clarice Lispector, Roberto Arlt, Manuel Puig, Borges, y me estoy olvidando de muchos más.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Qué pregunta difícil. No sabría responderla, y no suelo recomendar libros. Pero puedo listar algunos que me produjeron a mí muchas sensaciones:

Facundo 
Una excursión a los indios Ranqueles 
La traición de Rita Hayworth
Las penas del joven Werther
Fragmentos de un discurso amoroso
Glosa
El corazón de las tinieblas
El género en disputa
Madame Bovary
La risa de la Medusa


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Me da vergüenza no haber leído Ana Karenina. Empecé varias veces y lo dejé porque se me imponían otras lecturas. Pero, volveremos.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

La cartuja de Parma. Ya había leído otras cosas de Stendhal y me aburrió. Quizá era la edición, que traía  toda letra diminuta o yo estaría saturada de beylismo*. A veces pasa eso, uno deja un libro porque materialmente es incómodo. ¿Hice mal?



* de Henri Beyle, el verdadero nombre de Stendhal.


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Lucía De Leone es doctora en Letras (UBA), docente e investigadora del CONICET. Es coeditora del libro Escrito en el viento. Lecturas sobre Sara Gallardo (Buenos Aires, FFyL, UBA, 2013), y preparó y prologó la edición de Almafuerte y El libro humilde y doliente de Salvadora Medina Onrubia (Córdoba, Buena Vista, 2014). Prologó y curó la edición del libro de Sara Gallardo, Macaneos. Las columnas de Confirmado (1967-1972) (Buenos Aires, Ediciones Winograd, 2015).




miércoles, 18 de enero de 2017

Micaela Sabadin: "Los lectores y los libros"

Micaela Sabadin, librera y periodista literaria en Mar del Plata 

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Aproximadamente fueron treinta.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Todos los de Samantha Schweblin; Mariana Enriquez, Sergio Olguín, “Las chicas” de Emma Cline, “Tácticas de superación personal” de Francisco Moulia y “Teoría general del olvido” de Eduardo Agalusa.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

No tengo autores preferidos pero repetiría a Schweblin y Enriquez. Fueron las únicas autoras que leí toda sus obra; nunca me funciona o me gusta repetir autores, quién sabe por qué.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Diez libros que hay que leer sí o sí, me parece un montón. Pero diría algunos como “Distancia de rescate”, “Anna”, “La fragilidad de los cuerpos”, “La delicadeza”, “La abuela civil española”, “Hasta que puedas quererte solo” de Pablo Ramos, y “Teoría general del olvido”. Además, como soy periodista y me encanta la crónica, cualquiera de Rodolfo Walsh y Cristian Alarcón. “Contra el cambio” y “Amor y anarquía” de Martín Caparrós.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y te jurás leer algún día?

Esta está relacionada con la anterior. Hay muchos clásicos que no leí, pero que no me juro leer. No creo que haya libros que “hay que leer”. No me siento en deuda con un autor si no lo leo.


¿Cuál es el libro considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

No podría decirte ninguno en especial. Por supuesto y como les pasa a casi todos, yo también agarro libros 'consagrados' que dejo de leer pero eso no implica que sean malos. Tal vez no era mi momento para leer a determinado autor. Por este motivo, no quiero ser definitiva con ningún nombre propio.


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Micaela Sabadin es librera y periodista.
Trabaja en Libros de la Arena (Mar del Plata).
Como periodista, comenta libros en Radio Continental filial Mar del Plata, y en Canal 10 (de la misma ciudad) lleva adelante un micro semanal, también de literatura.




martes, 17 de enero de 2017

Patricio Pron: Los lectores y los libros

Patricio Pron (Fotografía: Silvina Salinas)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

En realidad, no suelo llevar la cuenta: dos o tres a la semana, creo; a veces un poco más.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

En 2016 lo que más me interesó fue escrito por mujeres: Lucia Berlin, Robin Myers, Cristina Rivera Garza, Sara Gallardo, Lorrie Moore, Edith Pearlman; la lista sigue.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Muchos, una centena que varía con el día y con las circunstancias.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

No creo que “haya que leer” nada; la literatura es una especie de bosque inmenso, y una de las cosas más maravillosas de él es que cada uno de nosotros puede recorrer ese bosque como lo desee, sin ceñirse a los recorridos establecidos.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

¿”Paradiso” de José Lezama Lima es un libro “clásico”? (Me derrota cada vez que intento leerlo.)


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Muchos; no me interesan los cánones, excepto los que uno mismo conforma, con cierto sentido del juego y a sabiendas de que no valen mucho más, pero tampoco menos, que los que formulan la academia o el mercado.


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Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010), Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y La vida interior de las plantas de interior (2013), así como de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que ha sido traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés, alemán y chino, Nosotros caminamos en sueños (2014) y No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016). Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Japón y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review, A Public Space y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). En 2010 la revista inglesa Granta lo escogió como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania). En la actualidad vive en Madrid.





jueves, 12 de enero de 2017

"El adversario", Emmanuel Carrère


I

Si este relato fuera pura ficción, en el sentido más común del término -una historia surgida exclusivamente a partir de la imaginación de su autor-, es muy probable que la definiéramos no sólo como una historia desmesurada, sino también inverosímil. Pero “El adversario” de Emmanuel Carrère, es una historia basada en hechos reales.


II

El 9 de enero de 1993 Jean-Claude Romand asesinó a traición y en su casa a su esposa (a golpes en la cabeza), y a sus dos hijos de 5 y 9 años respectivamente, con disparos de carabina. Luego, salió a comprar el diario, y un rato después se dirigió a casa de sus padres para almorzar con ellos. Antes limpió la carabina para llevársela a su padre. Después de comer, con la excusa de ayudarle en una tarea doméstica, le disparó dos veces por la espalda y cuando bajó, hizo lo mismo con su madre. Ni siquiera el perro de la casa –el suyo-, se salvó de esta masacre.

A continuación, tapó a sus padres con los acolchados (había hecho lo mismo con su mujer y sus hijos), y en su auto, pasó a buscar a su amante que sólo por la inesperada zozobra de Romand, salvó su vida de milagro.

Por la noche, Romand volvió a su casa y mientras miraba cintas de VHS en el televisor, tomó varios barbitúricos y prendió fuego la casa, con él adentro. El suicidio era lo único que le faltaba cometer. Pero tras permanecer varios días en coma, Romand sobrevivió.


III

Como cuenta en la primera página del libro, ese mismo día Emmanuel Carrère y su familia asistía a una reunión pedagógica mientras Romand asesinaba a los suyos. Al enterarse de estos hechos, decidió investigar cómo es que pudo ocurrir semejante tragedia. Como resultado de ello, escribe “El adversario”.


IV

¿Quién es Jean-Claude Romand?

Antes de los crímenes, Jean-Claude Romand era un hombre de prestigio: un médico investigador en la Organización Mundial de la Salud (OMS); un marido ejemplar, que en épocas de universidad estudiaba hasta las materias de su esposa para que ella se graduara en Farmacia; un excelente amigo, que ofrecía la palabra justa para el que necesitara amarras y no echara a perder la cordura por trivialidades; un buen hijo, que estaba presente con sus padres; un hombre adorado por sus suegros, a tal punto de manejar el dinero del retiro del padre de su mujer; un gran papá, que se ocupaba hasta de cuestiones cotidianas en la escuela a la que asistían sus dos hijos. Además de todo esto, su discreción, su bajo perfil y su austeridad eran marcas distintivas de la personalidad de Romand.


V

Pero todo esto estaba anclado en la mentira. Una mentira inicial que se ramificó en una suma infinita de otras mentiras y ocultamientos, de las que Romand haría cualquier cosa para impedir que se revelen. Y si no pudiera detener las verdades venidas en avalancha, Romand se ocuparía de que al menos sus padres, su mujer y sus hijos, no las conocieran jamás.


