El autor habla principalmente de Historia del dinero, en una entrevista realizada por Osvaldo Quiroga en el programa televisivo "Otra trama" que se emite por Canal 7. Imperdible.
viernes, 23 de agosto de 2013
miércoles, 21 de agosto de 2013
Alan Pauls en Vivaldi Libros Bar
Viernes 23 de agosto, 20:45 horas.
Alan Pauls (Buenos Aires, 1959) es escritor, periodista, guionista y crítico de cine. Licenciado en Letras, fue profesor de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y fundador de la revista Lecturas Críticas. Fue jefe de redacción de la revista Página/30 y subeditor de Radar, suplemento dominical de Página/12, con el que sigue colaborando periódicamente. En la actualidad escribe columnas de tema cultural para el diario brasileño Folha de Sao Paulo y presenta el ciclo de cine independiente Primer Plano en la señal de cable I-Sat. Entre sus obras se destacan los ensayos Manuel Puig: La traición de Rita Hayworth (1988), La infancia de la risa (sobre Lino Palacio) (1994), Cómo se escribe un diario íntimo (1998), El factor Borges (2000) y La vida descalzo (2006). Ha publicado las novelas: El pudor del pornógrafo (1985), El coloquio (1989), Wasabi (1994, reeditada en 2005), El pasado (2003, Premio Herralde de Novela), Historia del llanto (2007), Historia del pelo (2010) e Historia del dinero (2013) . Sus libros han sido traducidos a diversas lenguas.
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Leonardo Oyola en Vivaldi Libros Bar

Leonardo Oyola
Nació en Buenos Aires en 1973. Es licenciado en Ciencias de la Comunicación. Escribe cuentos, novelas y notas sobre cine.
En 2004 publicó su primera novela: Siete & el Tigre Harapiento en editorial Gárgola y obtuvo una mención para el Premio Alfaguara – Clarín. Ocho años después (2012), el mismo sello que lo premió con una mención le publica esta novela.
En España, a través de la editorial Salto de Página publicó Gólgota y Chamamé. Esta última fue premiada con el Dashiell Hammett a la mejor novela policial en castellano en el año 2007.
Dos veces se importaron estas dos novelas y ambas se agotaron en menos de un mes.
De la colección Negro Absoluto dirigida por Juan Sasturain escribe la serie de la Vívora Blanca. Se publicaron las dos primeras: Santería y Sacrificio.
En 2008, publicó Hacé que la noche venga en Mondadori.
Kryptonita es una novela de súper-héroes ambientada en La Matanza y fue publicada por Mondadori.
Obtuvo el Premio Novela del Año 2011 que entrega la librería y editorial Eterna Cadencia, con un jurado compuesto por ciento cincuenta personas, entre ellos, escritores y editores.
De sus textos que se pueden definir como juvenil e infantil se editó Bolonqui por editorial Norma en el año 2010 y Sopapo en 2012.
Actualmente escribe sobre cine en la revista Rolling Stone.
martes, 6 de agosto de 2013
Pierre Bourdieu, "Argelia 60"
De antemano, su origen social no le preparaba un lugar cómodo
y resultó ser la excepción a la regla de la transmisión cultural en la relación
existente entre institución escolar, cultura y sociedad. Hijo de un cartero y de una trabajadora
agrícola, Pierre Félix Bourdieu, nació el 1º de agosto de 1930 en un pueblito
llamado Denguin, de la región de Bearne, Francia.
Los primeros años de formación los realizó en un colegio
pupilo porque la distancia entre la escuela y su casa era poco menos que veinte
kilómetros. Y por aquella época, hacer ese recorrido todos los días, ida y
vuelta, no era tan ameno como en los tiempos que siguieron.
El secundario lo hizo en el Liceo Louis Barthou, en la región de Pau. Ya adulto, cuando le
preguntaron por su experiencia escolar juvenil, haciendo referencia al carácter
disciplinario antes que académico Bourdieu respondió: “¡aquel que ha conocido el internado a los doce años conoce casi toda
la vida!”.
Luego de finalizar los estudios medios, debido a su gran
rendimiento escolar, por recomendación de un profesor y con el incondicional apoyo
de su padre, se inscribió en el liceo Louis-le-Grand
para la evaluación de ingreso a la universidad. Aprobó y continuó sus
estudios en la prestigiosa Escuela Normal
Superior.
A los 24 años obtuvo su título de Profesor en Filosofía. Entre
sus docentes, tuvo Claude Lèvi-Strauss y entre sus compañeros a Jacques
Derrida.
La mala conducta
El Estado francés lo convoca a participar en una sus
instituciones más rígidas: el servicio militar obligatorio. Bourdieu tiene que
formar fila en Versalles, llevando a cabo tareas administrativas. Pero no duró
mucho tiempo en ese regimiento; existen dos versiones de su traslado.
Una: por esos años Bourdieu ya estaba muy comprometido con la cuestión política. Que interesado por la situación argelina, el proceso de descolonización y revuelta que ya se había iniciado, le descubrieron en el regimiento un número de la revista L’ Express que había sido censurado por tratar dicha cuestión de manera “anti-patriótica”. Cabe decir que la mayoría de la sociedad francesa miraba para otro lado respecto a este delicado asunto. Como castigo, el Ejército decidió enviarlo a la colonia insurrecta: Argelia, que fue uno de los últimos países africanos en obtener la independencia.
Dos: la otra versión dice que Bourdieu incurría en numerosos actos de indisciplina con el fin de llamar la atención de sus superiores para lograr el “castigo deseado”: ser enviado a Argelia y una vez establecido allí, poder llevar a cabo sus investigaciones, trabajos de campo.
Bourdieu en Cabilia
En Argelia cumplió dos años más del servicio militar
obligatorio y en lugar de regresar, se quedó otros dos dando clases como
profesor de Filosofía en la Facultad de Argel. En Cabilia se valió
de la etnografía, de herramientas estadísticas,
esta última fundamental en sus posteriores investigaciones de campo como se da en
“Los Herederos” y “La Distinción”, por citar sólo dos de sus
trabajos más importantes.
Regresó a Francia en 1960, cuando un grupo de generales franceses
quisieron retomar el control absoluto de Argelia mediante un golpe militar que
no prosperó.
El resto de la historia de Bourdieu es la más conocida. Instalado
nuevamente en Francia, es nombrado asistente de Raymond Aron. Luego, dictó
clases en la Universidad de Lille. De
la filosofía pasó a dedicarse a la sociología. En 1968 fundó el Centro de Sociología de la Educación y la
Cultura. Inició una serie de rupturas irreconciliables con paradigmas
anteriores: el mecanicismo estructuralista, el estructuralismo de Lèvi-Strauss,
el estructuralismo marxista, la fenomenología filosófica de Husserl y Merleau-Ponty,
la sociología de Durkheim y Weber.
Fundó una nueva sociología: el constructivismo estructuralista. Nociones como campo, capital y habitus son sus grandes
aportes, entre tantos otros conceptos e ideas. En 1981 fue nombrado Profesor
Titular de Sociología del Collège de France, el puesto académico más prestigioso de ese país, cátedra que dictó
hasta su muerte en enero de 2002.
Bourdieu y Argelia
60
Pero quizás nada de esto no hubiera sucedido si Argelia no
se hubiera cruzado en el camino de Bourdieu. Este libro toma como objeto de
análisis la discordancia entre los esquemas de percepción, apreciación y acción
social (habitus) y las estructuras económicas
cambiantes de la sociedad argelina
de los años sesenta. El pasaje de una sociedad precapitalista a una capitalista,
sus transformaciones, hace convivir en un mismo individuo social disposiciones internas y maneras de ver el
mundo que corresponden a estructuras económicas diferentes.
De cómo a los habitantes de Cabilia se le hace cambiar
abruptamente sus prácticas referidas a la utilización del tiempo, de los
vínculos laborales, de la economía a partir de la adopción del dinero como signo,
de valor y cambio, y de la desconfianza hacia el uso e intercambio monetario debido
a su alto nivel de abstracción.
“Es mucho más fácil
administrar “razonablemente” reservas de bienes de consumo que distribuir a lo
largo de todo un mes una suma de dinero o establecer una jerarquía racional de
necesidades y gastos: sin dudas, la propensión a consumirlo todo es infinitamente
más pequeña que la inclinación a utilizar de golpe todo el dinero que se posee.
