jueves, 12 de enero de 2017

"El adversario", Emmanuel Carrère


I

Si este relato fuera pura ficción, en el sentido más común del término -una historia surgida exclusivamente a partir de la imaginación de su autor-, es muy probable que la definiéramos no sólo como una historia desmesurada, sino también inverosímil. Pero “El adversario” de Emmanuel Carrère, es una historia basada en hechos reales.


II

El 9 de enero de 1993 Jean-Claude Romand asesinó a traición y en su casa a su esposa (a golpes en la cabeza), y a sus dos hijos de 5 y 9 años respectivamente, con disparos de carabina. Luego, salió a comprar el diario, y un rato después se dirigió a casa de sus padres para almorzar con ellos. Antes limpió la carabina para llevársela a su padre. Después de comer, con la excusa de ayudarle en una tarea doméstica, le disparó dos veces por la espalda y cuando bajó, hizo lo mismo con su madre. Ni siquiera el perro de la casa –el suyo-, se salvó de esta masacre.

A continuación, tapó a sus padres con los acolchados (había hecho lo mismo con su mujer y sus hijos), y en su auto, pasó a buscar a su amante que sólo por la inesperada zozobra de Romand, salvó su vida de milagro.

Por la noche, Romand volvió a su casa y mientras miraba cintas de VHS en el televisor, tomó varios barbitúricos y prendió fuego la casa, con él adentro. El suicidio era lo único que le faltaba cometer. Pero tras permanecer varios días en coma, Romand sobrevivió.


III

Como cuenta en la primera página del libro, ese mismo día Emmanuel Carrère y su familia asistía a una reunión pedagógica mientras Romand asesinaba a los suyos. Al enterarse de estos hechos, decidió investigar cómo es que pudo ocurrir semejante tragedia. Como resultado de ello, escribe “El adversario”.


IV

¿Quién es Jean-Claude Romand?

Antes de los crímenes, Jean-Claude Romand era un hombre de prestigio: un médico investigador en la Organización Mundial de la Salud (OMS); un marido ejemplar, que en épocas de universidad estudiaba hasta las materias de su esposa para que ella se graduara en Farmacia; un excelente amigo, que ofrecía la palabra justa para el que necesitara amarras y no echara a perder la cordura por trivialidades; un buen hijo, que estaba presente con sus padres; un hombre adorado por sus suegros, a tal punto de manejar el dinero del retiro del padre de su mujer; un gran papá, que se ocupaba hasta de cuestiones cotidianas en la escuela a la que asistían sus dos hijos. Además de todo esto, su discreción, su bajo perfil y su austeridad eran marcas distintivas de la personalidad de Romand.


V

Pero todo esto estaba anclado en la mentira. Una mentira inicial que se ramificó en una suma infinita de otras mentiras y ocultamientos, de las que Romand haría cualquier cosa para impedir que se revelen. Y si no pudiera detener las verdades venidas en avalancha, Romand se ocuparía de que al menos sus padres, su mujer y sus hijos, no las conocieran jamás.


VI

La mentira tiene un poder muy fuerte. Mal que pueda parecer, bien hecha puede darle muy buenos resultados a quien la utilice, cualquiera sea el ámbito en el que se la practique. El conflicto está en qué a la mejor mentira, siempre se le opone la verdad. Y el mentiroso deberá lidiar con ella todo el tiempo.

En la mentira, el tiempo juega un papel crucial: en algunos casos puede hacer olvidarla, diluirla paulatinamente. Sería la única ocasión en la que pueda tener un final favorable. Si se diera así, sería porque dicha mentira era irrelevante.

En otras circunstancias, el tiempo puede complicar al mentiroso si es que a su paso, se va olvidando de lo que dijo. En el momento menos pensado (o previsto) porque a veces el pensamiento no reacciona a tiempo, vaya paradoja, puede quedar en evidencia.

Otro problema que vincula a la mentira y el tiempo es que cuánto más se extienda el engaño, más le exige al sujeto estar atento a los detalles que la involucra. Lo insta a un control desaforado de la situación para “respetar” la continuidad de ese mundo paralelo y verosímil que se fue creando, de tener bajo control ese desfasaje producido entre el mundo real y el mundo “inventado”.


VII

Lo trágico de “El adversario” es que la primera mentira de Jean-Claude Romand, la piedra en la que se construyó todo esta arquitectura de falsedades, aislada de todas las demás que le siguieron, era una nimiedad: tan sólo dijo que había aprobado un examen cuando ni siquiera se había presentado a rendirlo. De ahí en más, el castillo de naipes que cada vez se hacía más alto pero a su vez, se volvía más frágil.


VIII

Difícilmente podamos encontrar un libro tan perturbador en estos últimos años como “El adversario”. Si bien la raza humana ha dado pruebas, y de manera constante, de las crueldades y perversiones que puede provocarle a sus semejantes, conocer el destino trágico de la familia Romand no deja de causar asombro y estupor.









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