VI

La mentira tiene un poder muy fuerte. Mal que pueda parecer, bien hecha puede darle muy buenos resultados a quien la utilice, cualquiera sea el ámbito en el que se la practique. El conflicto está en qué a la mejor mentira, siempre se le opone la verdad. Y el mentiroso deberá lidiar con ella todo el tiempo.

En la mentira, el tiempo juega un papel crucial: en algunos casos puede hacer olvidarla, diluirla paulatinamente. Sería la única ocasión en la que pueda tener un final favorable. Si se diera así, sería porque dicha mentira era irrelevante.

En otras circunstancias, el tiempo puede complicar al mentiroso si es que a su paso, se va olvidando de lo que dijo. En el momento menos pensado (o previsto) porque a veces el pensamiento no reacciona a tiempo, vaya paradoja, puede quedar en evidencia.

Otro problema que vincula a la mentira y el tiempo es que cuánto más se extienda el engaño, más le exige al sujeto estar atento a los detalles que la involucra. Lo insta a un control desaforado de la situación para “respetar” la continuidad de ese mundo paralelo y verosímil que se fue creando, de tener bajo control ese desfasaje producido entre el mundo real y el mundo “inventado”.


VII

Lo trágico de “El adversario” es que la primera mentira de Jean-Claude Romand, la piedra en la que se construyó todo esta arquitectura de falsedades, aislada de todas las demás que le siguieron, era una nimiedad: tan sólo dijo que había aprobado un examen cuando ni siquiera se había presentado a rendirlo. De ahí en más, el castillo de naipes que cada vez se hacía más alto pero a su vez, se volvía más frágil.


VIII

Difícilmente podamos encontrar un libro tan perturbador en estos últimos años como “El adversario”. Si bien la raza humana ha dado pruebas, y de manera constante, de las crueldades y perversiones que puede provocarle a sus semejantes, conocer el destino trágico de la familia Romand no deja de causar asombro y estupor.









martes, 10 de enero de 2017

Cristian Godoy: "Los lectores y los libros"

Cristian Godoy, autor del libro "Ruidos molestos".

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

No llevo la cuenta, y soy pésimo estimando cantidades, pero normalmente leo a razón de dos libros por semana. Suelo leer varias cosas a la vez.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Algunos ya tienen sus años, pero los leí por primera vez en el 2016: “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin, “Antes que anochezca” de Reinaldo Arenas, “Un cementerio perfecto” de Federico Falco, “Interestatal” de Stephen Dixon, “Las esferas invisibles” de Diego Muzzio.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Manuel Puig, Antonio Di Benedetto, Flannery O’Connor, Truman Capote, Raymond Carver, Natalia Guinzburg, Fabio Morábito, Hebe Uhart, Alejandro Zambra, Sylvia Molloy.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Voy a responder de manera un poco desobediente y desprolija, con los primeros diez libros que me hayan fascinado y se me vengan ahora a la cabeza. No sé si todos deberíamos leerlos, pero son libros que me gusta regalar y recomendar:

"Cuentos completos", de Flannery O’Connor.
“Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury.
“El corazón es un cazador solitario”, de Carson McCullers.
“Santa Evita”, de Tomás Eloy Martínez.
“El beso de la mujer araña”, de Manuel Puig.
“El desierto y su semilla”, de Jorge Barón Biza.
“Middlesex”, de Jeffrey Eugenides.
“A sangre fría”, de Truman Capote.
“Zama”, de Antonio Di Benedetto.
“La metamorfosis”, de Franz Kafka.
“1984”, de George Orwell.

Al final fueron once.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Prácticamente no leí ningún clásico, tengo una deuda imposible de saldar. Sí leí el Quijote por elección propia y lo haría de nuevo.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Intenté con alguno de los tomos de “En busca del tiempo perdido” de Proust, creo que el quinto, y tuve que abandonarlo antes de la mitad.


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Cristian Godoy (Ciudad de Buenos Aires, 1983). Publicó los libros de cuentos Galletitas importadas (Pánico el Pánico, 2011), Santa Rita (Exposición de la Actual Narrativa Rioplatense, 2014), y Ruidos molestos (Conejos, 2016). Sus cuentos también han sido publicados en revistas literarias y antologías; incluyendo la revista Punto de partida (Universidad Nacional Autónoma de México, 2014), en un número dedicado a cuentistas argentinos menores de 40 años. Su primera novela, Campeón, obtuvo en 2011 el primer lugar en el Premio Municipalidad de San Salvador de Jujuy.





lunes, 9 de enero de 2017

Alejandra Laurencich: "Los lectores y los libros"



Alejandra Laurencich (Fotografía: Marcelo Pedroza)
Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

No lo sé, no llevo la cuenta. Hay muchos libros que he leído en unas horas, una noche, hay muchísimos otros que he leído en uno o dos días, buena parte en tres o cuatro. Y hay algunos pocos que me han llevado más tiempo, porque los leí intercalados a los que tenía entre manos, suelo hacer esto de leer de a dos o tres libros a la vez. Sin contar, claro, los libros de los autores que supervisé en el año, algunos sensacionales. Resumiendo, si hago un promedio de 2 por semana, daría algo así como unos 120 libros anuales. La lectura es un continuo en mi vida, mi mesa de luz tiene ahora, exactamente 32 libros (acabo de ir a contarlos). Y en otra mesita esperan otros cuarenta, los que menos me atraen de los que van llegando, y así, todo el tiempo. El asunto de ser directora de una revista literaria me ha dado esta bendición y esta desventaja: hace años que prácticamente no elijo autor o libro fuera de catálogo, leo lo que va llegando a casa, las novedades que me envían las editoriales o los autores.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Tantos, siempre creo que es muy arbitrario esto de ponerlos una lista, pero bueno, los preferidos, a ver: creo que arranqué enero de 2016 leyendo a Srecko Kosovel, un poeta esloveno fabuloso, que yo desconocía, el libro se llama Integrales. Y luego recuerdo haber leído El cielo de los animales, de David Poissant, recuerdo Viernes, de Juan Forn, y Francamente, Frank, de Richard Ford, Un mal nombre, de Elena Ferrante (el segundo libro de la saga Dos amigas por el que luego leí los tres restantes), un autor griego que publicamos en La balandra: Evgenio Aranitsis, su cuento “Sobre los niños que abandonan la vida presente” es una joyita que recomiendo, y cuántos más estupendos libros o textos que ahora se me escapan. Teoría general del olvido, de Agualusa, traducido por Claudia Solans, me encantó; y hace poquito el libro de Esther Cross: Tres hermanos; el de Ariel Urquiza, No hay risas en el cieloCuentos reunidos de Liliana Heker, y ahora mismo uno que me está gustando tantísimo: El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro, esos podrían ser mis preferidos. Tendría que llevar una lista, me es difícil acordarme de todos los que me gustaron, pero sé que hubo muchos. Algunos me gustaron en parte, y por ejemplo, se me cayeron en el final, a esos no voy a mencionarlos, pero también me trajeron suficiente disfrute de lectura en los mejores pasajes.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Sebald, Proust, Arundhaty Roy, Kazuo Ishiguro, Salinger, Laura Restrepo, Richard Ford, Amelie Nothomb, David Lodge, Loorrie Moore, Annie Ernaux, Paula Fox, los nacionales Abelardo Castillo, Pedro Mairal, Esther Cross, Ronsino, Mariana Enríquez, y la lista puede ser eterna.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

¡Las olas del mundo! No, fuera de broma: el deber asociado a la lectura me resulta sospechoso, nadie “debe” leer nada si no es por gusto y búsqueda propios, pero yo puedo mencionar lecturas que he disfrutado hasta el paroxismo, y decir “por favor, léanlos”. Por ejemplo, volviendo a los autores de la pregunta anterior:

“Austerlitz” e “Historia Natural de la Destrucción”, entre otros muchos libros de Sebald. “Por el camino de Swan” y “A la sombra de las muchachas en Flor”, de Proust, “El Dios de las pequeñas cosas”, de A.Roy. “Nunca me abandones”, de Kazuo Ishiguro, “Franny & Zooey”, “Nueve Cuentos”, “El cazador oculto”, de Salinger, la novela “Delirio” de Laura Restrepo; y para agregar a la lista de arriba, “El llano en Llamas” y “Pedro Páramo”, de Rulfo, “Ficciones” y “Siete Noches” (las conferencias) de Borges, “Diario del afuera” y “La vida exterior”, de Annie Arneaux, la biografía de Virgina Woolf “La vida por escrito” de Irene Chikiar Bauer, “El cielo de los animales”, de David James Poissant, “Cuentos Negreros”, de Marcelino Freire, y por qué no, algo fuera de la narrativa: “El libro de los cuatro acuerdos”, de Miguel Ruiz. Más agrego y más me siento en falta por los que me estaré olvidando. Es como hablar de cine, empezás por una película, una serie, y podés pasarte horas dando nombres, pero cuando cerrás la conversación, y ya estás en otra cosa, decís: ¡y cómo me olvidé de esta!