Los cabilas guardan el trigo o la cebada en grandes tinajas perforadas con
agujeros a diferentes alturas, y la buena ama de casa, responsable de la
gestión de las reservas sabe que cuando el grano desciende por debajo del
agujero central, es importante moderar el consumo: el cálculo, como se ve, se
hace solo y la tinaja es como un reloj de arena que permite percibir en cada momento
lo que queda y lo que no”.
En relación a esto, Bourdieu también nos dice que “es bien sabido que la ineptitud en el
manejo de la moneda y la inadaptación a las reglas jurídicas de los habitantes
rurales han contribuido en gran medida a acelerar el movimiento de desposeimiento
territorial”. Clink-Caja.
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domingo, 4 de agosto de 2013
Abelardo Castillo, "Libros que leo frecuentemente"
Del ciclo "¿Qué leen los que escriben?", compartimos las impresiones del autor.
Obras Edgar Allan Poe
Robinson Crusoe, Daniel Defoe
Obras Rafael Barret
Pablo Neruda
Obras Roberto Arlt
Hermanos Karamazov, Dostoievski
Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes
Las prosas de Jean Paul Sartre
Diarios, León Tolstoi
El Castillo, Franz Kafka
La divina comedia, Dante Alighieri
Obras de Herman Hesse
Obras de Jorge Luis Borges
Obras de Leopoldo Marechal
Obras Edgar Allan Poe
Robinson Crusoe, Daniel Defoe
Obras Rafael Barret
Pablo Neruda
Obras Roberto Arlt
Hermanos Karamazov, Dostoievski
Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes
Las prosas de Jean Paul Sartre
Diarios, León Tolstoi
El Castillo, Franz Kafka
La divina comedia, Dante Alighieri
Obras de Herman Hesse
Obras de Jorge Luis Borges
Obras de Leopoldo Marechal
sábado, 3 de agosto de 2013
Leonardo Oyola, "Kryptonita"
Para esta novela Leonardo Oyola tomó
una idea del Elseworld -un cambio de
contexto, de época o de lugar en la vida de un superhéroe-, y se preguntó qué
hubiera pasado si Superman cuando era apenas un bebé, en lugar de haber caído en su cápsula espacial en un campo de
Kansas, lo hubiera hecho en un terreno baldío de La Matanza: ¿qué valores hubiera defendido, cómo hubiera
crecido en el conurbano bonaerense? A partir de esta idea, se estructura
esta excepcional novela.
El tiempo que transcurre esta
historia no son más que aproximadamente cuatro horas; desde las cuatro de
madrugada de un lunes de septiembre hasta la salida del sol en un hospital del
Gran Buenos Aires. Pero decir solo Gran Buenos Aires a ese mundo tan expansivo
como infinito, sería como mínimo, una imprecisión. Mejor decir Hospital
Paroissien de Isidro Casanova. A este hospital llega inconsciente y a un paso
de la muerte el gran héroe de esta novela: el Nafta Súper.
El Tordo
El narrador principal de “Kryptonita” es un médico. Un tipo de médico particular: un “nochero”. Él es quien nos cuenta la historia y lo que está sucediendo, algo de su propia vida, sus miedos, el demonio que lo acosa, sus largas jornadas laborales, su vía de escape, sus ganas de dormir días enteros después de extenuantes guardias.
A medida que se avanza en la
narración de la historia, se va teniendo un panorama más amplio gracias a las
dos voces que construye el autor: la del Ráfaga
y la de Lady Di. Son ellos los que introducen
a los lectores en las biografías de los personajes, sus recuerdos, sus carencias,
sus tristezas y sus victorias.
Y nos llevan también al presente
inmediato. Y en este presente inmediato están las bandas: la del “Nafta Súper” o “Pinino”, la de "El Pelado”, su enemigo acérrimo y "La Bonaerense”.
Oyola nos sacude, nos conmueve. No lo hace a base de tiros y ametralladoras sino a través de ilusiones y desencantos, como puede ser una merienda. Nos moviliza sin apelar
al sentimentalismo y menos la condescendencia.
Una vez que dentro de este mundo
es cuando se logra la identificación y es allí cuando se mezclan las categorías
de la moral: “los buenos” y “los malos”.
¿Los encargados de velar por el
orden y el cuidado de los ciudadanos, son “los
buenos”? ¿Son “los malos” aquellos que se atrincheran en un pabellón de
un hospital de mala muerte, a la espera del ataque final de los
policías, que en cualquier momento ingresarán armados hasta los dientes? ¿Son “buenos”
quiénes se defienden de la policía, los que se sienten acorralados entre los
uniformados y las paredes del pabellón
hospitalario?
“Esta no se la van a perder cuando se enteren. Si es que ya no se
enteraron. Y déjeme aclararle, por si hace falta, que los ‘patas negras’ no se
van a aparecer con un pedazo de vidrio verde. La Bonaerense va a venir con
todo”.
Lenguaje
En el inicio, Oyola aborda la
cuestión del lenguaje con la precisión de un filólogo y lo transmite con la
capacidad de un gran divulgador. Lo hace partir de una palabra llevada al
tiempo verbal del pasado perfecto que se utiliza en cierta jerga médica para referirse al fallecimiento
de una persona: “obitó”, término que
no existe como verbo para la Real Academia Española. El narrador, el médico nos
deja en claro que hay un lenguaje que se utiliza en el hospital público y otro
para los que se atienden en las obras sociales o prepagas (ya desde el sentido,
dos palabras, dos objetos, dos frases absolutamente distintas).
¿"Civilización y barbarie" o "el Poder una bestia magnífica"?
El médico, ¿es un “otro”, es un ilustrado, es un “civilizado” que ejerce el poder sobre el resto del mundo hospitalario? Podría pensárselo de ese modo en algún punto pero no en todas sus dimensiones.
El médico, ¿es un “otro”, es un ilustrado, es un “civilizado” que ejerce el poder sobre el resto del mundo hospitalario? Podría pensárselo de ese modo en algún punto pero no en todas sus dimensiones.
Más bien surge el interrogante si
ese mismo poder al cual nos estamos refiriendo es el que aplasta –con suma
fiereza- al médico. Es cierto que le queda al menos una pequeña parte de un
poder que le da su título, su profesión, y la ejerce, a veces más sutilmente,
otras no, sobre los pacientes y los familiares de estos.
Pero en el mundo que construye Oyola el
poder está en un lugar muy lejano. No se lo puede ver, ni siquiera intuir. Solo
accedemos a sus efectos. Como lector, es cierto, lo podemos imaginar. Pero las
inferencias se pueden realizar, se deben hacer a partir de la información que el
propio texto ofrece. Y las que hacen sentir el rigor del poder son las instituciones. El
Estado, a través del encierro, el control, el hospital, las fuerza de seguridad:
la potencia de estas estructuras, de sus agentes, sus funcionarios, sin
importar si están bien ejecutada o no.
El médico “nochero” es el que recibe una paga “en negro” por parte de otros
médicos que no quieren estar ahí, que gozan de un muy buen sueldo y que por
eso, le pueden pagar a otro para que haga ese trabajo indeseable: la guardia
nocturna. Pero también este “nochero” acepta dinero por hacer algo que no está
en el juramento hipocrático. El nochero no firma certificados ni recetas. El
nochero no existe para el hospital y por ende, tampoco para el Estado.
Para el Estado quienes trabajan son
los que figuran asignados en las planillas.
Y la policía aparece con una
práctica desvirtuada, por decirlo de una forma, sin aclarar que cuando funciona
“normalmente” también está ejerciendo otra forma de poder, pero que no
desarrollaremos acá. La policía como aparato delictivo, corrupta, “trabajando” en
conjunto con una de las bandas mencionadas, y que tiene en sus
miembros la facultad de decidir quién puede seguir viviendo y a quien se debe “dejar
morir”: el oficial Ventura y el pibe chorro, “el Orejón”.
El triunfo de la ficción y la última heroína
Por último, decir que “Kryptonita” es más que una historia de
superhéroes en La Matanza; es un relato fascinante en el que Leonardo Oyola con
los datos de la realidad al alcance de su mano y de su propia vida, prefirió correr
el riesgo de animarse a la ficción y desestimar quizás el camino más sencillo, muchas veces carente de vuelo: el realismo.
Nafta
Súper, El Ráfaga, Juan Raro, El Faisán, Lady Di, Pepita la pistolera, el
Federico o Señor de la Noche, el perrito Miguel, Corona, el Cabeza de Tortuga, El
Pelado, personajes devenidos en héroes y villanos de esta gran novela.
Y una mujer que se convertirá en
una heroína inesperada, a medida que el reloj avance hasta que se vean, se hagan sentir, los
primeros rayos del sol de esa mañana de lunes de septiembre.