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

La divina comedia, ojalá pudiera leerla en idioma original.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

El pasado, de Alan Pauls. Pero insistiré en una relectura, cuando pueda hacerlo.


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Alejandra Laurencich (Buenos Aires, 1963): Autora de las novelas Las olas del mundo (Alfaguara, 2015), Vete de mí (2009, traducida al esloveno como Pusti me pri miru, Študentska založba, 2011), y de los libros de cuentos Coronadas de Gloria (3° premio del Fondo Nacional de las Artes), Historias de mujeres oscuras (2° Premio Ciudad de Buenos Aires) y Lo que dicen cuando callan (Alfaguara, 2013). Su tarea como docente fue compilada en el libro EL TALLER. Nociones sobre el oficio de escribir (Aguilar, 2014).
Es la fundadora y directora editorial de la revista literaria La Balandra –otra narrativa- , que en el 2013 fue premiada como una de las tres mejores revistas culturales de la Argentina por el Fondo Nacional de las Artes.
Desde hace más de veinte años dicta seminarios de narrativa y enseña el oficio de escribir a autores nuevos.















jueves, 5 de enero de 2017

Debret Viana: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

Tendría que confesar primero que estoy infectado con la incontenible maladie del caos, que me acerca a lecturas insospechadas caprichosamente, aún cuando mi cuantiosa lista de pendientes es más vasta que lo que podría resolver en el tiempo que me quede. Así me entrego cotidianamente a lectura de páginas, principios de novela, fragmentos, cuentos sueltos, que no sabría contabilizar pero que implican la mitad de mi tiempo lector. Trabajar en una librería incrementó esta práctica insalubre, y me volcó hacia una dispersión enloquecida. No sé decirle que no a un texto que viene, a una línea que brilla, a una novela recién parida o a la recomendación de amigos en quienes confío. En esa fracasada ansia de abarcarlo todo, voy escalando peldaños que no conducen a ninguna parte. Excluyendo las curiosas lecturas fragmentarias, oscilo entre uno o dos libros semanales. Me abstengo de calcular la cifra anual.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Tengo la impresión de que fue un año muy rico. Infiero esto de que creo haber hallado en muchas oportunidades la felicidad mientras leía. Por nombrar algunos:

Black out, de María Moreno
Como si existiese el perdón, de Travacio,
Stoner, de Williams.
Las manos, de Moulia,
La cena de Electra, de Specchia,
Teoría general del olvido, del angoleño Agualusa,
No hay risas en el cielo, de Ariel Urquiza,
Autorretrato, de Levé (es viejo, pero este año lo editó Eterna Cadencia)
Las cosas que perdimos en el fuego, de Enríquez
La libertad de Corker, de John Berger, editado por Interzona
Material sensible, de Gaiman

Todo lo que pude leer de Byung-Chul Han...

La perra de mi vida, de Duneton (no fue editado este año, pero sí fue el año en que Malpaso lo trajo a Argentina, junto con otras variadas joyas)
The sick bag song, de Nick Cave (un libro escrito íntegramente en las bolsas para vomitar que dan en los aviones)
Finders Keepers, de Stephen King
Historia de nuestros perros, de Acevedo Kanopa
Interestatal, de Dixon
Ciudad del hombre, de Fonollosa
Intemperie, de Lalo
Fragmentos y distorsión, de Iván Riskin

En fin, me doy cuenta que la lista podría perpetuarse por páginas y páginas. Señalo por último que salió en Uruguay un nuevo libro de Felipe Polleri, que no pude leer aún pero estoy seguro de que ingresará en la lista.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Me resulta terriblemente arduo circunscribir mis autores en un párrafo, más que nada porque se trata de una lista que se ha ido incrementando con los años al punto de estar rodeado por una ciudad entera de voces susurrantes que descansan en mi biblioteca, pero que me hablan en cualquier parte de día. Nombro un par que me han acompañado desde hace veinte años, y que siento como pilares férreos que sostienen mi concepción literaria, y algunas adhesiones recientes en un libro de pases que nunca cierra.

Fernando Pessoa
Roland Barthes
Franz Kafka
Quignard
Roberto Calasso
Baudrillard
Phillip K. Dick
Milorad Pavic
Alan Moore
Jorge L. Borges
Raymond Carver
La poesía de Bukowski
Maurice Blanchot
César Aira

Releo la lista y sufro por todos los que me quedan afuera.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Es arduo conciliar la lectura con el deber. Nombro los libros que a mí me han dado tanto placer que siento que me gustaría que los demás también lo experimenten.

Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa
Fragmentos de un discurso amoroso, de Barthes
Cool memories, de Baudrillard
La soledad del lector, de Markson
El espacio literario, de Blanchot
Sandman, de Neil Gaiman
Lolita, de Nabokov
De profundis, de Wilde
Los subterráneos, de Kerouac
La filosofía en el tocador, de Donatien de Sade

Quisiera aclarar que excluí libros de cuentos, solo para poder hacer trampa... Pero agrego también los cuentos completos de Kafka, de Carver, de Borges, la poesía completa de Bukowski y  Shakespeare.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y te jurás leer algún día?

Me debo El Decamerón, y fantaseo con emprender un largo viaje acompañado solo por el diario de André Gide.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Asumo el riesgo de confesar que no disfruté “En el camino”, a pesar de que me encanta la obra de Kerouac. Me pareció tedioso, y si bien es un efectivo documento antropológico sobre la época y sobre los beat, las virtudes literarias me evadieron por completo. No puedo descartar que en mi displacer haya colaborado la espantosa traducción española.

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Debret Viana (1981) nació en Buenos Aires. Como escritor ha publicado el libro de ficción "Menos" (2010). Escribe en Fictofilia (durante nueve años escribió en infimosurbanos.blogspot.com.ar), y publica periódicamente sobre cine, libros y series en el diario Hoy día Córdoba y en otras revistas y blogs. Hace siete años trabaja en una de las librerías más lindas del mundo, El Ateneo Grand Splendid.












lunes, 2 de enero de 2017

Diego Erlan: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

No llevo la cuenta. Quizás hayan sido unos cincuenta. Me gustaría hacer como la genia de Ana Laura Pérez: anotar en un cuaderno los libros leídos y al final del año observar todo lo que hemos hecho. Soy un lector caótico pero a la vez obsesivo. Me gusta haber leído todo de un autor y eso me lleva rápidamente a la frustración.

¿Quién no tuvo alguna vez el proyecto de leer todo Pynchon? Yo sí y no pude hacerlo por falta de tiempo o quizás de algún tipo de concentración. Igual en algún momento lo haré. Los libros a veces llegan de casualidad. También afecta el trabajo en el que uno está inmerso: o estar pendiente de lo que acaba de salir o estar en medio de una investigación y, como suelo hacer en esos trances, tratar de leer sólo cosas que estén, de un modo u otro, relacionadas al tema de la investigación y que todo gire en torno a eso. Me gusta cuando empiezo un libro y lo termino en un fin de semana.

Cuando sólo leí ese libro y lo llevé a todas partes. Y como llevo libros justamente a todas partes, necesito variedad de formatos. No me gusta salir con mochila, me gusta ir con lo puesto. Y a veces necesito libros que entren en el bolsillo. La colección de Siesta es perfecta para eso. Muchas veces, en un viaje en tren, de noche, yendo a comer con amigos, tal vez reflote un libro que ya leí. Suelo agarrar los Cuatro cuartetos de Eliot, en una edición de Cátedra, bilingüe, que es delgada, chiquita y perfecta para ese tipo de momentos. Además es un libro que podría leer toda la vida.



¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Hace unos días me preguntaron lo mismo y tuve que elegir cinco. Esos fueron Black out, de María Moreno, porque era un libro que se esperaba y además porque es una memoria tremenda, de una densidad que era difícil sostener y María lo consigue. Ácida, sensible y algo así como viscosa. El segundo tomo de los diarios de Ricardo Piglia fue otro. Y creo que vamos a tener que elegir cada año como libro del año a esta sucesión de volúmenes. Lo dije desde la primera vez que publicamos estos diarios y tuve que editarlo: Piglia consigue un tono perfecto. Además estuvo la Poesía completa de Fogwill: los primeros libros de poesía de Fogwill creo que fueron poco y mal leídos y esta es la oportunidad de analizar todo de vuelta y ponerlo en su lugar. Además incluye un nuevo libro, hasta ahora inédito, Gente muy fea, que sigue en la línea del mejor poeta Fogwill. No nos olvidemos de Elvio Gandolfo y Mi mundo privado, una novela inteligente y, para mí, en la línea del Levrero de La novela luminosa. Por último había elegido a Stoner, la extraordinaria novela de John Williams, que leí recién este año y me pareció de lo mejor en mucho tiempo. Además me parecía un reconocimiento a una editorial como Fiordo, que viene haciendo un trabajo silencioso, riguroso y contundente, en la línea de La Bestia Equilátera. Además era la manera de reconocer a todas esas editoriales de estructuras mínimas que contribuyeron a que los lectores argentinos puedan acceder a libros imprescindibles en traducciones decentes. Una vez entregada esta elección me di cuenta que habían quedado muchos títulos afuera. Y títulos que me habían gustado.  Pienso en La uruguaya, de Pedro Mairal, Acá todavía, de Romina Paula y Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez. Tanto en Mairal como en Romina veo una profunda sensibilidad sobre las relaciones de pareja, un oído agudo para las formas del habla cotidiana. Desde Bajar es lo peor que leo a Enríquez y me parece que en estos cuentos revela ese terror que se esconde en los rincones sofocantes de las provincias argentinas. Veo en ella un cruce entre Saki y Horacio Quiroga con espíritu punk.  Afilado estuvo Sebastián Hernaiz con Las citas, una novela que habla sobre las relaciones y la soledad del mundo contemporáneo. Otro libro que me resultó fascinante fue Producciones Kim Jong-Il presenta, de Paul Fischer, una investigación extraordinaria sobre el singular Ministerio de Propaganda de Corea del Norte que termina siendo a la vez un thriller y un retrato delirante de un país pero más que nada de un dictador.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Pienso en Kafka, Pessoa, Dino Buzzati y T.S. Eliot, pero también en Joaquín Gianuzzi, Viel Temperley, Jorge Aulicino, Saer y Piglia, Fogwill y Aira sin dejar de mencionar a Sergio Bizzio. Cada libro de Richard Yates que leí me hipnotizó. Cada vez que abro los diarios de Gombrowicz me arrodillo, y cada vez que puedo vuelvo al Tractatus de Wittgenstein para tratar de entenderlo así como vuelvo siempre a enfrentarme al Autorretrato con chango y loro de Frida Kahlo para tratar de entender un poco de qué se trata la belleza.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Recorro mi biblioteca y apunto, con cierta polémica y sin orden alguno, estos libros:

1. Rastros de carmín, de Greil Marcus.
2. Borges, de Bioy Casares.
3. Cuatro cuartetos, de T.S. Eliot.
4. El frasquito, de Luis Gusmán.
5. Anna Karenina, de Lev Tolsoi,
6. Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski,
7. El proceso, Kafka.
8. Ficciones, de Borges.
9. El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.
10. La divina comedia, de Dante.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Vida de Samuel Johnson de Boswell. Alguna vez lo tuve en mis manos y se lo regalé a un poeta viejo que lo miraba alucinado. Hace poco, en Strand, estuve a punto de comprarme una enorme biografía sobre Boswell. Un instante de lucidez me hizo entender que en la vida hay prioridades. Seguramente hay miles de clásicos que no leí y debería hacerlo. Confío en que algún día yo y mi otro yo tachemos cuentas pendientes.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Seguramente sea el Finnegans Wake. La vanguardia onanista de Joyce.


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Diego Erlan nació en San Miguel de Tucumán en 1979. A los diez años su familia se instaló en Buenos Aires. En esta ciudad estudió periodismo e historia del arte y trabajó como guionista, productor y profesor universitario. Durante catorce años se desempeñó en la Revista Ñ, donde fue editor de Literatura y Libros. En el año 2012 salió su primera novela, El amor nos destrozará (Tusquets) y, en 2016, publica su segundo libro La disolución (Tusquets).









viernes, 30 de diciembre de 2016

Laura Galarza: "Los lectores y los libros"

Laura Galarza (Fotografía: Marcela Depiera)



























Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?

No llevo la cuenta pero leo dos o tres por semana. Así que serán cerca de cien. Leo todos los días, por trabajo y por placer. Además hay que contar que para cada nota releo la obra del autor. Este año, lo hice con Richard Ford, John Cheever, Natalia Ginzburg y Liliana Heker. Soy obsesiva para trabajar pero también me dejo llevar por las derivaciones de lecturas, que un libro me lleve a otro y ese a otro. Puedo internarme en ese mar por días. A veces necesito obligarme a parar o que alguien me pare. Un ejemplo de eso este año, fue Bruno Shultz, al que llegué a través de David Grossman por un lado y Juan Forn por otro. Su libro “Las tiendas de color canela” es una pieza de colección.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Hay algunas de este año y otras preexistentes a las que llegué. De este año: “Pureza” de Franzen (una máquina de narrar); “Bebé y otros cuentos”, de Paula Bomer (te muerde la mano); “El bar de las grandes esperanzas” de JR Moehringer (me emocionó), “El cielo de los animales” de David James Poissant (el mejor libro de cuentos en años); “Manual para mujeres de la limpieza” de Lucia Berlin (una revelación). A las que llegué: “Los vivos y los muertos” de Joy Williams (“una maravilla”, dijo Carver); “Meditaciones en una emergencia y otros poemas” de Frank O´Hara (libro fetiche de Mad Men); “El cuerpo y otra cosa”, poemas de Darío Jaramillo (un diamante); “Conquista de lo inútil” (Diario de filmación de Fitzcarraldo) de Werner Herzog.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Son varios pero algunas perduran con del tiempo: Raymond Carver, Eudora Welty, Flannery O`Connor, Muriel Spark, Alice Munro, William Goyen, Kjell Askildsen, David Vann.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Hay que leer todo y de todo. Pero voy a nombrar algunos libros que vienen a mi memoria sin esfuerzo y sin un orden; que cambiaron mi visión del mundo y el modo de entender la literatura. “Memorias de África” de Isak Dinesen, “La dama del perrito” de Anton Chejov; “La Novela Luminosa” de Mario Levrero; “Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga; “Winesbourg Ohio” de Sherwood Anderson; “Catedral” de Raymond Carver; “Escribir en la oscuridad” de David Grossman; “Mientras Agonizo” de William Faulkner; “Misterio y Maneras” de Flannery O´Connor; “El Dolor” de Marguerite Duras; “Kokoro” de Natsume Soseki.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Proust es sin dudas, mi mayor deuda. No pasa un tiempo sin que me lo reproche. Me engaño pensando que llegará el momento. La realidad es que con diez libros menos en el año, podría haber terminado “En busca del tiempo perdido”. Lo cual prueba que no hay excusas para no leer lo que hay que leer.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

“Las hamacas voladoras” de Miguel Briante. No logré entusiasmarme como he visto que les pasaba a mis amigos. Lo leí con esfuerzo.