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jueves, 25 de julio de 2013
J.R. Wilcock, "Sea como sea, este mundo es para ti"
Sea como sea, este mundo es para ti.
Me he preguntado muchas veces para qué servía, y no servía para nada,
pero ahora, gracias a ti, se vuelve útil.
Haz la cuenta de la mercadería abandonada
por Dios y tómala, la han hecho para ti
milenios de hombres que no te conocían,
pero que trataban de prefigurar
en templos y tumbas de roca y bibliotecas
un estupor, como aquel que infundes
cuando sonríes y haces que el tiempo se detenga,
y todos enmudecen poseídos
y te levantas y dices: "yo me voy a la cama".
Duerme, al despertarte estará allí tu herencia:
una ciudad que fue harto famosa,
un río sucio cantado por los poetas,
el cine donde asesinaron a Julio César;
y en torno valles, mares, océanos,
y capitales, continentes, selvas,
y pirámides, versos, adoradores
de tu forma externa o interna,
y en lo alto el cielo y el sol, las estrellas y la luna
y sobre la tierra los animales obedientes
a ti que a fin de cuentas vienes a justificar
su extraordinaria variedad.
Todo esto te pertenece y no termina nunca.
miércoles, 24 de julio de 2013
Martín Kohan elige diez libros
En esta entrevista explica por qué eligió cada uno de ellos.
La lista completa:
1. Theodor Adorno – Teoría Estética
2. Walter Benjamin – La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica
3. David Viñas – Literatura argentina y realidad política
4. Jorge Luis Borges – El Aleph
5. Esteban Echeverría – El matadero
6. Ricardo Piglia – El último lector
7. Juan José Saer – Glosa
8. Juan Carlos Onetti – Cuentos completos
9. James Joyce – Ulises
10. William Faulkner – Mientras agonizo
La lista completa:
1. Theodor Adorno – Teoría Estética
2. Walter Benjamin – La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica
3. David Viñas – Literatura argentina y realidad política
4. Jorge Luis Borges – El Aleph
5. Esteban Echeverría – El matadero
6. Ricardo Piglia – El último lector
7. Juan José Saer – Glosa
8. Juan Carlos Onetti – Cuentos completos
9. James Joyce – Ulises
10. William Faulkner – Mientras agonizo
domingo, 21 de julio de 2013
Gerard Wajcman, “El ojo absoluto"
Bentham. Foucault. Orwell 1984. Blade runner. Minority report.Ahora, Gerard Wajcman, psicoanalista francés, nos explica en su libro que la acción de “mirar” no tiene que ver solamente con la instrumentalidad de la vigilancia y el control. No sólo sabemos que somos mirados sino que nosotros mismos podemos mirar. Es el ‘ojo absoluto’
capaz observarlo todo hasta desvanecer la vida privada.
“¿Quiere usted verlo todo? Encienda sus pantallas y verá. Entrará en el mundo por los ojos. Con ese fin, el mundo está invadido por ojos de todo tipo. Algunos van a escrutar lo más pequeño, lo más íntimo de la materia, otros son enviados muy lejos al espacio para observar, detalle más, detalle menos, el nacimiento del universo. Hoy nos obsesiona la multiplicación de las potencialidades del ojo. Mirarlo todo, sin límites.
(...) Nos miran. Es un rasgo de esta época. El rasgo. Somos mirados todo el tiempo, por todas partes, bajo todas las costuras. No, como antaño, por Dios en la cumbre del cielo o, como mañana, por monigotes verdes desde las estrellas; nos miran aquí y ahora, hay ojos por todos lados, de todo tipo, extensiones maquínicas del ojo, prótesis de la mirada. Y en definitiva, siempre hay en algún lado alguien que supuestamente ve lo que ven esos ojos”.
sábado, 20 de julio de 2013
Mario Levrero, "Uno de nosotros". Programa especial de la Televisión Nacional Uruguay
A fines de junio de 2013 está disponible en internet un documental realizado por la televisión uruguaya "Uno de nosotros" sobre uno de los escritores de ese país más leídos de esta época. Entre los entrevistados están Felipe Polleri, Leo Maslíah, Alicia Hoppe y Juan Ignacio Fernández Hoppe. Estos dos últimos le resultarán muy conocidos y quizás hasta queridos a aquellos lectores de "El discurso vacío", una de sus grandes novelas.
Juan José Saer, en "Los siete locos"
En uno de sus viajes a la Argentina, el escritor Juan José Saer estuvo en el programa "Los siete locos" de Cristina Mucci. Por aquel entonces, se publicaba "Las nubes".
Mario Levrero, "La Banda del Ciempiés"
Esta
novela nació como folletín. Se publicó en veintidós entregas para el suplemento
Verano del diario Página/12 durante enero y febrero de 1989. Desde 2010 está disponible en las librerías de Argentina ya que fue publicada por la editorial Random
House Mondadori en una bonita edición de 192 páginas.De inicio y sin demora se nos cuenta que el jefe de la policía de la ciudad, Smithe Andrews, es arrancado de la cama y envuelto en una sábana mientras dormía. Inmediatamente es arrojado por la ventana desde un piso diecinueve. Muy cerca de ahí, cerca de un cine un grupo de cincuenta personas, bajo una tela liviana que daba forma a una especie de gusano gigante, el “Ciempiés”, llevan a cabo una serie de actos de violencia de gran magnitud.
Carmody
Trailler, un prestigioso detective privado será quien tendrá la misión de
resolver el asunto, luego de ser ¿contratado? por una vendedora de violetas.
La
historia, que está dotada de un gran dinamismo por su permanente movimiento a partir de la sucesión de acontecimientos
y las apariciones de distintos personajes, no se puede encasillar
dentro de las leyes de un género literario específico sino todo lo contrario:
en ninguno.
Escenas de los géneros policial y también de aventuras, dosis de erotismo y de lo burlesco son algunos de los rasgos que dan forma a esta singular novela, donde también el mercado (un tipo específico pero que no
develaré aquí) y una cierta mirada irónica sobre una forma de política (la diplomacia, relaciones internacionales, alusión al espionaje en épocas de Guerra Fría, por ejemplo) le dan su impronta.
Por
ultimo, para situar este trabajo de Mario Levrero dentro de su producción se
podría decir que “La Banda…” tiene
que ver más con “Nick Carter se divierte
mientras el lector es asesinado y yo agonizo” y no tanto con las novelas "El discurso vacío” y “La novela
luminosa”, estas dos últimas, a las que podríamos definir como literatura
autobiográfica.
martes, 16 de julio de 2013
Roberto Juarroz, "Poesía Vertical VII (1982)"
El genio del olvido
ejecuta la partitura del olvido
en el teclado de la memoria.

Es el príncipe o monarca
no reconocido
por el régimen de fuerza del recuerdo.
La partitura del recuerdo
no necesita a nadie que la ejecute.
La partitura del recuerdo
puede ser ejecutada por el viento.
La obra del olvido
prueba que recordar es fácil
y olvidar difícil.
El olvido se acumula
como un anillo de fondo en las raíces.
El recuerdo no es más que un sueño
especialmente pesado
del olvido.
ejecuta la partitura del olvido
en el teclado de la memoria.

Es el príncipe o monarca
no reconocido
por el régimen de fuerza del recuerdo.
La partitura del recuerdo
no necesita a nadie que la ejecute.
La partitura del recuerdo
puede ser ejecutada por el viento.
La obra del olvido
prueba que recordar es fácil
y olvidar difícil.
El olvido se acumula
como un anillo de fondo en las raíces.
El recuerdo no es más que un sueño
especialmente pesado
del olvido.
viernes, 12 de julio de 2013
James Joyce, "La primera carta"
15 de junio de 1904
60 Shelbourne Road
Debo estatr ciego. Durante largo rato estuve mirando una cabeza de cabello castaño rojizo y después decidí que no era la suya. Volví a casa muy abatido. Me gustaría concertar una cita, pero quizás no sea conveniente para usted. Espero que sea tan amable de fijarla usted misma, si es que no me ha olvidado.
James A. Joyce
En "Cartas de amor a Nora Barnacle", Leviatán, 1998.
60 Shelbourne RoadDebo estatr ciego. Durante largo rato estuve mirando una cabeza de cabello castaño rojizo y después decidí que no era la suya. Volví a casa muy abatido. Me gustaría concertar una cita, pero quizás no sea conveniente para usted. Espero que sea tan amable de fijarla usted misma, si es que no me ha olvidado.