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Laura Galarza es psicoanalista, escritora y crítica literaria. Escribe para el suplemento cultural Radar de Página12. Asesora al Módulo de Literatura de Enlaces de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL).
Es columnista literaria de Radio Del Plata donde comenzó en El Pez Náufrago con Tom Lupo. Su libro de cuentos “Cosa de Nadie” obtuvo el primer premio en el concurso nacional Manuel Savio con jurado de Ángela Pradelli, Vicente Battista y Carlos Pereiro y fue editado por Ediciones Del Dock. Dicta talleres de narrativa.







martes, 27 de diciembre de 2016

Ana Laura Pérez: "Los lectores y los libros"


Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste en el año?


Aparte de las lecturas estrictamente vinculadas a mi trabajo, leí 43 libros completos (tengo una decena a medio leer). Lo sé porque llevo un listadito de almacenera. Me enorgullece y me tranquiliza porque cuando llego al final del año y la reviso me da una pauta precisa de si ha sido un año bueno o malo. Además me recuerda las lecturas que lo iniciaron, las constancias en el construidas por el enamoramiento con algún autor, las declinaciones. Por esa misma tara -la necesidad de tener a mano los libros leídos- casi no leo libros prestados ni en digital. De lo contrario pierdo mis propias referencias.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Mmmm… Tengo en mente una constelación de lecturas, textos sueltos, avances de libros, poemas, intervenciones políticas, notas: citarlos  todos sería engorroso pero me provocaron admiración y alegría, sobresaltos. Para responder más seriamente recurro a mi listadito, caprichoso y raro en un año en el que por motivos personales pasé algunos meses sin poder leer absolutamente nada, como enferma. Me voy por las ramas. Las lecturas (y relecturas, que como tengo mala memoria casi siempre son descubrimientos) que hicieron más luminoso este año fueron "Black out" de María Moreno; "El maestro ignorante" de Rancière; "Mi madre y la música", de Tsvietáieva; "Óstraca" de Teresa Arijón y "Teoría del cielo", de ella y Carrera; "Un método del mundo", de Mariela Gouric; "La salvación de lo bello", de Byung-Chul Han. Pero paro acá porque sé que el tiempo es tirano en general.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Preferidos… hay autores que siempre me interesan, pero no tengo esa categoría. Barrunto un listado ecuménico que después me va a dar cargo de conciencia -Debería haber puesto a....- Sebald, cosas de Banville, Joao Gilberto Noll, Bolaño, Denis Johnson, Erri de Luca, Lispector, Zadie Smith, Junot Diaz, Christian Ferrer, Matilde Sánchez, Daniel Galera. En ensayo Richard Sennett, Agamben, Boris Groys, Byung Chul-Han, Bauman, Didi-Huberman, Beatriz Preciado...

Como vengo del periodismo y tengo debilidad por la no ficción, me gustan mucho mucho María Moreno, Svetlana Alexievich, Joan Didion, Gay Talese, Ryszard Kapuściński, ¡Capote! /sus textos breves, las crónicas de Foster Wallace, Herzog, Emanuele Carrere, el imperio literario en el que está empeñado Karl Ove Knausgard; Joe Sacco y Art Spiegelman, que hacen periodismo en cómic. Se me ocurren más... Ya me pesa la conciencia.


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Dificil. Pasaría de esta. Me da no sé qué la prescripción. Digo los que me vienen a la mente, que me impactaron por motivos muy diversos: "La cultura de la conversación", de Benedetta Craveri, "Hitler" la biografía en dos tomos de Ian Kershaw, "Historia del arte"  de Gombrich; "Estancias" de Agamben, "El intocable" de Banville, "Testo yonki" de Beatriz Preciado, "Austerlitz" de Sebald, "Desgracia" de Coetzee, "El libro de la Almohada" de Sei Shonagon, "Shunko" de Abalos que daba la maestra de tercer grado y con el que entendí qué era eso que yo sentía al leer, "Diario de una princesa montonera" de Mariana Eva Pérez, "La maravillosa vida breve de Óscar Wao" de Díaz, "Fedro" de Platón, "María Antonieta" de Stefan Zweig, que mi abuelo adoraba y que conservo, "El Emperador", de Kapuściński... Todos son libros que me deslumbraron en días particulares. Libros que transformaron mi vida entonces: iba por ahí y provocaron giros, saltos, emociones, deslumbramientos. Pero que reemplazaría si recorriera mejor mi biblioteca o hiciera memoria. Ni siquiera estoy segura de haber puesto diez.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

"Guerra y paz". Le compré a mi hija la edición que Losada sacó hace un par de años y ella no me habilitaba porque quería “estrenarlo”. Ahora me hice de la de Penguin Clásicos, que me llevo a las vacaciones. Actualizó mi deuda el comienzo de otro libro en el que no avancé y espero sí, desquitarme pronto: "El baile de Natacha", de Orlando Figes, que para hablar de la historia de la cultura rusa empieza con una escena de Tolstoi.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Dejo al lector decidir si entra a la categoría de clásico: "Fragmentos de un discurso amoroso" de Barthes. Yo andaba por los treinta, me estaba separando y el libro me pareció suferficial, desapasionado, engolado y berreta. Escrito por alguien que no tenía ni idea de lo que estaba hablando.



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Ana Laura Pérez nació en Lomas de Zamora en 1971. Hizo las carreras de Comunicación Social y de Periodismo (UNLZ). Empezó a trabajar en radios  y redacciones antes de cumplir 20 años y la mayor parte de su carrera la desarrolló en Clarín. Es docente en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA y en la Maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés. Actualmente es directora Literaria en Penguin Random House Grupo Editorial.






sábado, 24 de diciembre de 2016

Jorge Carrión: "Los lectores y los libros"

Jorge Carrión (Fotografía: Lisbeth Salas)

Aproximadamente, ¿cuántos libros leíste durante este 2016?

No lo sé. Leo de un modo constante y caótico. Supongo que, completos, uno o dos por semana. Y fragmentariamente (uno o dos cuentos, algunas páginas, un par de ensayos, algún capítulo, pasajes, poemas)otros tres o cuatro.


¿Cuáles son tus libros o lecturas preferidas de este año?

Si tuviera que destacar títulos en español que me han sorprendido por su fuerza, optaría por dos novelas de autores emergentes, Magistral de Rubén Martín Giráldez y Nefando de Mónica Ojeda, y la poesía completa de Manuel Vilas. Este año terminé de leer la tetralogía de Elena Ferrante, cuyo realismo no me acaba de convencer, pero la historia es fascinante y he podido entender mucho mejor Italia en general y Nápoles en particular gracias a ella. También me encantó Brújula de Mathias Enard, una novela de viaje y sobre el viaje absolutamente ambiciosa, una apuesta por la literatura pura en nuestra época descafeinada.


¿Cuáles son tus autores preferidos?

Son tantos que no merece la pena mencionarlos, porque seguro que me dejaría a varios, y porque su lugar en mi canon personal va variando según pasa el tiempo. De los que todavía publican con regularidad, con títulos de este 2016, destacaría a Karl Ove Knausgard (Bailando en la oscuridad tal vez sea el volumen menos interesante de los cuatro de “Mi lucha” publicados hasta la fecha, pero le soy fiel), y a Ricardo Piglia (la segunda entrega de Los diarios de Emilio Renzi, “Los años felices”, no es una novela de no ficción tan sofisticada como la primera, pero igualmente es un testimonio fascinante de su formación como escritor y de la Buenos Aires literaria de los años 70).


¿Cuáles son los diez libros que todos deberíamos leer?

Tus preguntas son cada vez más difíciles. Intentaré descubrir, en vez de redundar, entendiendo que no pueden ser sólo diez y que ya hay muchas listas en que aparecen los consabidos. Digamos: Las Encantadas, de Melville, La Regenta, de Clarín, El Entenado, de Saer, Léxico familiar, de N. Ginzburg, El desierto y su semilla, de Baron Biza, Véase: amor, de D. Grossman, Los anillos de Saturno, de Sebald, El año del pensamiento mágico, de J. Didion, Fun home, de A. Bechdel, y Las Meninas, de S. García y J. Olivares. Son prosa y cómic. Obras impresionantes todas ellas.


¿Cuál es el libro clásico que no leíste y que te jurás leer algún día?

Tengo que terminar de leer En busca del tiempo perdido. Recuerdo que después de haber leído muchos capítulos de El Quijote, cuando durante un largo viaje en 2003 lo leí entero lo disfruté y lo entendí de un modo brutal. Me gustaría experimentar algo parecido con Proust.


¿Cuál es el libro, considerado “canónico” que no pudiste disfrutar o dicho más fácilmente, que no te gustó?

Muchos. El último fue A sangre fría de Capote. La primera lectura, hace años, me dejó frío (con perdón). Le di una segunda oportunidad este verano: me pareció un libro muy mentiroso y muy tramposo. No se merece el lugar que ostenta en el ámbito de la no ficción. Pero tampoco es una gran novela de ficción.


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Jorge Carrión nació en Tarragona en 1976 pero ha pasado la mayor parte de su vida en Mataró y Barcelona. Es doctor en humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y director de su Máster en Creación Literaria. Ha vivido en Buenos Aires, Rosario y Chicago. Publica regularmente en diversos medios, entre ellos El País, La Vanguardia y Letras Libres. Es autor de la tetralogía de ficción “Las huellas” (conformada por Los muertos, Los huérfanos, Los turistas y Los difuntos) y de varios libros de no ficción, entre los que destacan Australia. Un viaje, Teleshakespeare y Librerías. Fue comisario de la exposición “Las variaciones Sebald” del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Ha sido traducido al italiano, el alemán, el francés, el polaco, el inglés y el chino.

(https://jorgecarrion.me/about/)







viernes, 16 de diciembre de 2016

Mis lecturas preferidas de 2016




Fuera de lugar, Martín Kohan

En esta novela Martín Kohan nos presenta una trama con personas que creen actuar correctamente y deslindan en los otros las propias responsabilidades ante los abusos cometidos. El tema principal de la novela gira alrededor de lo siniestro, el abuso infantil, cuando los niños son los objetos capturados por el ojo técnico de la cámara fotográfica. Todo esto motorizado por el dinero, el verdadero generador de las perversiones narradas. Fuera de control porque en el paradigma de lo analógico las fotos podían romperse y los negativos quemarse. Pero en el mundo digital, debido a la explosión de internet, todo se volvió inmanejable. "Fuera de lugar", es también una novela sobre lo siniestro por las otras caras de la violencia que muestra, donde la búsqueda esperanzada de justicia no siempre llega a buen puerto.

Lean la nota de Fernando Bogado, “El que no quiere ver”.


El cielo de los animales, David James Poissant

Poissant en un joven escritor norteamericano y su libro está conformado por quince relatos que fueron publicados en distintos medios gráficos, antes de su edición definitiva. El hombre lagarto es el primer cuento del libro y tiene tanta potencia que cuando se lee, además parece estar viéndose.

Lean la nota de Laura Galarza, “Animal Planet”.


Black Out, María Moreno

Biografía excepcional: su padre, su infancia, cómo fue su camino en el periodismo cultural. Pero también un libro sobre una época decisiva de la literatura argentina en la que aparecen autores como Norberto Soares, Miguel Briante, Osvaldo Lamborghini, Carlos Feiling, Rodolfo Fogwill, César Aira y Jorge di Paola, entre otros.


Manual para mujeres de limpieza, Lucia Berlin

Sin dudas, la mayor sorpresa literaria del año en Argentina, México y España. Berlin nació en Estados Unidos y vivió también en Chile y México. Madre de cuatro hijos que tuvo innumerables empleos para dar sustento a su familia. Pero su vocación de toda la vida fue ser escritora y estos relatos, dan testimonio de la de lo grande que fue su literatura.


Sueños de trenes, Denis Johnson

Estados Unidos. Fines del siglo XIX hasta fines de la década del setenta. Si la novela es la historia de un destino, “Sueños de trenes” cumple esta idea a la perfección. Robert Grainier, nacido en 1886 es un jornalero devenido obrero ferroviario.


El espíritu de la Ciencia-Ficción, Roberto Bolaño

Cuando se publican libros póstumos, una especie de fantasma recorre la conciencia de los lectores: ¿Qué tipo de libro está por llegar a las librerías? Con este libro, vayan a por él sobre seguro. La genialidad y sus principios literarios están en esta novela. Un secreto: el mecánico que acondicionó a la “Princesa Azteca”, es un personaje adorable.


Correr, Jean Echenoz

Novela breve inspirada en la vida de Emile Zátopek. Zátopek se convierte en atleta tal vez no tanto por vocación deportiva, sino como posibilidad para escapar al trabajo duro en el régimen socialista. Su desempeño comienza a sobresalir y sus resultados son tan buenos como para obtener tres medallas de Oro en los Juegos Olímpicos. Aun así, la vida de Zátopek no queda exenta de dificultades.


Kirchner, el tipo que supo, Mario Wainfeld

Nadie puede dudar quién es el hombre más decisivo e influyente en la historia reciente de la Argentina: Néstor Kirchner. Este libro no es una biografía convencional, ni se organiza desde su cronología. Basado en las conversaciones que tuvo el expresidente con Mario Wainfeld, y también de los análisis y lecturas por parte de este último, lo que le da sustancia a este libro son las políticas de estado que llevó a cabo Kirchner, quién al principio fue mirado con desdén y desconfianza y al que hoy, ni el más fervoroso opositor, le resta méritos a buena parte de su labor política.


No hay risas en el cielo, Ariel Urquiza

Libro de relatos o novela, el género quedará definido por el lector. En mi caso, lo leí como una novela. La colección “Al sur del Río Bravo”, publica a jóvenes escritores y es una de las más prometedoras de la literatura contemporánea.


La extraña trayectoria de la luz, Jorge Fonderbrider

La grata sorpresa que me llevé este año cuando leí este libro. Esta edición es la obra reunida del poeta nacido en Buenos Aires, que comprende los años 1983-2013, por el sello Bajo la Luna. Esta edición cuenta con un prólogo de Fabio Morábito.

Lean la nota de Edgardo Scott, "Los acordes, la luz, las cosas"


Stoner, John Williams

Un joven se inscribe en la facultad de agronomía con el objetivo de obtener conocimientos que le haga sacar más rédito a sus tierras y que termina acercándose a la literatura. Otros de los fenómenos editoriales del año. Libro para escritores. Libro para lectores.

Lean la nota de Juan Forn, "Hablemos de Stoner"


Los Oesterheld, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami.

Libro de investigación pero también una biografía sobre la familia del escritor de “El Eternauta”, Héctor Oesterheld, arrasada por la violencia del aparato represivo durante la última dictadura cívico-militar.


Últimos testigos, Svetlana Alexiévich

Cuarto libro publicado de la autora bielorrusa, ganadora del Nobel de Literatura 2015. Entre la crónica y el testimonio, cuenta el horror de la guerra, esta vez poniendo en foco la experiencia de los niños.


El río, Débora Mundani

Esta novela transcurre en la zona del delta y más allá también. Un viaje en una pequeña embarcación por los ríos del Delta en la que dos historias se entrecruzan y dan sentido a dicho viaje y a la vida de los personajes.


El nacimiento de la literatura argentina, Carlos Gamerro

Debemos agradecerle a la editorial Excursiones haber reeditado este libro que fui publicado inicialmente en 2006. Gamerro es uno de los escritores (y además docente) que más estimula a seguir leyendo. Numerosos autores, para mí celebres recorren sus páginas. Mención especial para el capítulo donde se hace referencia a la institución policial como ente criminal: imprescindible.