James A. Joyce
En "Cartas de amor a Nora Barnacle", Leviatán, 1998.
Mario Levrero, "Un silencio menos"
"Cantidad de cosas quedan marginadas de la conciencia están sin embargo ahí, a su alcance. La conciencia tiene pereza de tomarlas, de asumirlas, como si prefiriera no verlas. Es en esa estrechez donde tal vez parezcan inocentes los personajes. En realidad no lo son. No se esfuerzan por hacerse cargo de las
situaciones. Eso a mí me pasa continuamente, al punto de que hace un par de meses descubrí que estaba enamorado de una mujer a través de un sueño. Me lo impuso el inconsciente. Era un sueño tan claro que tuve que rendirme a la evidencia y empezar a examinar mis sentimientos".
En Elvio Gandolfo (comp.): "Mario Levrero. Un silencio menos", Mansalva, 2013, p. 52-53.
miércoles, 10 de julio de 2013
Joaquín O. Giannuzzi, "Aeropuerto"
En la partida
el último tema de tu cabeza
en mi costado soñador.El mundo
que se dispone a dividirse en dos;
y el avión
que suavemente se desprende
de esas consistencias amarradas entre sí.
Y el azul que te alza y te devora
mientras yo desciendo
a la mitad sombría del planeta.
lunes, 8 de julio de 2013
Miguel Prenz, "La misa del diablo"
"El domingo 8 de octubre de 2006 apareció, a dos cuadras de la terminal de ómnibus de la ciudad de Mercedes, Corrientes, el cadáver decapitado de un chico de doce años. La cabeza estaba apoyada junto a su cuerpo semidesnudo. La víctima, se llamaba Ramón González –Ramoncito-. Las investigaciones develaron que se trataba un crimen ligado a un ritual, durante el que había sido violado y torturado.
El periodista Miguel Prenz llegó a Mercedes dos años y medio después del asesinato y antes de que comenzara el juicio (el primero relacionado con un crimen ritual en América Latina), y encontró una trama en la que se mezclaban los rumores de una secta espeluznante, la pobreza casi terminal de la familia de Ramoncito, la esquiva figura de un empresario, una curiosa mujer policía que es mae de santo de una religión afrobrasileña, y una adolescente –Ramonita, testigo del crimen- cuyas declaraciones resultaron tan escalofriantes como la revelación de que las paredes de la casa donde había vivido, estaban pintadas con sangre humana. En medio de las más verdes inocencias de la pampa gringa, Prenz encontró esta historia que hunde sus bordes en las zonas más siniestras de la ferocidad humana. En octubre de 2006 apareció, en la ciudad de Mercedes, Corrientes, el cadáver decapitado de un chico de doce años. La cabeza estaba apoyada junto a su cuerpo semidesnudo. La víctima, se llamaba Ramón González –Ramoncito-. Las investigaciones develaron que se trataba un crimen ligado a un ritual, durante el que había sido violado y torturado. El periodista Miguel Prenz encontró una trama en la que se mezclaban los rumores de una secta espeluznante y la pobreza. Una historia que hunde sus bordes en las zonas más siniestras de la ferocidad humana".
Fuente: http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-la-misa-del-diablo
El periodista Miguel Prenz llegó a Mercedes dos años y medio después del asesinato y antes de que comenzara el juicio (el primero relacionado con un crimen ritual en América Latina), y encontró una trama en la que se mezclaban los rumores de una secta espeluznante, la pobreza casi terminal de la familia de Ramoncito, la esquiva figura de un empresario, una curiosa mujer policía que es mae de santo de una religión afrobrasileña, y una adolescente –Ramonita, testigo del crimen- cuyas declaraciones resultaron tan escalofriantes como la revelación de que las paredes de la casa donde había vivido, estaban pintadas con sangre humana. En medio de las más verdes inocencias de la pampa gringa, Prenz encontró esta historia que hunde sus bordes en las zonas más siniestras de la ferocidad humana. En octubre de 2006 apareció, en la ciudad de Mercedes, Corrientes, el cadáver decapitado de un chico de doce años. La cabeza estaba apoyada junto a su cuerpo semidesnudo. La víctima, se llamaba Ramón González –Ramoncito-. Las investigaciones develaron que se trataba un crimen ligado a un ritual, durante el que había sido violado y torturado. El periodista Miguel Prenz encontró una trama en la que se mezclaban los rumores de una secta espeluznante y la pobreza. Una historia que hunde sus bordes en las zonas más siniestras de la ferocidad humana".
Fuente: http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-la-misa-del-diablo
sábado, 6 de julio de 2013
Juan José Saer, “Las cosas soñadas”
Para Carlos GiordanoComo dice Tomatis, a pesar de su diploma de letras, obtenido en uno de los establecimientos de la Ivy League, Gabriela, la hija mayor de Barco (la menor se ha aficionado a las disecciones en la facultad de medicina), "padece una fuerte vocación literaria". Y lo que es peor, agrega siempre con un aire resignado que no consigue disimular su intensa, por no decir infantil satisfacción, es que ha decretado declararme, para platicar sobre la materia, su —como se dice ahora— "interlocutor privilegiado".
La chica, si bien no somete a su consideración cada texto que escribe, tiene una inclinación marcada a discutir con Tomatis problemas de método, de teoría, de especulación literaria, sobre los cuales ha leído desde luego mucho más que Tomatis pero a quien, con la ingenuidad de los jóvenes que suelen atribuirles a las personas mayores que quieren desde la infancia una especie de infalibilidad, considera como una autoridad en casi todas las ramas del arte, de las letras, de la ciencia y de la filosofía, reputación que con cierta inescrupulosidad y blandiendo vagos pretextos pedagógicos Tomatis se abstiene, desde que Gabriela era adolescente, de rechazar como inmerecida. "Ya se irá dando cuenta sola", murmura a veces, un poco molesto por la mirada irónica con la que Barco lo observa interpretar su papel de, como dicen, maestro de la juventud.
Como viene a enseñar a la facultad de Rosario, de tanto en tanto Gabriela se da un salto hasta la ciudad, para visitar a sus primos y primas y a algunos amigos de infancia, porque cuando Barco y Miri se mudaron a Buenos Aires, obligados por las circunstancias políticas, ella tenía ya trece años. Antes de irse a los Estados Unidos a terminar su carrera, en la época en que la situación se calmó un poco, Gabriela había tomado la costumbre de pasar las vacaciones en la ciudad entre la playa de Guadalupe, antes de que la cubriera definitivamente la inundación grande, la casa de fin de semana que tenían en Sauce Viejo los padres de su primer novio, y la playita de Rincón. Tanto había oído hablar de los años dorados de la generación anterior —la de sus padres, Tomatis, Rita Fonseca, los mellizos Garay, etcétera— que se había dejado obnubilar tenuemente por una especie de bovarismo intelectual que transfiguraba el mundo a su alrededor convirtiendo los arduos lugares donde había transcurrido la juventud ardua de sus padres y de los amigos de sus padres en una sucursal del paraíso. Puedo entrar no dos, sino muchas veces en el mismo río, desde noviembre a marzo, y sobre todo si se trata del Coronda o del Ubajay, le gustaba decir a Gabriela, suspirando de nostalgia, en los inviernos de Rosario o de Caballito. Era evidente que, a diferencia de sus mayores para quienes lo exterior había consumido ya su cuota exigua de magia, para Gabriela la magia empapaba el mundo, y la surgente de su chorro luminoso no debía estar lejos de Paraná, de la laguna Setúbal o de San José del Rincón.