Las aventuras de Barbaverde, César Aira

Libro s-e-n-s-a-c-i-o-n-a-l del escritor pringlense. Cuatro historias del súper-héroe Barbarverde en la que el destino de la humanidad está en juego. Y  atentos al joven periodista Sabor, capaz de conducir una nave espacial sin saber, con tal de salvar al planeta.


Brasil, Paula Brecciaroli

Narrada en primera persona, Brasil es una novela escrita a modo de diario de viaje que se compone de treinta y cuatro capítulos. La voz de esta historia corresponde a una chica que está a punto de subir a un tren para viajar a un lugar llamado “Triple Frontera”.


El cerebro musical, César Aira

Anteriormente, este libro fue publicado como “Relatos reunidos”. Pero a esta edición, además de cambiársele el título se le agregan tres relatos.
“A brick wall”, “El perro”, “Picasso”, “Duchamp en México”, “El infinito”, “La broma”, y “El cerebro musical”, por nombrar algunos, derrochan magia y virtuosismo.


Juan José Saer. Una forma más real que la del mundo (conversaciones compiladas) Martín Prieto

Del autor nacido en Serodino, con los Papeles de trabajo y sus borradores inéditos, se completó su producción literaria. Si algo nos faltaba era un libro con una compilación de sus entrevistas. La voz de Saer en primera persona.


Bolaño, el hijo de Míster Playa. Mónica Maristain

Leer este libro es como encontrarse un tesoro único. Su programa literario como  lo que significó (y significa aún su muerte en el mundo literario) está presente en el libro de Maristain. Recomendado para quienes hayan leído mucho sobre el escritor chileno como para aquellos que empiezan a recorrer su obra.


La invención de la naturaleza, el nuevo mundo de Alexander Von Humboldt, de Andrea Wulf

Qué veamos el mundo tal como lo hacemos, mucho tiene que ver con Alexander Von Humboldt. Un hombre que no se quedó en el lujo y comodidad que su origen le facilitaba, sino que decidió salir a descubrir los misterios de la naturaleza.


Novela de ajedrez, Stefan Zweig

Esta novela debería ser considerada como un gran modelo de novela breve. Talento o trabajo, vaya uno a saber, ¡no se puede escribir una historia tan sencilla como perfecta! Dos historias, dos destinos que se cruzan en un partido de ajedrez, a bordo de un transatlántico desde Polonia hacia Buenos Aires.


¿Por qué preferimos la desigualdad? (Aunque digamos lo contrario), Francois Dubet

El autor nos invita a reflexionar la cuestión de la desigualdad no sólo a partir de la brecha que hay entre los que más tienen y los que no, sino también a cargar las tintas en un “nosotros”, dentro de un mundo donde los lazos de solidaridad son cada vez más endebles y con gobiernos que tienden a alejarse del Estado de Bienestar.


Subrayados. Leer hasta que la muerte nos separe, María Moreno

Este libro es una especie de Babel, construido en base a una selección de notas que la autora escribió en distintos medios. Lenguaje de alto vuelo y sin corset, Moreno nos invita a leer en distintas claves a escritores decisivos de la literatura local y extranjera.


El partido, Andrés Burgo

En este 2016 se cumplieron treinta años del aniversario del título obtenido en México por la selección de fútbol de la mano –justamente- y del pie izquierdo -sobre todo- de Diego Maradona. “México 86” es algo más que un mundial para los futboleros argentinos. Es el mundial del partido más importante de la historia del fútbol argentino, el que jugó contra su clásico rival, en un contexto irrepetible, y cargado de tensión, luego de la guerra de Malvinas: el partido con Inglaterra. Una investigación que nunca vi para un libro de fútbol. Escrito de manera excelente. Con información interesante y pertinente, al nivel de detalle microscópico. Este será el libro clásico del Mundial más lindo de la historia del fútbol (al menos hasta ahora).

Lean la nota de Ángel Berlanga, “El partido obrero”.


Open, Andrea Agassi

Esta biografía nos cuenta la historia de un gran campeón del tenis mundial, al que cuando era bebé, su padre le ataba a la muñeca, una paleta y una pelotita para aprenda cuanto antes a jugar al tenis. El escritor que le da la voz a Agassi es J.R. Moehringer, ganador del premio Pulitzer. El libro no es sólo interesante por los logros y títulos obtenidos en su carrera sino por todo lo que debió vivir para llegar a ese lugar.


La final, Diego Estévez

En la historia del fútbol argentino sólo una vez Boca y River se enfrentaron para definir quién es el campeón. Ocurrió en 1976 en cancha de Racing, y según dice la leyenda, más de cien mil personas concurrieron al estadio. Hubo un solo gol que hasta la fecha, sólo puede reconstruirse verbalmente o por fotografías ya que el destino de esa filmación sigue siendo un misterio.


La liebre, César Aira

Nadie mejor que Aira para comenzar una novela en la que narra a un Juan Manuel de Rosas recién levantado de la siesta para realizar una serie de flexiones. Una de las que más me gustaron del escritor pringlense.


Fama y soledad de Picasso, John Berger

Biografía excepcional escrita por el escritor inglés, tal vez el nadie mejor que él para llevar a cabo este trabajo, por su sensibilidad, capacidad de observación y por la delicadeza de su escritura. El libro es valioso porque Berger pone el foco más en las condiciones del mundo en el que vivió Picasso y cómo incidió, más allá de su talento, para transformarse en el genio que el universo conoció. Cómo era la España de fines de siglo XIX, cuáles fueron los principios del Cubismo (no escrito). Y las notas de color, son maravillosas, como por ejemplo cuando su padre decide dejar de pintar (era profesor de pintura) cuando ve lo que es capaz de hacer el pequeño Pablo, a sus trece años.


El llanto, César Aira

Novela onírica, de los sueños y de los colores, también de la noche, esta novela es la historia de un hombre que acaba de ser dejado por su esposa para irse con un japonés con el deseo de “comenzar a vivir”. Entre la desdicha y el sufrimiento, el personaje de la novela debe recomponer su vida. El azar hace que en los tiempos que transcurre la historia, salga a cenar con la mujer del momento y “oh, casualidad”, en el mismo restaurant, se ve a su con el amante japonés.

Inolvidable frase de la novela para guardar toda la vida: “Imposible oírla, porque yo estaba pensando con megáfono”.








martes, 13 de diciembre de 2016

"Sueños de trenes", Denis Johnson

I

Estados Unidos. Fines del siglo XIX hasta fines de la década del setenta. Si la novela es la historia de un destino, “Sueños de trenes” cumple esta idea a la perfección. Robert Grainier, nacido en 1886 es un jornalero devenido obrero ferroviario. Lo fantástico como posibilidad para narrar lo que sucede en la intersección del misterio y de la superstición. Justamente en esa zona, Denis Johnson nos abre un camino.

II

La tala de árboles, la posterior utilización de los troncos para la construcción de puentes ferroviarios, el objetivo de poblar esas tierras que ya no son del bosque, pueden pensarse como síntoma del “progreso” que también atravesó a esa nación. Idea que recorrió el mundo ya no como fantasma pero sí con su propia carga mitológica y que auguraba a los países “civilizados” un punto de llegada no menos que prometedor.

III

Una de las características más destacadas de la novela de Johnson es que si bien el tiempo del relato no deja de avanzar y se permite algún flashback, la prosa de este autor no prescinde de la paciencia que hace que cada párrafo lleve un ritmo tan musical como armonioso. Sus descripciones merecen destacarse ya que si bien no son microscópicas menos renuncian a la elegancia:

“A Grainier no le gustaron las sombras, las siluetas larguiruchas de los abedules ni las nubes que tapaban la media luna amarilla. Todo parecía diseñado para asustar al niño que llevaba dentro”.

IV

La novela comienza con un intento de justicia por mano propia: un grupo de operarios que construye un puente quiere arrojar a un operario chino supuestamente por haber robado en el almacén donde los obreros gastan lo que ganan. El mundo que los contiene se ocupa de reducir los bosques y armar gigantescos puentes:

“Las vías solamente eran para transportar la madera una vez fuera del bosque”.