En uno de los viajes que Gabriela hizo especialmente para presentarle a su nuevo novio, un economista rosarino, Tomatis invitó a la pareja y a Alicia a cenar a una parrilla de lujo qué acababan de inaugurar en los locales de la Sociedad Rural, y a los postres, a pesar del discreto aburrimiento del economista y del fastidio ostentoso de Alicia, Gabriela le anunció a Tomatis que le iba a hacer llegar por carta o por fax un texto brevísimo, de una página más o menos, que tal vez no tenía mucho valor en sí, pero en el que aplicaba un procedimiento de su invención, para terminar de una vez por todas con las teorías expresivas y biográficas de la creación literaria. Según Gabriela, su método había consistido en introducir en el texto toda clase de elementos opuestos a su persona: como ella era mujer, el personaje del fragmento, como Gabriela llamaba a su escrito, era un hombre; como ella era joven, su personaje era un jubilado, y le había elegido su lugar de residencia al azar, haciendo girar un globo terráqueo y, después de cerrar los ojos bien fuerte para no hacer trampas, aplicando el dedo índice en un punto cualquiera del planeta, que resultó ser la ciudad de Paula, en el sur de Italia. Para atribuirle un nombre al personaje había utilizado un procedimiento semejante, hojeando a ciegas una agenda en la que en cada día del año figuraba el santo correspondiente, y como había caído el 30 de noviembre, el día de San Jerónimo, había traducido el nombre al italiano. En cuanto al contenido del fragmento propiamente dicho, según Gabriela, había decidido poner una serie de elementos opuestos a los de su biografía y, al mismo tiempo, optó por escribir, no sobre alguna escena de la vigilia, de la vida cotidiana, sino sobre un sueño, tomando como precaución que cada uno de los detalles —objetos o situaciones— del sueño, fuese rigurosamente inventado por ella y no correspondiese a ningún sueño suyo verdadero. Gabriela pensaba que escribiendo un buen texto con ese método, se terminaría de una vez por todas con los prejuicios biográficos, y además, terminaba Gabriela exaltándose noblemente un poquito, gracias a la identificación de uno mismo, a través de la literatura, con lo heterogéneo del mundo, se probaba la unidad fundamental de la especie humana. Y a los pocos días, Tomatis recibió por correo el texto siguiente:
El sueño de Don Girolamo
Una noche tormentosa (muy cálida) de primavera, don Girolamo, que ha estado leyendo hasta tarde en la cama un tratado de ingeniería civil, se despierta, aterrado y sudoroso, después de una pesadilla: su hermano, mayor ha asesinado a su padre, a su madre y a su hermanita, y él está tan aterrorizado que duerme aferrando un cuchillo bajo las sábanas. También descubre en un plato unas plumas y unos trocitos de piel que traen todavía pegados filamentos de carne sanguinolenta. Cuando se despierta, al terror sucede el alivio, y después una tristeza agridulce, porque don Girolamo ha cumplido ya los sesenta, y cinco años, y si bien su hermanita, que tiene sesenta y dos, vive todavía, su padre y su madre han muerto ya hace muchos años. En cuanto a su hermano, es tres años mayor que él, y sufre de una enfermedad incurable. Ciertas asociaciones han motivado el sueño: las sensaciones propias a la noche calurosa, que lo han retrotraído a la infancia, y el hecho de que antes de dormir haya tomado una bebida efervescente, que no probaba desde la infancia y que, mientras la aproximaba a los labios, haya pronunciado el nombre piamontés de esa bebida: BAGNANAS (moja nariz). Esas asociaciones explican el carácter infantil del sueño, pero no su contenido. Al cabo de un rato, don Girolamo se duerme nuevamente, pero con una intensa sensación de paz, de reconciliación y de eternidad.
En el encuentro siguiente, al final del año universitario, a mediados de diciembre, Gabriela y el novio vinieron a tomar el vermouth al anochecer y a saludar a Tomatis para las fiestas que se avecinaban, y al cabo de un rato, ya estaban conversando sobre el fragmento que le había mandado Gabriela. Tomatis celebraba la buena invención del sueño, donde ciertos detalles imaginados parecían realmente oníricos, como las sensaciones infantiles de un adulto que se encuentra soñando, la condensación temporal, o las plumas y la piel sanguinolentas. También aprobaba la sobriedad de la prosa pero, metiendo la mano en el bolsillo del pantalón, sacó un pedacito de papel y le leyó la lista de elementos autobiográficos que le había parecido vislumbrar en el texto: es sabido que en los sueños cada cosa puede aparecer distorsionada, disfrazada de otra, y él, Tomatis, pensaba que el dichoso don Girolamo era un personaje que, aunque mucho más viejo desde luego, le recordaba en varios de sus rasgos a Barco, el padre de Gabriela, cuyo hermano mayor había muerto no hacía mucho tiempo, y esa magnesia efervescente de marca BAGNANAS era un producto local, que Gabriela conocía de cuando era chica, de modo que ese detalle material del fragmento era verdaderamente autobiográfico. También, según Tomatis, un elemento puramente intelectual, no empírico, podía ser autobiográfico, y la asociación desencadenada por haber pronunciado las palabras en piamontés, requería un contexto preciso para ser imaginada: esa explicación asociativa no hubiese podido hacerse fuera de los marcos de la cultura occidental del siglo veinte, etcétera. Pero lo que más lo seducía del fragmento no estribaba en su supuesta demostración de que la literatura no era ni objetiva ni autobiográfica, —dos categorías que exigían un control consciente del texto en todos sus niveles desde el principio hasta el fin para ser operativas— sino porque ponía en evidencia que su modo de funcionar era en más de un aspecto análogo al de los sueños. Y Tomatis explicaba el fragmento de la manera siguiente: Gabriela debía pensar, sin darse cuenta tal vez, que el hermano de Barco, que había muerto no hacía mucho después de una larga enfermedad, había hecho sufrir demasiado a su padre a causa de su enfermedad, y con el egoísmo cruel de la juventud y mediante la astucia inmoral de que se valen los sueños, había transformado a su tío, de víctima que era, en un espantoso asesino. El final del fragmento, según Tomatis, confirmaba su teoría, porque esa reconciliación pretendía, por un lado, restablecer el bienestar de su padre y al mismo tiempo la satisfacción de la autora del fragmento por haber cumplido su venganza simbólica.
A medida que Tomatis iba explicando su punto de vista, el ambiente, tal vez porque ya iban por el segundo vermouth, se animaba en el atardecer caluroso. Habían podido instalarse en la terraza porque Tomatis tuvo la precaución de regar las baldosas rojizas para refrescarlas, cuando había todavía mucha luz aunque, a causa de que el sol ya estaba demasiado cerca del horizonte — siempre en la llanura se lo ve ir hundiéndose gradualmente en él, hasta desaparecer— ya no castigaba tanto las cosas. Mientras conversaban, el aire había ido poniéndose cada vez más azul; dentro de poco nomás se volvería negro. Las explicaciones que Tomatis daba sobre el texto provocaban hilaridad porque estaban dichas de tal manera que podía percibirse la propia incredulidad del autor respecto de ellas y que, en circunstancias diferentes, opuestas a la actual por ejemplo, hubiese podido afirmar exactamente lo contrario. Pero los detalles del sueño de don Girolamo seguían flotando, desde el momento en que los había leído, no únicamente en su memoria, sino en ciertos pliegues recónditos de la emoción que, de tanto en tanto, la hacían vibrar todavía. También Gabriela, cuando había escrito su "fragmento", sabía lo más bien que ciertos detalles autobiográficos lo habían motivado, el dolor austero de Barco por la muerte de su hermano y la propia pena de ella, a quien le era difícil, a pesar de que ya tenía veintiocho años, admitir que su padre, el héroe mítico de su infancia, al que ninguna adversidad podía ni siquiera rozar, era, como todo el resto, vulnerable y fugitivo. Pero un pudor más fuerte que su intensa lealtad la incitaba a presentar su texto como el mero ejemplo de una teoría totalmente ajena a su propia vida. Ella y "Carlitos" pensaban lo mismo, a saber que si la ficción y los sueños estaban hechos de la misma materia, por certeras que fuesen las teorías que se les aplicaran, seguirían siempre su propio camino, inesperado, caprichoso y extraño, y que por arbitrarios y alejados de la realidad que pareciesen, los hombres se dejarían impresionar por ellos y les darían más crédito y más sentido que al mundo palpable y rugoso.
Sorbiendo un traguito de su vermouth, Gabriela lanzó por encima del vaso una sonrisa con la que trató de abarcar la mirada de los dos hombres que la escuchaban, y dejando otra vez el vaso sobre la mesa de hierro blanco, declaró que, como las obras literaria, los sueños también se expresaban a través de diferentes géneros, pero que los mejores eran aquellos que, justamente, se alejaban de los géneros y eran capaces de forjarse una forma y una simbología propias. Su novio contó que un par de años atrás, en un viaje por Europa durante el que había estado en un restaurant catalán, sobre el Mediterráneo, había comido un plato que figuraba en el menú con el nombre de "plato soñado", porque el cocinero, a base de gelatina, colorantes y diferentes ingredientes que utilizaba en secreto, había reconstituido la forma y el gusto de un marisco del Atlántico, que justamente no existe en el Mediterráneo. Y el cocinero, que había venido a la mesa al final del almuerzo, porque tenía un amigo entre los comensales, les había explicado que el plato llevaba ese nombre porque las sensaciones gustativas y táctiles que producía eran semejantes a las de los sueños, en los que, a pesar de la ausencia, material del estímulo, o a causa de un estímulo inapropiado (por ejemplo, el soñar con un incendio cuando nos sofocan las frazadas) las sensaciones ilusorias que tenemos mientras estamos soñando nos parecen reales.
Aunque el aire ya iba poniéndose casi negro, como estaban bastante cerca unos de otros, todavía podían verse en la penumbra tibia del anochecer. Sus voces resonaban demorándose un poco, y el cielo en el que no había una sola nube estaba de un azul oscuro pero todavía luminoso; ya brillaban en él, con esa intermitencia vacilante con que van instalándose en los anocheceres de verano, las primeras estrellas. La dosis moderada de alcohol que acababan de tomar comenzaba a producirles efecto, manifestándose en una levísima efervescencia y una euforia que, aunque artificial como la sensualidad de los sueños, no era menos exaltante. Y la sonrisa de Tomatis se hizo más amplia, y secretamente orgullosa, cuando le oyó decir a Gabriela que, si se reflexiona un poco, todos los platos que nos ofrece el mundo son soñados, no únicamente el redondel de caldo, amarillo y humeante, que yace sobre la mesa, sino también cada una de las cucharadas que, con aceptación resignada, nos llevamos a la boca.
En "Cuentos completos", Seix-Barral.
viernes, 5 de julio de 2013
Julio Cortázar, "Rayuela"
"Me estoy atando los zapatos, contento, silbando y de pronto la infelicidad.Pero esta vez te atrapé, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental..."
Capítulo 67
Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"
Siglo XXI publicó en su versión definitiva el libro más ambicioso de la última etapa de Roland Barthes, editado originalmente en 1977 y que se convirtió uno de los grandes libros de culto de la literatura francesa del siglo XX.
El libro fue un éxito desde su aparición y despertó el máximo interés en la prensa masiva, fue
adaptado para teatro en las ciudades más importantes de Occidente y así, esta obra del semiólogo francés, más habituado a desarrollarse en el campo intelectual, se convirtió rápida e inesperadamente en best-seller.
Poco antes de la publicación de este libro, Barthes había sido nombrado profesor en el Collège de France -una prestigiosa distinción vitalicia que compartiría con pensadores como Michel Foucault, Paul Valéry o Emile Benveniste- a partir de su prolífica obra en el campo de la semiología.
"Alguna vez dije que Fragmentos... sería mi libro más leído y más rápidamente olvidado, porque es un libro que llegó a un público que no era el mío (...) No era un libro muy intelectual sino más bien bastante proyectivo, en el que uno puede proyectarse no a partir de una situación cultural sino a partir de una situación que es la situación amorosa.", declaró Barthes en 1980.
Fuente: http://sigloxxieditores.com.ar/fichaLibro.php?libro=978-987-629-005-0
El libro fue un éxito desde su aparición y despertó el máximo interés en la prensa masiva, fue
adaptado para teatro en las ciudades más importantes de Occidente y así, esta obra del semiólogo francés, más habituado a desarrollarse en el campo intelectual, se convirtió rápida e inesperadamente en best-seller.
Poco antes de la publicación de este libro, Barthes había sido nombrado profesor en el Collège de France -una prestigiosa distinción vitalicia que compartiría con pensadores como Michel Foucault, Paul Valéry o Emile Benveniste- a partir de su prolífica obra en el campo de la semiología.
"Alguna vez dije que Fragmentos... sería mi libro más leído y más rápidamente olvidado, porque es un libro que llegó a un público que no era el mío (...) No era un libro muy intelectual sino más bien bastante proyectivo, en el que uno puede proyectarse no a partir de una situación cultural sino a partir de una situación que es la situación amorosa.", declaró Barthes en 1980.
Fuente: http://sigloxxieditores.com.ar/fichaLibro.php?libro=978-987-629-005-0
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Osvaldo Soriano "Dixit":
"Hemingway decía: la única cosa de la que un escritor puede estar seguro a lo largo de su existencia es que todo el mundo intentará impedir que escriba: familia, ejército, dinero, política, amigos, enemigos, conocidos y críticos. Hay escritores que se dan una semana de tiempo para terminar un libro, como Simenon. Otros un mes, como Faulkner. Otros la vida entera, como Joyce (...) Bulgakov, el ruso más prohibido en tiempos de stalinismo, anotaba al margen de sus páginas escritas en secreto: Dios mío, ayúdame a terminarla".
Julio Cortázar, "Papeles inesperados"
Un amigo de Alfaguara me obsequió este libro durante la Feria del Libro 2009 antes de que llegue a las librerías. Pasó bastante tiempo y debo confesar que lo leí apresuradamente, lo que no quiere decir que no lo haya disfrutado. Desde hace unos pocos meses, comencé la relectura del mismo libro, pero siguiendo el orden establecido por el índice, con paciencia, avanzando y deteniéndome ante cada frase, cada idea que Cortázar construyó. Entre los muchos de los muy buenos escritos que contiene esta recopilación póstuma, elijo algunos de ellos. Mi preferido es “A la hora de reunir la totalidad de mis relatos…”, donde el narrador cuenta una imperdible anécdota antes de emprender una viaje junto a su esposa y se dan cuenta, instantes previos al abordaje, que no tienen nada para leer y sólo les queda como alternativa comprar en el quiosco de la estación una mala novela policial de tapas chillonas y autor merecidamente olvidado.
Imposible no mencionar el cuento publicado en un anticipo en un suplemento literario “Ciao Verona” , que puede leerse como otra parte del cuento “Las caras de la medalla” incluido en ‘Alguien que anda por ahí’, y que nos cuenta una particular historia de amor. Este texto fue escrito en el año 1977.
“Manuscrito hallado junto a una mano”, un cuento ‘bien cortazariano’ si vale esta figura. Amigos, músicos, por favor lean este cuento, se pueden llegar a divertir... y mucho.
Por último, elijo un texto del capítulo “Circunstancias” donde encontramos el tono explícitamente político del escritor en “Violación de los derechos culturales”, refiriéndose a los crímenes de la Junta Militar de Chile.
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Alejandra Pizarnik, "Quien alumbra"

Cuando me miras
mis ojos son llaves,
el muro tiene secretos,
mi temor palabras, poemas.
Sólo tú haces de mi memoria
una viajera fascinada,
un fuego incesante.
Luis Sagasti, "Bellas artes"
Llegué a este libro por una recomendación hecha al pasar.
Comencé a leerlo el viernes de la semana pasada y anoche, de madrugada, lo terminé. Es un texto de un poco más de cien páginas y para llegar al Ser del libro, hay que leerlo detenidamente, dejando pausas bien abiertas para que habiliten el pensamiento y la reflexión.
Como dice en su contratapa es realmente “un libro extraordinario que homenajea el arte de narrar y es también un relato genial e inclasificable”.
Es muy difícil elegir sólo un fragmento de este libro para compartir. Afortunadamente está repleto de buenas ideas y muy bien escritas. El comienzo de por sí, ya es muy interesante:
“El mundo es un ovillo de lana.
Una madeja a la que no es fácil encontrarle la punta.
Cuando no, se toma parte de la superficie, se la jala hacia afuera, se sostiene un pequeño tramo de hilo y se lo corta con un golpe seco. Después, si se encuentra la otra punta ya habrá tiempo de anudarlas”.
El poeta Ungaretti, el músico Glenn Miller, el escritor Kurt Vonnegut, John Lennon, el cosmonauta Gagarin, la perra Laika, el cura brasileño Adelir di Carli que se ató a mil globos de helio y desapareció por los aires, Wittgenstein y su renuncia a la riqueza total (y que fue compañero de primaria del Adolph Hitler), el poeta japonés Matsuo Basho, el aviador y escritor Saint-Exupery, son algunos personajes ( entre tantos otros que aparecen) que el escritor bahiense Luis Sagasti entrelaza y anida, para que nosotros los lectores, nos asombremos con estas historias.
Comencé a leerlo el viernes de la semana pasada y anoche, de madrugada, lo terminé. Es un texto de un poco más de cien páginas y para llegar al Ser del libro, hay que leerlo detenidamente, dejando pausas bien abiertas para que habiliten el pensamiento y la reflexión.
Como dice en su contratapa es realmente “un libro extraordinario que homenajea el arte de narrar y es también un relato genial e inclasificable”.
Es muy difícil elegir sólo un fragmento de este libro para compartir. Afortunadamente está repleto de buenas ideas y muy bien escritas. El comienzo de por sí, ya es muy interesante:
“El mundo es un ovillo de lana.