V

Lo anecdótico suele darle un aire fresco al relato. En 1950 Grainier vio en un circo itinerante al hombre más gordo del mundo y también a un muchacho rural que viajaba en tren y que pronto se convertiría en un icono de la cultura de masas norteamericana: Elvis Presley.

VI

Una de los pasajes más escalofriantes de la novela es el encuentro de Grainier, a sus trece años, con un “trota” (vagabundo o mendigo): el espeluznante William Coswell Haley. Un acto de violencia sexual llevada a cabo bajo la más absoluta perversión.

VII

Difícilmente haya un período en el siglo XX donde no se vinculen estos dos significantes: “Estados Unidos” y “guerra”. En “Sueños de trenes”, la guerra aparece pero su impronta es lejana:

“La guerra en Europa había generado una gran demanda de madera de pícea. En realidad hacía dieciocho meses que se había firmado un armisticio, pero el capitán estaba convencido de que los armisticios eran simples situaciones temporales hasta que se reanudaban las batallas y uno de los bandos masacraba al otro hasta no dejar a nadie vivo”.

Tampoco hay mención a los conflictos internos de dicho país. La geografía de la novela es la tierra de la tribu de los Kootenai, pueblo originario que aparece en esta historia sólo a través de algunas de sus leyendas.

VIII

De Grainier sabemos casi todo. Pero casi nada sobre sus padres ni de su infancia. Solo que llegó a Idaho porque lo habían enviado en un tren a los seis o siete años. Grainier creía que pudo haber nacido en Utah o Canadá en 1886. Todo se presume. Sí sabemos que dejó la escuela a los doce o trece años.
Ya adulto, Grainier adquirió una media hectárea de tierra en un acantilado de Moyea. Se la compró a un joven que quería su primer automóvil, un Ford T. En esas circunstancias, llevó a Gladys a conocer el lugar y se besaron por primera vez. Cada paso dado era para acercarse a la felicidad, más aún con el nacimiento de Kate. Hasta que llegó la tragedia.

IX

En sus últimos años, a pesar de todo lo que vivió, Grainier vería a nuevos obreros jóvenes trabajando (tal vez como lo hubieran visto a él), tirándose unos diez o doce metros abajo para rebotar en la red de seguridad, divirtiéndose en la construcción de nuevos puentes que ya no serán de madera, sino de metal. Los bosques fueron recuperando su fisonomía, una vez superados los momentos de la intervención del hombre.
Un lugar en una época, la de la etapa final de Robert Grainier donde no sólo el ferrocarril, los automóviles y los aviones son moneda corriente, sino de naves espaciales que desde algún tiempo atrás habían comenzado a orbitar por la galaxia.

X

¿Por qué la historia de un destino? Porque es la historia de un hombre corriente que a pesar de haberse caído en el infierno, siempre y de algún modo, intenta aferrarse a la vida.

lunes, 12 de diciembre de 2016

"Brasil", de Paula Brecciaroli

Narrada en primera persona, Brasil es una novela escrita a modo de diario de viaje que se compone de treinta y cuatro capítulos. La voz de esta historia corresponde a una chica que está a punto de subir a un tren para viajar a un lugar llamado “Triple Frontera”.

La extensión de cada capítulo es de tres páginas aproximadamente excepto el primero, que se despliega en once, y es donde se presentan los personajes de esta novela: el guarda que le da permiso para subir al tren “Ahora sí, señorita ansiosa”; el viejo del asiento de al lado, Boris o José Luis “No parece interesado en hablar. Es un alivio”; Martín “Seguro tiene una novia que lo espera en la terminal”; Ludmila, “la chica que viaja con los tres pibes se sentó en la otra punta del vagón"; los gitanos, y los inquietantes pasajeros que parecieran permanecer en sus lugares entre imperceptibles conversaciones y ronquidos.

Un viaje en soledad porque Leo ya no está “Con Leo hubiera podido hablar y distraerme hasta que abrieran el comedor. No quiero pensar en él”. Y aunque el amor ya no sea parte de la vida de quien escribe este diario, el viaje que ella tenía programado, igualmente lo realiza.

Mochila nueva, un libro al que le faltan pocas páginas para terminar de leerse, una revista de armas comprada a último momento antes de subirse al vagón, un llamado de último momento a la madre, avisándole que está en el aeropuerto y no en la estación de tren. Como suele suceder en determinados tipos de viaje lo que se carga, lo que se arrastra –pesadamente- es uno mismo.

En la literatura, hay cientos de viajes narrados; están los que se hacen para no recordar o para olvidar -“Bahía Blanca” de Martín Kohan-; los que se hacen cuando todo es derrota -“Una sombra ya pronto serás”, de Osvaldo Soriano-, por mencionar solo dos ejemplos.

En Brasil el viaje tal vez venga a funcionar como mecanismo para comenzar a exorcizar los fantasmas de un pasado reciente o como procedimiento de cierre de una etapa, todavía impregnada por el dolor.

Rumbo al norte, tres días en tren. Sin necesidad de llegar a una ciudad hermosa. Sólo viajar.

La forma concreta, física, de salir del lugar de siempre un departamento que fue compartido con Leo, al menos por un tiempo. Y sin importar si ese destino lejano, Triple Frontera, “a 1896 km”, sea atractivo.

El Brasil de esta novela no nos hace pensar en el Brasil de las playas, de los hoteles cuatro estrellas. O tal vez sí. Pero ese Brasil del sentido común, del imaginario será el de Leo, “el mochilero con el que iba a hacer esta expedición en tren”, el que cambió el viaje a Triple Frontera por vacaciones “con una compañera de trabajo teñida de rubio y con las tetas hechas”. Tampoco pareciera pertinente la cuestión del dinero, si es suficiente o no. Sólo servirá para comprarse algo de comer o un whisky de calidad aceptable en el vagón de los gitanos.

Si tuviéramos que improvisar una clasificación para el género de Brasil, podríamos decir que el viaje en tren se define como una historia de ciencia ficción realista. Su decadencia, debido a su mal estado y a su pésimo funcionamiento hace del mundo de la historia, el tren, un espacio agobiante. El tren puede pasar dos veces por la misma estación. El maquinista puede confundir el camino al hacer un cambio de vías. El mantenimiento de las vías es ínfimo o nulo y por eso, la formación debe circular en su tramo más veloz a 50 kilómetros por hora. El resto del viaje solo podrá alcanzar los 35 kilómetros por hora. El tren puede recibir el impacto, un choque de otra formación…

El vagón comedor puede estar cerrado por un problema con la concesión y por eso, lo único disponible para beber sea el agua caliente que sale de la canilla del baño de mujeres. Comer, un tema en sí mismo: lo que llevó cada pasajero, como el viejo con sus salames y manzanas o comprarles a los gitanos, capaces de armar una parrilla en su vagón y de vender hasta alfajores regionales de poca gracia. El baño devenido en una cancha de fútbol para jugar con los niños, un vagón devenido en salón de fiestas para celebrar un cumpleaños.

A los infortunios propios de la desidia en el ferrocarril, se le agregan los factores naturales. Una plaga de tábanos que amedrentan y atemorizan a los pasajeros durante gran parte del viaje, obligándolos a una especie de organización racional entre tanta promiscuidad para no sufrir el ataque de estos insectos; una lluvia que cae como balacera sobre los techos de los vagones, el calor que hacen del clima una atmósfera irrespirable, el hacinamiento producido por el encierro, los olores de los cuerpos, el humo de los cigarrillos, el humo de la cocina de los gitanos, el humo producido por papeles quemados, “el olor a mierda de los chicos”, el aire cargado de humedad dejada por la lluvia, la tierra o el polvo, omnipresente.

Brasil, de Paula Brecciaroli, tiene 128 páginas que se leen a la velocidad de un TGV francés. Fue su primera novela publicada, bajo el sello Conejos (2011), editorial de la que forma parte. En 2015 se publicó su segunda novela Otaku.