Una madeja a la que no es fácil encontrarle la punta.
Cuando no, se toma parte de la superficie, se la jala hacia afuera, se sostiene un pequeño tramo de hilo y se lo corta con un golpe seco. Después, si se encuentra la otra punta ya habrá tiempo de anudarlas”.
El poeta Ungaretti, el músico Glenn Miller, el escritor Kurt Vonnegut, John Lennon, el cosmonauta Gagarin, la perra Laika, el cura brasileño Adelir di Carli que se ató a mil globos de helio y desapareció por los aires, Wittgenstein y su renuncia a la riqueza total (y que fue compañero de primaria del Adolph Hitler), el poeta japonés Matsuo Basho, el aviador y escritor Saint-Exupery, son algunos personajes ( entre tantos otros que aparecen) que el escritor bahiense Luis Sagasti entrelaza y anida, para que nosotros los lectores, nos asombremos con estas historias.
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Enrique Vila-Matas, "Dublinesca"
El personaje principal de esta novela dividida en tres capítulos tituladas Mayo, Junio y Julio, es
Samuel Riba, un editor de Barcelona venido a menos por ‘culpa del mercado’ y sobre todo por la falta de ‘buenos lectores’. Riba ya no es un alcohólico pero volver a la bebida es una posibilidad latente.
Otros personajes que tienen un papel destacado en la historia son su mujer Celia, próxima a convertirse al budismo y los escritores amigos de Riba, Javier, Ricardo y Nietzky, invitados a viajar a Dublín.
No está de más decirse que en Dublinesca abundan referencias y alusiones al “Ulysses” de James Joyce. No faltan truenos y tormentas; un ritual funerario muy particular, una especie de homenaje a la creación de Joyce sobre la muerte del señor Dignam.
Riba también es un ‘viajero’. Al inicio de la novela está recién llegado de Lyon. Ahora se propone llegar por primera vez a Dublín un día emblemático para la literatura universal, el “bloomsday” (16 de junio).
Respecto a la trama podemos anticipar que el relato se organiza a partir de un sueño en donde Riba se ve a sí mismo caminando bajo los efectos del alcohol por las calles de una ciudad que aun no conocía, la ya mencionada Dublín. Celia lo sorprende en ese estado y ambos terminan arrodillados en una vereda, no sin antes preguntarle: “¿Por qué regresaste a la bebida?”.
Riba tiene “una editorial que se apaga”, que desea vender pero que ya no recibe ofertas. Sus escritores, a quienes él mismo editó ya no lo llaman. Lo aflige la caída de la Era Gutemberg y ve con pesimismo el advenimiento de la era digital. Pero también lo perturba el éxito de los best-sellers y mira con desdén a los editores ‘estrellas’, esos que hoy en día casi no leen.
Como anticipamos anteriormente, para Riba, llegar a Irlanda el 16 de junio es tanto un homenaje a Joyce como una ceremonia funeraria de la literatura de imprenta y no un conjuro. Y será el mismo Riba quién le dedique las últimas palabras, quien pronuncie el réquiem final.
Vila-Matas intenta construir un personaje con sensaciones de angustia, tal vez como se sintió Leopold Bloom, y el intentar hacerlo, también le permitiría trasladarle a Riba la angustia del personaje joyceano. Su fanatismo por el genio irlandés le hace escribir cosas tales como:
“Sabe que si va a Dublín, volverá a sentirse, tal como en otra época se sintió en Francia, un forastero. Maravillosa sensación de ser de otro lugar. En Dublín, será un forastero, como lo fue Bloom” (pág. 69.)
“Decide que ahora lo más sano será lanzarse a conocer Dublín con sus amigos, con su Martin Cunningham y su Power particulares (pág. 171).
El mundo según Riba (o Vila-Matas)
Una de las preguntas que siempre dan vueltas en la literatura tiene que ver con la traducción de las grandes obras. Es muy interesante, o mejor dicho, elogioso lo que se comenta sobre el primer traductor al español de “Ulysses”, del misterioso J. Salas Subirat: “Y no se le escapa ahora que muchos de los que encuentran Ulysses insoportable ni siquiera se han molestado en pasar de la primera página de un libro sobre el que dan por sentado que es plúmbeo, complicado, extranjero, falto de la castiza y proverbial gracia hispana. Pero él (Riba) da por sentado que esa primera página del libro de Joyce, ya sólo esa primera página, se basta sola para deslumbrar. Es una página, aparentemente nimia, que sin embargo ofrece en sí misma un mundo completo y extraordinariamente libre. Se la sabe de memoria en la versión ya mítica de aquel primer traductor del libro al español, de aquel traductor tan genial como extraño gran aventurero que fue J. Salas Subirat, autodidacta argentino que trabajó como agente de seguros y escribió un raro manual, ‘El seguro de vida’, que a modo de curiosidad Riba publicó, a comienzos de los noventa en su editorial”.
Como en varios de sus libros, la impronta de Vila-Matas queda evidenciada en los comentarios, anotaciones que realiza Riba sobre libros o escritores, en su rol de crítico. Y en esta novela no hará la excepción: “Después de todo, el mayor hallazgo de Joyce en Ulysses fue haber entendido que la vida está hecha de cosas triviales. El truco glorioso que puso Joyce en práctica fue tomar lo absolutamente mundano para darle una base heroica de alcances homéricos”. (pág. 133).
Sin embargo, no está exento de la nostalgia y quizá, de pedantería. Al personaje de Vila-Mata, en su mundo ideal, le gustaría encontrarse con taxistas que le hablen de literatura como si fueran especialistas, ironiza cuando el padre de Riba dice que su hijo se va a Irlanda con su amigo ‘Ulises’; habla del tormento que significa hoy ser editor de buena literatura y así innumerables ejemplos.
“Después, el presente fugitivo, pero de algún modo asible en forma de gran necesidad de sentirse vivo en un ahora que le está obsequiando con la alegría de sentirse por fin libre, sin la atadura criminal de la edición de ficciones, una labor que a la larga se volvió un tormento, con la competencia siniestra de los libros con aquellas historias góticas y Santos Griales y sábanas santas y toda aquella parafernalia de los editores modernos, tan analfabetos”. (pág. 165).
Y prosigue: “Comenzó a sentirse viejo y acabado y a deprimirse y a hundirse en la melancolía en un mundo en el que no cree que vuelvan a existir editores con una pasión literaria como la suya. Le parece, cada día más, que esa clase de pasiones ya han comenzado a pasar a la historia y que pronto incluso caerán en el olvido”. (pág. 169).
El hecho más curioso y quizás hasta divertido de la novela quizá sea la creación de la Orden de Finnegans, (un grupo de lectores amantes de la literatura de Joyce) que para admitir un nuevo miembro en la logia, el candidato debe cumplir inexorablemente ciertas condiciones y reglas. Puede agregarse que en la vida real, Vila-Matas se declaró Caballero de la Orden creada por él mismo junto a algunos de sus amigos fanáticos del genio irlandés.
Samuel Riba, un editor de Barcelona venido a menos por ‘culpa del mercado’ y sobre todo por la falta de ‘buenos lectores’. Riba ya no es un alcohólico pero volver a la bebida es una posibilidad latente.
Otros personajes que tienen un papel destacado en la historia son su mujer Celia, próxima a convertirse al budismo y los escritores amigos de Riba, Javier, Ricardo y Nietzky, invitados a viajar a Dublín.
No está de más decirse que en Dublinesca abundan referencias y alusiones al “Ulysses” de James Joyce. No faltan truenos y tormentas; un ritual funerario muy particular, una especie de homenaje a la creación de Joyce sobre la muerte del señor Dignam.
Riba también es un ‘viajero’. Al inicio de la novela está recién llegado de Lyon. Ahora se propone llegar por primera vez a Dublín un día emblemático para la literatura universal, el “bloomsday” (16 de junio).
Respecto a la trama podemos anticipar que el relato se organiza a partir de un sueño en donde Riba se ve a sí mismo caminando bajo los efectos del alcohol por las calles de una ciudad que aun no conocía, la ya mencionada Dublín. Celia lo sorprende en ese estado y ambos terminan arrodillados en una vereda, no sin antes preguntarle: “¿Por qué regresaste a la bebida?”.
Riba tiene “una editorial que se apaga”, que desea vender pero que ya no recibe ofertas. Sus escritores, a quienes él mismo editó ya no lo llaman. Lo aflige la caída de la Era Gutemberg y ve con pesimismo el advenimiento de la era digital. Pero también lo perturba el éxito de los best-sellers y mira con desdén a los editores ‘estrellas’, esos que hoy en día casi no leen.
Como anticipamos anteriormente, para Riba, llegar a Irlanda el 16 de junio es tanto un homenaje a Joyce como una ceremonia funeraria de la literatura de imprenta y no un conjuro. Y será el mismo Riba quién le dedique las últimas palabras, quien pronuncie el réquiem final.
Vila-Matas intenta construir un personaje con sensaciones de angustia, tal vez como se sintió Leopold Bloom, y el intentar hacerlo, también le permitiría trasladarle a Riba la angustia del personaje joyceano. Su fanatismo por el genio irlandés le hace escribir cosas tales como:
“Sabe que si va a Dublín, volverá a sentirse, tal como en otra época se sintió en Francia, un forastero. Maravillosa sensación de ser de otro lugar. En Dublín, será un forastero, como lo fue Bloom” (pág. 69.)
“Decide que ahora lo más sano será lanzarse a conocer Dublín con sus amigos, con su Martin Cunningham y su Power particulares (pág. 171).
El mundo según Riba (o Vila-Matas)
Una de las preguntas que siempre dan vueltas en la literatura tiene que ver con la traducción de las grandes obras. Es muy interesante, o mejor dicho, elogioso lo que se comenta sobre el primer traductor al español de “Ulysses”, del misterioso J. Salas Subirat: “Y no se le escapa ahora que muchos de los que encuentran Ulysses insoportable ni siquiera se han molestado en pasar de la primera página de un libro sobre el que dan por sentado que es plúmbeo, complicado, extranjero, falto de la castiza y proverbial gracia hispana. Pero él (Riba) da por sentado que esa primera página del libro de Joyce, ya sólo esa primera página, se basta sola para deslumbrar. Es una página, aparentemente nimia, que sin embargo ofrece en sí misma un mundo completo y extraordinariamente libre. Se la sabe de memoria en la versión ya mítica de aquel primer traductor del libro al español, de aquel traductor tan genial como extraño gran aventurero que fue J. Salas Subirat, autodidacta argentino que trabajó como agente de seguros y escribió un raro manual, ‘El seguro de vida’, que a modo de curiosidad Riba publicó, a comienzos de los noventa en su editorial”.
Como en varios de sus libros, la impronta de Vila-Matas queda evidenciada en los comentarios, anotaciones que realiza Riba sobre libros o escritores, en su rol de crítico. Y en esta novela no hará la excepción: “Después de todo, el mayor hallazgo de Joyce en Ulysses fue haber entendido que la vida está hecha de cosas triviales. El truco glorioso que puso Joyce en práctica fue tomar lo absolutamente mundano para darle una base heroica de alcances homéricos”. (pág. 133).
Sin embargo, no está exento de la nostalgia y quizá, de pedantería. Al personaje de Vila-Mata, en su mundo ideal, le gustaría encontrarse con taxistas que le hablen de literatura como si fueran especialistas, ironiza cuando el padre de Riba dice que su hijo se va a Irlanda con su amigo ‘Ulises’; habla del tormento que significa hoy ser editor de buena literatura y así innumerables ejemplos.
“Después, el presente fugitivo, pero de algún modo asible en forma de gran necesidad de sentirse vivo en un ahora que le está obsequiando con la alegría de sentirse por fin libre, sin la atadura criminal de la edición de ficciones, una labor que a la larga se volvió un tormento, con la competencia siniestra de los libros con aquellas historias góticas y Santos Griales y sábanas santas y toda aquella parafernalia de los editores modernos, tan analfabetos”. (pág. 165).
Y prosigue: “Comenzó a sentirse viejo y acabado y a deprimirse y a hundirse en la melancolía en un mundo en el que no cree que vuelvan a existir editores con una pasión literaria como la suya. Le parece, cada día más, que esa clase de pasiones ya han comenzado a pasar a la historia y que pronto incluso caerán en el olvido”. (pág. 169).
El hecho más curioso y quizás hasta divertido de la novela quizá sea la creación de la Orden de Finnegans, (un grupo de lectores amantes de la literatura de Joyce) que para admitir un nuevo miembro en la logia, el candidato debe cumplir inexorablemente ciertas condiciones y reglas. Puede agregarse que en la vida real, Vila-Matas se declaró Caballero de la Orden creada por él mismo junto a algunos de sus amigos fanáticos del genio irlandés.
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Fernando Torres,
Reseñas,
Vila-Matas
"James Joyce. El admirador de Ibsen"
En Dublín, el 11 de febrero de 1899, en la prestigiosa Sociedad Literaria e Histórica de Irlanda, Arthur Clery dio una conferencia titulada “El valor educativo del teatro” y se refirió especialmente a la “reconocida pérdida del valor del teatro moderno”. El dramaturgo Henrik Ibsen fue el principal blanco de las críticas de Clery, acusándolo de ser una “influencia nefasta para el teatro”.
Fue Jorge Luis Borges quien nos hizo saber que “Casa de muñecas” pudo ser comprendida en Francia sólo a partir de la inclusión de un nuevo personaje: un amante y, que para la puesta en escena en la Inglaterra victoriana, la “libertina” mujer tuvo volver a la casa que había abandonado. Vale la pena mencionar que tanto Clery como sus partidarios oyentes no habían leído nada del escritor noruego.
Pero en el auditorio había un estudiante que venía trabajando sobre Ibsen y que estuvo en desacuerdo con los argumentos del orador. En ese mismo año, mientras escribía los borradores de su tesis “Drama y vida”, ordenó por fin sus papeles y se los envió al mismísimo Clery, quien además era el auditor de la Sociedad Literaria e Histórica.
Como era de esperarse, el estudiante no obtuvo el permiso para dar la conferencia y estamos en condiciones de afirmar que este será el primer acto de censura de la carrera literaria que sufrió James Joyce.
No conforme con esto, el joven Joyce le escribió al editor del diario Fortnightly Review, preguntándole si le interesaba publicar un artículo sobre Ibsen. Al editor no le interesaba “un artículo en general” pero sí le sería útil una crítica sobre la última obra teatral de Ibsen, “Al despertar de nuestra muerte”.Teniendo este respaldo, Joyce se dirigió al Physics Theatre ofrecer leer su trabajo. De tanto insistir, consiguió el permiso y dijo cosas tales como:
“Debemos criticar como un pueblo libre, como una raza libre. Debemos lavar nuestro espíritu de toda hipocresía”. “El deber del artista no reside en hacer que su trabajo sea religioso, moral, bello o ideal sino que debe permanecer auténtico”. “Hasta la más baja de las vulgaridades, incluso el más muerto de entre los vivos puede asumir su papel dentro de un drama”[1].
Este tipo de comentarios, sobre todo en días de visita oficial a Irlanda por parte de la reina Victoria, no cayeron del todo bien. Apenas terminó la exposición, el auditorio atacó fuertemente al estudiante y éste, en lugar de retirarse del salón, les propuso a sus interlocutores un debate en el que finalmente y a fuerza de sus argumentos, se ganó la consideración de esa hostil concurrencia.
Casi un año después de la conferencia de Clery, Joyce consiguió un ejemplar de “Al despertar de nuestra muerte” y redactó el artículo que sí le publicaría el Fortnightly Review en los primeros días de enero de 1900 y que tituló con el modestísimo “Nuevo drama de Ibsen”.
El reconocimiento a Joyce no vino sólo por parte de sus sorprendidos compañeros de Universidad sino del propio Ibsen quién le escribió al traductor de su nueva obra, William Archer:
“He leído, o mejor dicho, descifrado una crítica del señor Joyce que es muy benevolente; hubiera deseado agradecérselo personalmente al autor, de haber tenido un mayor conocimiento de su idioma”.
El mensaje de Ibsen le llegó al joven Joyce mientras se hamacaba con Susan McKernan, su vecina.
Luego de meditar unos días su respuesta, Joyce le escribiría a Archer que a su vez le escribiría a Ibsen:
“Deseo darles las gracias por la amabilidad que ha demostrado al escribirme. Soy un joven irlandés de 18 años y siempre conservaré en mi corazón las palabras de Ibsen. Firma: James Joyce”.
[1] ¿Nos está anticipando a Bloom?
Roberto Juarroz, "Poesía Vertical (1975)"
Estamos aquí
como juguetes de alguien
que no sabe jugar.
Los juguetes
Deben enseñarle a jugar
a quien los hizo.
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